POV Draco
Recibí una nota de Severus, pidiéndome ir a hablar con él lo antes
posible, pero yo iba a dejar plantada a mi novia por él, así que me olvide de
esa nota y me fui a reunir con ella a la Sala de los Menesteres como era
nuestra costumbre, con ella el tiempo pasaba muy rápido, pero ese tiempo lo
disfrutábamos a lo grande demostrándonos todo el amor que sentíamos el uno por
el otro.
Luego ella me dijo que se tenía que ir a la biblioteca porque
necesitaba un libro para hacer una tarea, yo le sonreí, ella nunca iba a
cambiar, siempre tan estudiosa. Ella salió primero y luego de unos minutos salí
yo, verificando que no hubiera nadie por ahí.
Me iba a ir a mi sala común, pero me acorde de la nota de Severus, así
que me fui a su habitación.
—Tardaste en venir —escuche la típica voz aburrida de mi padrino a mis
espaldas.
—Estaba un poco ocupado, pero apenas me desocupe vine, además que es
eso tan importante que según tú me pusiste en esa nota, y que no puede esperar —dije.
—Es muy importante —afirmó.
—¿Qué es lo importante?
—pregunté con curiosidad.
—Potter —dijo.
—¿Qué pasa ahora con
San Potter? No me digas que hay una nueva profecía —dije con sarcasmo.
—No seas tonto, Draco, por supuesto que no hay una nueva profecía. Y
además no te hablaba de ese Potter, sino de la Potter que es de tu casa.
—¿Qué hay con ella? —pregunté.
—Ella oculta algo, puedo ver que tras esa mirada de superioridad hay
algo oculto —dijo.
—¿Qué puede ocultar? —pregunté, no iba a
reconocer delante de Severus que yo también sabía que ella oculta algo, eso era
algo que solo yo quería saber y nadie tenía derecho a indagar sobre la vida de
Cygnus Potter.
—No lo sé, pero no te parece raro que se apellide Potter y que no sea
pariente del otro Potter, no se parecen en nada, pero llevan el mismo apellido,
pero…
—Solo para eso me mandaste
a llamar —lo
interrumpí.
—Sí, pero como te dije no se parece en nada a Potter, pero se parece
mucho a ti, se parece a los Malfoy’s, es rubia y de ojos grises —dijo de forma seria.
—¿Qué estas tratando de
decir? Que mi padre tuvo una hija fuera del matrimonio —le grité fuera de sí,
sabía que mi padre era un cretino, pero no era de la clase de hombres que le
gustaban dejar hijos regados por ahí.
—No dije eso, tal vez podría ser alguna pariente lejana de los
Malfoy’s, pero porque se apellida Potter, eso es lo que quiero averiguar —dijo.
—Crees que soy estúpido, por supuesto que trataste de decir que podría
ser una hija de mi padre —volví
a gritarle.
—Piensa lo que se te dé
la gana —contestó.
—Me largo —le
dije, y empecé a caminar fuera de su habitación.
—Tenla vigilada, tal vez averigües cosas de ella que te puedan
interesar.
—Eres tú, el que quiere averiguar cosas de ella, porque dices que
oculta algo, no yo —le dije aun de espaldas.
—Porque si oculta algo —gritó.
—Entonces porque no se lo dices a Dumbledore, él te podría ayudar —le contesté.
—Ya le dije lo mismo que te acabo de decir a ti, pero Dumbledore
confía mucho en ella —rió—, él siempre confía en todos los que se apellidan
Potter, está loco.
Giré para mirarlo.
—Entonces tú también deberías confiar en ella, si Dumbledore lo hace
porque no lo haces tú —dije y le sonreí.
—No entiendes nada —gritó—, solo te estoy pidiendo que la vigiles, no creo que eso sea tan
difícil, ¿o sí?
—No, no es difícil, pero no pienso hacerlo —dije y salí de ahí sin
esperar su respuesta.
Maldita sea, no puede ser cierto que lo que insinuó Severus, eso de
que Cygnus podría ser mi hermana, aunque luego lo negara, eso fue lo que
insinuó.
Mi padre no sería capaz de tener una hija fuera del matrimonio, no,
no, él no sería capaz, pero si es así, juro que eso sí que nunca se lo
perdonaré. Ahora más que nunca tengo que vigilar y averiguar lo más que pueda
de Cygnus Potter, pero no porque me lo haya dicho Severus, sino porque yo ya
había decidido averiguar cosas de ella.
