sábado, 15 de abril de 2017

Potter y Malfoy

Albus Severus Potter

POV Autora
En el despacho del director, se encontraban obviamente Dumbledore, el profesor Snape —el cual tenía en el rostro una mirada de frialdad que te cala hasta los huesos— Albus Potter y Orión Malfoy, estos dos últimos estaban sentados frente a Dumbledore, mientras que Snape estaba parado a un costado del director.
—No sé porque estoy yo aquí, si Potter fue el que me ataco, y se supone que es un “prefecto” —se quejó Malfoy, y el pelinegro lo miró con furia—. Además, no sé qué estamos esperando, ya llevamos como diez minutos y no han dicho nada —habló con altanería.
—Pues por lo pronto podría mostrar un poco más respecto para con sus superiores —gruñó Snape, y el ojiverde sonrió internamente.
Orión hizo un gesto de molestia.
—Estamos esperando a sus respectivos padres señor Malfoy y señor Potter —contestó calmadamente el director.
—¿Llamaron a mis padres? —preguntó groseramente Orión.
Albus Potter se sintió un mal hijo, porque sabía que sus padres ahora estaban volcados en buscar a su hermana y él provocando problemas.
—Señor, tal vez mis padres no puedan venir —dijo Albus, hablando por primera vez—. Ya sabe, ellos están muy ocupados.
—Lo sé, señor Potter, pero el profesor Snape se encargó de mandarles una carta a sus padres para que asistan a esta reunión, así que me temo que ya es tarde para impedir que vengan —dijo Dumbledore, mirando al chico a través de sus lentes de media luna.
Albus Potter evito mirar a Snape porque sabía que si lo hacía no podría evitar que su enojo salga a la luz nuevamente.
Orión soltó una risita que trato de disfrazar con una tos.
El pelinegro apretó los puños. Pero antes de contestar al rubio, escuchó unos toques en la puerta.
—Adelante —dijo Dumbledore.
La puerta se abrió y una pareja paso a la estancia con pasos elegantes, pasos que a Albus le hizo recordar a su hermana desaparecida.
La mujer tenía los cabellos castaños oscuros, cara seria y unos ojos verdes tan fríos como los de sus hijos —ahora veo de quien lo heredaron, pensó el ojiverde—. Mientras que el hombre era alto, rubio platinado de ojos grises, piel pálida, vestía completamente de negro.
Albus apenas ver al hombre quedo petrificado.
¿Qué significa esto? Ese hombre es idéntico a mi hermana, pensaba el pelinegro, sin siquiera parpadear.
—Padre, madre —saludó Orión a sus padres, los cuales lo miraron con seriedad.
Los esposos Malfoy miraron a su hijo con seriedad, y luego miraron al chico que estaba sentado al costado de su hijo. Astoria lo miró con asco al reconocer de quien era hijo el pelinegro; y Draco lo miró con curiosidad, sobre todo al ver su túnica con la insignia de Slytherin.
—Buenos tardes, señores Malfoy —saludó el director.
—Buenos tardes —respondieron los Malfoy.
—¿De qué acusan a mi hijo? —preguntó prepotentemente Astoria.
—Yo no hice nada, madre —se defendió el rubio—. En cambio Potter, sí. Le ordeno a una serpiente atacarme, jactándose de que habla pársel.
Los Malfoy miraron a Albus, Draco con sorpresa de que un Potter actuara de esa manera, según lo que recordaba él, Harry Potter solo actuaba mal cuando se sentía amenazado él o a los suyos; y también conocía perfectamente el actuar de su primogénito, era mucho peor que él en sus primeros años de escuela. Por otro lado Astoria miraba con odio al menor de los varones Potter, y ya iba gritarle un par de cosas cuando unos toquidos en la puerta se lo impidieron.
—Adelante —volvió a decir Dumbledore.
Ahora entro en la oficina un hombre de unos 36 años cabellos negros, de ojos verdes detrás de unos anteojos redondos y con una cicatriz en forma de rayo en la frente, la mujer era pelirroja, de ojos castaños solo era un año menor que su pareja, sin duda se trataba de los esposos Potter, los cueles miraban a su hijo con interrogación. Pero nada se comparó con la expresión que pusieron al ver ahí a Draco Malfoy, junto a una mujer de rostro frío.
—Buenas tardes —saludó Harry, al ver que su esposa no reaccionaba.
Pero Ginny al escuchar la voz de Harry, negó con la cabeza y salió de su aturdimiento, y también saludo.
—Buenas tardes —saludó el director.
—¿Qué sucede? —preguntó Ginny Potter.
—Sucede que tu hijo ataco a mi hijo, Potter —respondió mordazmente Astoria.
Ginny y Harry volvieron a centrar su vista en su hijo.
—¿Hiciste eso, Albus? —preguntó Harry con sorpresa y un poco de enojo, a la vez que se acomodaba los anteojos.
—Sí —respondió Albus sintiéndose avergonzado por su actuar.
Astoria y Orión sonrieron ligeramente.
—¿Qué le hiciste? —cuestionó ahora Ginny a su hijo.
—Pues me imagino que ya sabrán que su hijo habla pársel —dijo Astoria de mal modo. La pareja Potter tuvo que asentir—. Ya tienen su respuesta entonces, su hijo le ordeno a una serpiente que atacara a mi hijo. Su hijo es un criminal —agregó la castaña.
—Astoria —advirtió Draco, arrastro el nombre al hablar.
Los Potter miraron al rubio, a la pareja con amargura y su hijo con curiosidad.
—Exijo un castigo para Potter —casi ordeno Astoria a Dumbledore, ignorando la advertencia de su esposo.
—Sí, yo también creo que merezco un castigo —dijo la réplica de Harry sorprendiendo a todos. Astoria sonrió victoriosa—. Pero con todo respeto, señora Malfoy, su hijo merece también un castigo, y uno mucho mayor que él mío, porque él provoco todo esto.
—Yo no tuve nada que ver —saltó Orión.
—Espero que eso sea cierto, Orión, porque si eres culpable de algo le pedirás disculpas a Potter —dijo Draco a su hijo sin objeción de quejarse.
Vaya, eso sí que dejo mucho más sorprendidos a los Potter. Pero Astoria taladraba con la mirada a su esposo.
—Explique los que sucedió, señor Potter —dijo Dumbledore—, porque lo que dijo el profesor Snape fue que los encontró con la varita en la mano y parecía que le había ordenado a la serpiente atacar al señor Malfoy, pero que este tenía la varita levantada hacia usted. Aunque nada es siempre lo que parece —agregó Dumbledore.
—Está bien, reconozco que le ordene a la serpiente atacar a Malfoy —ahora el que sonrió fue Orión, pero al darse cuenta de que Snape lo observaba borró su sonrisa—, más antes nos habíamos estado lanzando hechizos, hasta que Malfoy como último recurso lanzó un serpensortia —Orión frunció el ceño—, y yo lleno de irá aproveche que hablaba pársel para atacarlo.
—¿Y por qué sentía ira, señor Potter? —preguntó Snape, con un tono de astucia.
Albus Potter apretó los puños dentro de los bolsillos de su túnica. Y Orión frunció más el ceño.
—Porque… porque Malfoy ofendió a mi hermana y a mamá —contestó el pelinegro.
—¿Qué fue lo que dijiste, Orión? —preguntó Draco con enojo, sin dar oportunidad de negar la acusación del chico Potter.
—¿Estás desconfiando de tu hijo, Draco? —saltó Astoria—, ¡no puedo creerlo! ¡Es tu hijo!
—¡Por eso mismo lo digo, Astoria! —siseó el rubio mayor—. Ahora responde, Orión —le exigió a su hijo.
Me pagaras, esto, Potter, juro que me las pagaras, pensaba Orión.
—Yo solo dije que su hermana desaparecida… en realidad no estaba desaparecida sino que andaba con algún novio por ahí —la pareja Potter miró con severidad al menor de los Malfoy, ¿cómo se atrevía ese chico a hablar de su hija?, si él ni siquiera la conocía.
Harry tuvo que detener del brazo de Ginny para que esta no fuera y abofeteara al chico rubio, pero eso no quería decir que estuviera contento con las palabras del rubio menor.
—¿Cómo te atreves a burlarte de mi hija desaparecida? —le increpó Ginny, conteniendo las  lágrimas.
Orión no respondió.
Patética, pensó el rubio al ver a Ginny.
Astoria miraba a su hijo con cierto orgullo, por su crueldad. Pero Draco lo miraba con decepción, él había hecho todo lo posible para educar a su hijo de una manera distinta a la que fue educado él, pero parecía que no lo había logrado.
—Pero eso no fue todo lo que dijo, también ofendió a mi madre. Vamos, si eres realmente hombre repite lo que dijiste de ella también —lo retó Albus.
Orión miró a sus padres, a los padres de Albus, al director, a Snape, y por último miró a ojiverde, ya estaba perdido, de todas maneras recibiría un castigo, castigo del cual pagaría el chico que tenía a su costado.
—Asegure que la hermana de Potter no estaba desaparecida y que se había ido con un noviecillo por ahí, porque había salido igual que la madre, que había tenido muchos novios antes de casarse con Harry Potter —Ginny taladraba con la mirada a Orión—, así que la chica esa había salido igual de zorra que la madre.