Estaba tan enojado que no sabía exactamente por donde caminaba, no me
fijaba en nada, solo quería que esa idea de que Cygnus fuera mi hermana
bastarda se fuera de mi cabeza.
—Qué te pasa, Zabini,
estás loco. ¡Suéltame! —escuché
una voz con firmeza.
—No te voy a soltar, muñeca, hasta que por lo menos me des un beso —dijo Blaise.
Sonreí, el estúpido de Blaise y sus conquistas, pero parecía que
estaban peleando por algo, que le habría hecho a esa chica para que diga que la
suelte, de seguro y lo descubrió con otra.
—Nunca, me das asco —gritó esa chica.
Pero esa voz se me hacía conocida, claro, esa voz es de Cygnus Potter.
—Pues peor para ti —volví a escuchar la voz de Blaise.
Fui corriendo para ver qué pasaba, y me encontré a Blaise besando a la
fuerza a Potter, ella trataba de alejarlo, pero él la tenía agarrada de las
manos y estaba acorralada entre la pared y su cuerpo, luego empezó a besarle el
cuello, parecía desesperado. Estaba tan enojado con ese tema de Potter y mi
padre, que en ese momento yo no pensaba hacer nada, total era problemas de
ellos y ellos tenían que solucionar sus diferencias, me iba a dar media vuelta
y regresar por donde vine, pero entonces vi en sus ojos grises, tan grises como
los míos, el miedo, ella empezó a llorar, gritaba y gritaba para que alguien vaya
ayudarla. La rabia que sentía antes se multiplico por cien, sentía que la
sangre me hervía, fui directo hacia el estúpido de Blaise lo cogí por un hombro
y le tiré un puñete en la cara, él cayó al suelo y le empecé a golpear por
todas partes, cuando ya me sentía agotado y sentía que había descargado toda mi
ira en él, paré de golpearlo. Miré para ver cómo se encontraba Potter, y la vi
en suelo con la mirada abajo, todavía lloraba, di un paso hacia ella, y ella
levanto la cabeza me miró durante unos minutos y luego se levantó y corrió
hacia mí y me abrazo, yo me quede estático, no la abrazaba, pero luego yo
también la abrace, ella temblaba como una hoja en invierno, y lloraba en mi
pecho, no me importo que mojara mi camisa con sus lágrimas.
—Eres un estúpido, Draco —dijo parándose del piso y agarrándose el estómago—, porque tienes que
meterte donde no te llaman.
—Tratabas de aprovecharte de Cygnus, los únicos que se aprovechan de
las mujeres son los cobardes, y eso es lo que tú eres, y mira mejor lárgate,
porque si no lo haces juro que te matare aquí mismo —saque mi varita y lo
apunte en el pecho.
—No lo harás —dijo
muy confiado y con una tonta sonrisa.
—No sabes de lo que soy capaz, por supuesto que lo haría —dije.
Me miró con odio, como si con esa mirada yo le fuera a tener miedo,
¡ja!, no me importa si me odia o no.
—Me las pagaras, Draco —me amenazo y se fue.
Potter seguía abrazada a mí, y yo no trababa de alejarla.
—Gracias por ayudarme —susurró.
—¿Ya te sientes mejor? —le
pregunté.
—Creo que sí —contestó,
pero su voz todavía se sentía como si siguiera llorando.
—Bueno, entonces debemos ir con Dumbledore para contarle lo que Blaise
trato de propasarse contigo —le dije.
—¡No! —gritó a la vez que se
separaba de mí de golpe.
—¿Por qué? —pregunté
confundido y enojado a la vez—, acaso no quieres que le den un castigo por lo que te hizo.
—Sí, pero… pero yo no quiero que nadie se entere de lo que paso, este
problema se haría muy grande y yo no quiero ¾y
esa fue su magnífica excusa.
La miré serio.
—Bien, se hará como tú quieras, total es tu problema, ¿no?, pero si la
próxima ese imbécil intenta hacerte lo mismo que ahora, tal vez yo no esté ahí
para defenderte… pero si estaré ahí para decirte ‘te lo dije’.
Ella no me contestó y dejo de mirarme.
—Vamos —le dije tomándola del
brazo.
—¿Adónde? —preguntó alarmada.