Astoria quiso reír, pero no pudo porque vio a su hijo girar la cara por la bofetada que había recibido.
Pero esa bofetada no había sido por parte de Ginny, ni por parte de Harry, ni mucho menos de Albus. La bofetada se la había lanzado nada más y nada menos que Draco.
El rubio se había sentido indignado por las palabras de su hijo, y sobre todo por esa chica que ni siquiera conocía y que estaba desaparecida, no lo sabía explicar, pero se sentía raro cuando la mencionaban y saber que su hijo la había ofendido lo lleno de ira. Así que se acercó rápidamente a su hijo y lo abofeteo —nunca lo había hecho— y sabía que eso era lo que se merecía, tal vez si lo hubiera hecho antes su hijo no sería tan patán.
—¡Draco! —exclamó Astoria con sorpresa y enojo, antes las miradas incrédulas de los presentes.
Orión había puesto una mano en la mejilla afectada y miraba a su progenitor con rabia.
Padre me ha hecho quedar en ridículo, nunca le perdonaré esta humillación y mucho menos que haya sido delante de escorias, se decía Orión.
—Y ahora mismo le pedirás perdón a la señora por lo que dijiste de ella, y también le pedirás perdón por haber hablado mal de su hija —exigió Draco, con tono enérgico.
Pero Orión no se movió ni dijo nada, solo frunció el ceño.
¿Qué le pasa a padre? ¿Por qué actúa de esa manera? Él nunca me había golpeado y mucho menos me había exigido pedir perdón a alguien, pensaba el rubio con enojo.
—¿Qué no escuchaste lo que te dije, Orión? —siseó Draco.
—Draco —dijo Astoria enojada—, no puedes obligarlo hacer algo que no desea.
Draco miró a su esposa con la mirada más fría de la que le fue posible.
—No te metas en esto, Astoria —gruñó el rubio mayor.
Todos los presentes no podían creer la forma de actuar de Draco Malfoy, puesto que el antiguo Draco solo habría escuchado todo lo que había dicho su hijo y luego habría argumentado que su heredero había sido provocado por su otro compañero.
—Es mi hijo —argumentó Astoria.
—Y también el mío, y al cual no educamos bien, porque se ha comportado como cualquier cosa, pero menos como un hombre.
Para que un hijo actué como un verdadero hombre, primero el padre debe ser uno, pensó Harry recordando el sufrimiento de la que fue su mejor amiga por el mismo rubio que acababa de decir todo ese discurso.
—Déjalo, Malfoy —dijo Harry, con tono amargo, luego de unos minutos de que todos estuvieran en silencio en la oficina—, no puedes obligarlo a hacer algo que no siente. Con lo que escuchamos es más que suficiente.
Draco miró a su hijo con severidad.
—Él lo hará, Potter —sentenció el rubio mayor, poniendo una mano en el hombro de su hijo y apretándolo un poco.
Astoria por su parte parecía que lanzaría crucios con sus ojos a su esposo.
Me pagaras toda esta humillación, Potter, pensaba Orión.
Levantó la cabeza arrogantemente y miró a la familia Potter.
—Lamento… lamento lo que dije de usted, señora Potter —dijo mirando a Ginny con asco—, y también… lamento haberme burlado de su… hija —a medida que hablaba el rubio menor apretaba más sus puños.
—Muy bien —dijo Draco—, ahora solo falta el castigo que le impondrá, profesor Snape.
Snape volvió a colocar su rostro impasible.
—Por lo pronto será mi asistente, todas las noches después de la cena tendrá que ir a mi despacho para ayudarme a corregir los trabajos de los demás chicos de los primeros años —dijo Snape con voz rasposa.
Maldición, pensó el rubio menor.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Astoria.
—Hasta que el señor Malfoy aprenda a controlar su boca… —dijo Snape—, o hasta que yo crea conveniente —terminó con una mueca.
Snape aún no se olvidaba de la osadía del primogénito de Draco.
¿Cómo se atreve ese mocoso a querer entrar en mi mente?, pensaba Snape con amargura.
Draco asintió, y por más que Astoria quiso reclamar, una mirada de su esposo la callo.
—¿Cuál será el castigo para Albus? —preguntó Ginny, que sabía perfectamente que por más que su hijo quiso defender a su hermana y a ella, y por más que ese chico se lo mereciera, lo que había hecho estaba mal.
Dumbledore respondió en esta ocasión.
—Será el ayudante de Hagrid por el tiempo que él crea suficiente, ayudara en las clases con los chicos de los primeros cursos.
—Muy bien —dijo Harry.
Ginny y Albus asintieron.
Albus estaba tranquilo, ayudar a Hagrid no lo consideraba un castigo, es más estaba seguro que se divertiría con su muy grande amigo y eso la ayudaría a relajarse un rato de los hermanos Malfoy, sobretodo del mayor.
Mientras Orión evitaba sonreír, puesto que creía que estar con esa “bestia”, como había apodado a Hagrid, era peor que estar con el osco profesor.
No sabía lo equivocado que estaba.
Luego de varios minutos ambas pareja de esposos con sus respectivos hijos salieron de la oficina de Dumbledore. Ambas familias se encaminaron por pasillos distintos.
Albus miró hacia atrás en el mismo momento que Draco también giraba la cabeza, ambas miradas se encontraron gris con verde esmeralda. Draco lo miraba con añoranza, parecía como si él todavía fuera un estudiante de último curso, y que ese chico que lo miraba era Harry Potter y que a sus costados estarían Ron Weasley y Hermione Granger, su hermosa y adora castaña que solía sonreírle con amor y le guiñaba un ojo como dándole a entender que luego se verían en el lugar de siempre, pero negó con la cabeza y volvió a la realidad. Por otra parte Albus lo miraba con interrogación. ¿Por qué ese hombre se parecía tanto a su hermana?, se preguntaba. Aunque la pregunta correcta seria ¿por qué su hermana se parecía tanto a ese hombre?
Giró la cabeza para mirar nuevamente al frente.
A menos que Draco Malfoy sea… el verdadero padre de… Cygnus…, pensaba Albus. No puede ser, su hermana era una Malfoy, y era hermana de verdad de esos desagradables chicos.
Quería preguntarle a sus padres si sus teorías eran ciertas, pero cuando dirigió la mirada a sus padres, se dio cuenta que ambos estaban serios, así que decidió preguntar otro día.
—Iré a ver a Hagrid —dijo de pronto Harry Potter, mirando a su esposa y a su hijo.
—Eh, sí, yo tengo que hacer unos deberes —dijo Albus.
Ginny miró a los dos pelinegros de ojos verdes.
—De acuerdo, yo buscaré a Lily —dijo esta, para darle privacidad a padre e hijo, y giró por una curva para dirigirse a la sala común de Gryffindor.
—Estuvo mal lo que hiciste, Albus —dijo Harry.
—Lo sé, pero es que él hablo mal de mamá y de Cygnus y yo no lo iba a permitir —dijo Albus con el ceño levemente fruncido.
—Te entiendo, pero ordenarle a una serpiente atacar a Malfoy… ni yo lo hubiera hecho en mis épocas de escuela —Harry rió ligeramente, provocando una sonrisa a su hijo—. La próxima vez en lugar de lanzar hechizos, solo podrías usar unos de los productos de tu tío George.
Albus rió. ¿Acaso su padre le estaba dando permiso para hacer bromas? Pues si era así, lo aprovecharía.
Luego de unos minutos paro de reír.
—Papá —dijo Albus y Harry le prestó atención—, ¿saben algo de Cygnus?
Harry se puso serio.
—No —respondió—. Pero no te preocupes, Albus —dijo poniendo una mano cariñosamente en el hombro de su hijo—, así sea lo último que haga la encontraré.
Albus asintió distraídamente.
—No te preocupes, Al, todos tus tíos también están ayudando a buscarla…
—Me gustaría ayudar —dijo el chico.
—Cuidar de Lily y no meterte en más problemas ayudaría.
Albus nuevamente se sintió culpable por su actuar.
—Lo siento —murmuró.
—Ya no importa, Al. Solo no tomes muy en serio las palabras de Malfoy, recuerda que todo lo que haga será para molestarte y provocarte —aconsejó.
—De acuerdo —asintió el menor de los varones Potter.
—Bien, iré a ver a Hagrid —dijo el señor Potter dando un abrazo a su hijo como despedida.
Harry caminaba fuera del castillo, ya casi se acercaba al bosque. Sonrió cuando vio a lo lejos la cabaña de Hagrid, pero borró la sonrisa cuando vio a unos pasos a Draco Malfoy.
Parecía que lo estaba esperando.
—Potter, hace años que no nos vemos —dijo el rubio como saludo.
—Y hubiera querido que siguiera así —contestó el pelinegro.
Draco soltó una risita arrogante, como las que le dedicaba cuando ambos eran estudiantes.
—¿Qué haces aquí? —interrogó el auror.
—Te esperaba —confesó el rubio.
Harry levantó una ceja.
—Lamento las palabras de Orión —dijo Draco seriamente.
—Sí, no me hizo gracia lo que dijo de mi esposa y de mi hija —Draco se dio cuenta que Harry había recalcado la palabra “hija”, y no entendió porque lo hizo—, pero creo que ya tiene su merecido.