—A nuestra sala común, no pretenderás quedarte en medio del pasillo,
¿no?, a menos que hayas cambiado de opinión y quieras ir a hablar con
Dumbledore —le dije.
—No, vamos a la sala
común.
Mocosa tonta, pensé.
La seguí jalando hasta llegar a la sala común, porque al parecer
estaba bastante ofuscada. Ya en sala común la solté, ella estaba como con la
mirada perdida tal vez le haría bien descansar.
—Creo que deberías ir a descansar, te hace falta —le dije.
—Sí, creo que sí —dijo—. Otra vez gracias,
Malfoy, no sé qué hubiera pasado si tú no hubieras aparecido, eres como mi
ángel de la guarda —y antes de irse a su habitación se acercó a mí y me beso en
la mejilla.
Yo quede muy sorprendido, pero sentí una extraña felicidad por ese
beso inesperado de su parte, a la vez también sentí como si ella fuera otra
parte de mí.
POV Cygnus
Apenas estuve en mi habitación, fui directo al baño a darme una ducha,
porque todavía sentía esos besos asquerosos de Zabini por mi cuello y mi boca.
Maldito, maldito, maldito, ojala y se pudra.
Primero me lave los dientes, no sé cuántas veces y luego me metí en la
tina y con una esponja refregué mi cuello y mis brazos, hasta que sentí mi piel
arder, seguramente estaría muy rojo, me quede un rato más en la tina, cerré mis
ojos, pero lo único que se me venía a la cabeza era Zabini, ese estúpido, otra
vez empecé a llorar, si no fuera por Malfoy que llego en el momento justo, no
sé qué hubiera pasado. Si definitivamente Malfoy es mi ángel de la guarda.
Y menos mal que no insistió en que vaya a hablar con Dumbledore,
porque si lo hacía entonces todos se iban a enterar de lo que Zabini estuvo a
punto de hacerme, y entonces mi padre y mi tío tratarían de matarlo, aunque esa
idea no me desagrada, pero mis seres queridos sí que se meterían en graves
problemas, por eso no fui a hablar con Dumbledore.
Juro que mataré a Zabini con mis propias manos la próxima vez que
intente hacerme algo.
Luego de una hora salí del baño, me puse un pijama limpio y me acosté
en la cama aunque todavía era muy temprano para dormir, me acosté, quería
olvidarme de todo lo malo, pero no podía.
—Cygnus, ya te pusiste la pijama —escuché la voz de Pansy que me sacaba de mis cavilaciones.
—Sí, estoy cansada —le dije.
—Pero todavía es muy temprano, además te vine a avisar que ya es la
hora de cenar, acaso no piensas bajar a cenar.
—No tengo hambre —le contesté.
Todo lo ocurrido en la tarde me había quitado el apetito.
—Pero…
—Ve tú a cenar, no te preocupes por mí —me miró fijamente—, prometo que mañana comeré muy
bien —le
dije.
—Está bien —dijo—,
espero que eso de que no tienes hambre no sea en realidad una dieta.
—Nunca he hecho una
dieta.
—¿En serio? —preguntó.
Asentí.
—Bueno, al rato vengo —salió de la
habitación.
Tenía las muñecas adoloridas, las miré y estaba rojas y ligeramente
hinchadas, pero sentía mi muñeca izquierda desnuda, como si le faltara algo,
claro, ahora recuerdo, me faltaba mi pulsera, la que me regalaron mis hermanos
cuando cumplí 15 años, me levante al instante para buscarla, busque por mi
uniforme, en mi baúl, en el vestidor, en el baño, debajo de las dos camas,
busque hasta en el bolsillo del jean con que vine, pero nada, no aparecía,
¿Dónde podría estar? Tal vez se me habría caído en el Bosque Prohibido, o en el
pasillo donde me encontró con ese estúpido, o en la biblioteca, o por los
sillones de la sala común, en algunos de los salones, o en el gran Comedor,
¡Ay!, no sé dónde más podría haberla perdido.
Un momento cuando yo aparecí en esta época yo estaría con la pulsera
¿o no?, empecé a hacer memoria, y la respuesta es sí, sí vine con la pulsera y
cuando me padre me dejo para que hablara con Dumbledore el primer día todavía
la llevaba puesta, ¡Oh, por las barbas de Merlín!, esa pulsera es muy
importante porque me la regalaron mis hermanos y sobre todo porque esa pulsera
haría que todos descubrieran la verdad.