Draco asintió.
Pasaron varios minutos donde ninguno de los dos hombres hablaron. Harry empezaba a caminar de nuevo cuando la voz del rubio lo detuvo.
—Así que tu hijo está en Slytherin —dijo Draco al pelinegro—, sí que me lleve una gran sorpresa.
Harry giró y lo miró con incredulidad.
—No creo que me hayas esperado solo para “disculparte” y para decirme que te sorprende que mi hijo sea un Slytherin, Malfoy.
Draco suspiró.
Ese comentario solo era una excusa para preguntarle a Harry por ella.
—Tienes razón —admitió—, en realidad te quería preguntar por… ella.
Harry rió sin sentir gracia.
—¿Por “ella”? —repitió—, ¿Quién ella? ¿Acaso con “ella” te refieres a Hermione?
El rubio asintió.
—Yo no tengo porque decirte nada acerca de Hermione —dijo con seriedad—, mejor ve con tu esposa, Malfoy, de seguro que debe estar buscándote.
Harry luego de decir esto al rubio siguió con su camino.
—Potter… —dijo Draco con tono de súplica, haciendo que Harry parada, pero no volteo a mirarlo—. ¿Solo quería saber cómo está?
—Hermione está mejor sin ti —fue lo único que dijo y siguió caminando.

***

En el año 1998 – Época Pasada (Hogwarts)
Ya había pasado unos días del día que Draco planeo su malicioso plan. Y ya había llevado acabo la primera parte de su plan. Le había enviado una carta a su padre pidiéndole que venga al colegio, y aunque su padre aun no le había contestado la carta, estaba seguro que lo haría al siguiente día.
—Veamos, padre, veamos que tan bien puedes fingir teniendo a tu bastarda frente a frente… y yo de espectador —decía el rubio.
Y rió al imaginar la incomodidad de su padre y de la rubia.
—El que solo se ríe de sus maldades se acuerda, dicen el en mundo muggle —una voz detrás de él hizo que dejara de reír.
Se giró y se encontró con una castaña que le sonreía.
—Y el que ríe último, ríe mejor, ese también es un dicho muggle —dijo Draco sonriendo de lado.
La castaña levantó una ceja con curiosidad.
—Vaya, no creí que supieras sobre dichos muggles.
—Aun no sabes muchas cosas sobre mí, Hermione —dijo Draco acortado la distancia con la chica. La tomo de la cintura y junto sus labios con los de ella haciendo una danza de lo más perfecta con sus labios.
Lo bueno era que estaban dentro de la Sala de los Menesteres, su lugar predilecto para amarse sin reservas.
—Me dirás de que reías —dijo Hermione al rubio cuando dejaron de besarse.
—No es importante —alegó Draco y beso nuevamente a la chica sin darle oportunidad a hablar—. Además, debes recompensarme, porque llegas tarde a nuestra cita.
—Lo siento, pero me fue muy difícil zafarme de Harry y de Ron.
—Deberíamos hacerlo público para dejar de escondernos, pero debo reconocer que tener una relación secreta lo hace excitante —susurró Draco en el oído de la castaña.
Hermione soltó unas risitas, que se convirtió en un gemido cuando el rubio beso su cuello y le empezó a acariciar su muslo.

***

Y mientras los amantes dejaban volar su pasión en la Sala de los Menesteres, una rubia de ojos grises caminaba sonriente por los lindes del bosque, cuando un perro negro se acercó a ella.
Fan —la rubia se agacho a hacerle cariño al perro, y aunque el animal no la conocía se dejó acariciar por la rubia porque no percibió maldad en ella—. ¿Cómo estas, Fan? Veo que mucho más joven que en mi época —dijo con una tonta voz de niña.
El perro movía la cola feliz de la atención recibida a la vez que le llenaba de baba las puntas de la túnica de la chica.
Un semi gigante veía la escena con curiosidad. Primero, porque esa chica era de Slytherin; segundo, porque desde el primer momento que la vio se le hizo muy parecida a Draco Malfoy; y tercero, porque su apellido era Potter.
Dando cinco pasos quedo a un metro de distancia de la rubia.
Cygnus levantó la mirada al escuchar los pasos, y ella reconocía perfectamente esos pasos. Se trataba de su buen amigo Hagrid. Así que sin pensarlo se levantó y prácticamente corrió el metro de distancia que lo separa de Hagrid, y lo abrazo.
—Hagrid —dijo con voz tierna y alegre—, ¿cómo has estado? ¿Cómo ha estado Grawp? —preguntó.
Hagrid sorprendido, solo atino a poner su enorme mano en la espalda de la rubia.
—¿Bien? —respondió Hagrid, pero más sonó como una pregunta, cosa que hizo a Cygnus alejarse de su amigo. Puesto que en otra ocasión Hagrid la habría abrazado y le hubiera preguntado qué nueva broma estaba planeando, pero ahora los ojos negros del semi gigante la miraban con interrogación.
La rubia se separó de Hagrid, y mordió su labio superior con nerviosismo. Gesto que a Hagrid le hizo recordar a cierta castaña, amiga suya.
—¿Cómo sabes de Grawp? —preguntó Hagrid con el ceño ligeramente fruncido.
—Ah…, pues… Harry me hablo de ti y de tu hermano… y bueno… yo quise venir a conocerlo, claro que ya te conocía a ti, siempre te veo a la hora de las comidas —respondió Cygnus, pero haciendo pausas.
La rubia rogo para que Hagrid le creyera.
Hagrid sonrió.
—¿Harry te hablo de mí y de mi hermano? —preguntó.
—Sí —dijo Cygnus, asintiendo con la cabeza—, me dijo que te gustaba mucho los animales y me conto que hasta una vez tenías un dragón de mascota y también me conto que en su quinto curso Ron, Hermione y él conocieron a tu hermano.
—Sí —dijo Hagrid, sonriendo—, ¿quieres conocerlo? —le preguntó.
—Me encantaría —respondió la rubia. Ella no le temía a Grawp, aun recordaba que su época ella lo conoció cuando iba su primer curso, y la primera vez que Grawp la vio no la lastimo y en realidad nunca lo hecho. Es más Grawp solía llamarla “bonita”—, pero ahora no puedo tengo que ir a clases, pero mañana si, lo prometo. ¿Puedo ir a buscarte a tu cabaña? —preguntó.
—Claro —respondió Hagrid, parecía muy feliz de que le hicieran compañía a su hermano—. ¿Sabes una cosa? —preguntó y la chica lo miró—, para ser una Slytherin eres muy amable.
Cygnus rió con ganas.
—No eres el primero que me lo dice, algunos Gryffindor ya me lo han dicho antes.
Hagrid pareció avergonzado.
—No te preocupes, no me molesta —le aclaró—, por cierto mi nombre es Cygnus…
—Potter, sí lo sé —dijo el semi gigante—, y yo soy Hagrid, pero creo que eso ya lo sabes.
La rubia volvió a reír.
—Bien, Hagrid, debo irme o sino el profesor Flitwick me regañara y me bajara puntos. Nos vemos mañana —se despidió con la mano.
—Adiós, Cygnus —el semi gigante también se despidió con la mano.
Cygnus suspiró con alivio, casi comete un error.
Siguió su camino hasta llegar por unos de los pasillos, donde se encontró con su padre.
—Hola, papá —lo saludó dándole un beso en la mejilla.
Harry le sonrió.
—Hola, ¿dónde estabas? —le preguntó.
—Estaba con Hagrid y con Fang, ambos están mucho más jóvenes —comentó la chica, Harry volvió a sonreír—. Aunque casi cometo un error.
—¿Por qué? ¿Qué hiciste? —preguntó el ojiverde.
—Se me olvido que estaba en el pasado —la rubia señaló toda la estancia—, y lo trate con mucha confianza a Hagrid y hasta le pregunté por Grawp.
Harry se acomodó los lentes.
—¿Y cómo saliste de ese error? —le preguntó con curiosidad.
La rubia sonrió.
—Le dije que tú me habías contado sobre él y sobre su hermano, hasta le hable sobre el dragón que tenía, y eso pareció convencerlo.
—Corriste con suerte esta vez —dijo Harry—. Tienes que tener más cuidado.
—Sí, ya lo sé y lo siento —dijo avergonzada.
Harry le acarició paternalmente la mejilla sonrojada y ella sonrió quedamente, y en un impulso por parte de ella, de un leve salto lo abrazo, pero Harry perdió el equilibrio y cayó al suelo con la rubia sobre él.
Ambos se miraron a los ojos, para luego soltar carcajadas.
Pero ninguno de los dos se dio cuenta de las miradas curiosas de las hermanas Patil, que justamente pasaban por el pasillo del al frente y miraban la escena con sorpresa.
—¿Ese es Harry Potter? —preguntó Padma y su melliza asintió—. ¿Y se estaba abrazando con esa chica de Slytherin?
—Sí —respondió Parvati.
—¿Y crees que le esté siendo infiel a Ginny por estar con esa? —preguntó Padma.
—No lo creo de parte de Harry, pero de las serpientes se espera de todo, hasta de engatusar a Harry para que rompa su relación con la pobre de Ginny —contestó su melliza.
—Pobre Ginny. ¿Ella lo sabrá? —volvió a preguntar Padma.
—No lo creó.


martes, 11 de abril de 2017

La Carta


POV Autora
En el año 2016 – Época actual (En el tren)
El recorrido hacía Hogwarts fue muy largo para los hermanos Potter y los Weasley, y sobre todo sabiendo que los hermanos Malfoy serían los nuevos estudiantes, lo cual solo tenía un solo significado: Problemas.
—¿Creen que los Malfoy queden en Gryffindor? —preguntó Roxanne a sus primos cuando se dirigían a los carruajes—. Creo que no lo soportaría.
Todos hicieron una mueca de molestia, menos Rose —que era una Ravenclaw, como lo había sido su madre en su tiempo escolar— Por otra parte Albus se encontraba muy serio desde su discusión con el mayor de los Malfoy.
—No se preocupen —dijo la réplica de Harry—, que esos Malfoy no estarán ni en Gryffindor —su hermana y sus primos que pertenecían a esa casa suspiraron aliviados—, ni en Ravenclaw —Rose también suspiro—, y mucho menos a Hufflepuff, desgraciadamente ellos quedaran en Slytherin, o sea que el que se los tendrá que soportar de día y noche seré yo.
—Oh, lo siento, Al —le dijo Lily con preocupación a su hermano tomándolo de la mano.
Albus suspiró.
—No te preocupes, Lily, no voy a permitir que esos me vuelvan a sacar de mis casillas —la calmo Albus, pero en el fondo el pelinegro sabía que si los Malfoy seguían con sus aptitudes arrogantes no los soportaría por mucho tiempo.
Ya en el castillo todos estaban sentados en sus respectivas mesas, solo los alumnos de primero y los Malfoy —los cueles miraban todo como si fuera muy poca cosa para ellos— esperaban ser seleccionados.
Y como siempre Albus notaba el nerviosismo y la ansiedad en los chicos de primero, solo a los Malfoy conservaban la serenidad como si ya supieran a que casa los iba a mandar el sombrero seleccionador, eso le molesto mucho al menor de los varones Potter, podía detectar la arrogancia en esos hermanos.
El sombrero seleccionador empezó a cantar como siempre hacia a comienzos de cursos. Pero no muchos le prestaban atención, solo los chicos que entrarían a primero.
—¿Estás bien, Albus? —le preguntó Logan Leduc, con su acento francés. Logan había llegado a Londres hace dos años y había sido seleccionado para la casa de las serpientes, y apenas se sentó a la mesa, hizo amistad primero con Albus y luego con la hermana de este, Cygnus. Él era muy amable, pero cuando se enojaba era mejor salir huyendo.
—Sí, estoy bien —respondió Albus, sin mirar a su amigo. En realidad Albus se sentía incompleto, estar en la mesa de Slytherin y no tener a una rubia sentada junto a él susurrándole cosas o haciendo apuestas sobre cuantos chicos serían las próximas serpientes o planeando quien sería su próxima víctima de sus bromas lo hacían sentir en verdad incompleto.
—Lo siento —se disculpó Logan, y Albus giró su cabeza para mirarlo con curiosidad—, creo que fui inoportuno, seguro tú y toda tu familia la debe estar pasando muy mal por la desaparición de tu hermana Cygnus —Albus seguía sin decir ni una sola palabra, así que Logan continuó—, quiero que sepas que si tu familia necesita ayuda, mi familia y yo estamos dispuestos ayudarlos en lo que necesiten.
Albus sonrió quedamente.
—Gracias, Logan —agradeció el pelinegro, iba a agregar algo más, pero la voz de la profesora McGonagall llamando a un chico de primero lo distrajo.
Ambos chicos no volvieron a hablar, y prestaron atención a la selección, o por lo menos eso hacían los demás, menos Albus y Lily que eran los más afectados.
Los minutos pasaban y la fila de los de primero disminuía, y los Potter y los Weasley tenían en la cabeza a una rubia de ojos grises —que llevaba semanas desaparecida— y los Gryffindor y una Ravenclaw no podían dejar de ver la mesa de las serpientes creyendo que en cualquier momento la chica apareciera riendo.
“No permitiremos que esos Malfoy vengan a acabar con la tranquilidad de Hogwarts, Albi”, me hubiera dicho Cygnus antes de mirar a esos hermanos de pies a cabeza, pensaba Albus.
—Malfoy, Orión —llamó McGonagall. Este apellido llamo mucho la atención de Neville Longbottom, puesto que no se sabía nada de un Malfoy desde hace años, pero no solo él se sorprendió también un profesor vestido completamente de negro lo miró fijamente, cada movimiento del chico era seguido por este profesor.
El chico camino hacia la profesora con pasos elegantes, se sentó en el banquito y se puso el sombrero, el cual solo rosarle la cabeza grito: Slytherin.
La mesa de las serpientes aplaudió a su nuevo integrante, claro menos Albus.
Albus sintió un retorcijón en el estómago, al escuchar que Malfoy ya era oficialmente el nuevo integrante de su casa. Frunció el ceño al verlo caminar con pasos elegantes, y pose arrogante hacia su mesa.
—Parece que Malfoy no te cae nada bien —le susurró Logan al pelinegro.
—Acertaste, no me cae nada bien. Tuve una discusión con él en el tren —contó Potter.
Orión Malfoy sonrió con suficiencia al ver ahí a Albus, luego giró la cabeza y se sentó en una esquina, donde podía perfectamente hacer muecas a Potter.
—Malfoy, Cassiopeia —llamó la profesora y la chica castaña camino hacia ella con arrogancia, se sentó en el banquito y al momento de ponerse el sombreo, este hizo lo mismo que con su hermano, lo mando a la casa de Slytherin.
La mesa de las serpientes nuevamente aplaudió, y otra vez Albus no celebró con los demás.
Cassiopeia caminó hacía su hermano y antes de sentarse junto a él, fulminó con la mirada a Albus.
Dumbledore se levantó de su asiento, miró con felicidad a todos los estudiantes y empezó a hablar:
—¡Bienvenidos a este nuevo año en Hogwarts! ¡Bienvenidos a los nuevos alumnos y a los no tan nuevos! —algunos soltaron unas risitas por lo dicho por el director, mientras que los hermanos Malfoy miraban al director con fastidio—. Ahora sí que comience el banquete —anunció y las mesas se empezaron a llenar de deliciosas comidas.
El banquete de bienvenida duro una eternidad para Albus, que no soportaba estar más en esa mesa, más bien no soportaba ver a los Malfoy ahí.
Clama, Albus, se repetía constantemente para no hacer algo indebido.
Por fin el banquete dio por terminado, y el director como siempre dio sus indicaciones, de no entrar al Bosque Prohibido, porque el mismo nombre lo decía estaba prohibido.
Todos los prefectos de las cuatro casas se levantaron para indicar a los de primero sus respectivas salas comunes —Albus y Cygnus eran los prefectos de Slytherin—, pero antes de que Albus diera la vuelta, miró a su hermana, esta le sonrió y le dedico una mirara que claramente le decía: “Ten paciencia por favor, hermano”, Albus asintió.
—Los de primero por favor, síganme —dijo Albus amablemente a los niños, ý miró a los Malfoy como diciendo “si quieren saber dónde dormir pues entonces muevan sus traseros”.
Todos los niños de primero y los Malfoy —a regañadientes— siguieron al pelinegro, bajaron hacia las mazmorras, cuando llegaron a la entrada Albus dijo al contraseña.
—Sangre pura.
Orión soltó una risita y su hermana lo siguió, el pelinegro giró y lo miró.
—¿Qué les causa tanta risa? —gruñó.
Orión dejo de reír.
—Pues yo veo que algunos —lo miró—, no tienen la sangre tan pura —Cassiopeia volvió a reír también mirándolo.
Albus metió la mano a su túnica dispuesto a sacar su varita y lanzarle un hechizo, pero ahora fue Logan quien se lo impidió.
—No lo hagas, Albus —le dijo Logan poniéndole una mano en el hombro, el pelinegro miró con frialdad al rubio y a su hermana, para luego entrar a la sala común.
Los demás lo siguieron. Los chicos de primero al entrar se quedaron impresionados por la decoración tan ostentosa de su sala común, aunque estos lujos no parecía sorprender a los Malfoy, quienes miraban todo con indiferencia.
—Las habitaciones están en la segunda planta, a la derecha están las habitaciones de la chicas y a la izquierda de los chicos —indicaba Albus—, ahora todos a sus habitaciones, puesto que mañana es su primer día de clases —dijo a los de primero.
Los niños obedecieron a su prefecto y subieron a sus habitaciones. Mientras que Orión miró a Potter de pies a cabeza para luego subir a su habitación, lo mismo hizo su hermana.
—Tengo que tener paciencia —murmuraba Potter.
—Vamos, Albus, necesitas dormir un poco, ya mañana será un mejor día —le dijo Logan, ambos compartían habitación. Pero Albus no se movió—, anímate, puede que no solo mañana sea un buen día, sino que tal vez haya buenas noticas respecto a tu hermana.
Albus le sonrió a su amigo.
—De acuerdo —dijo, para luego dirigirse a su habitación.
Por otro lado, en las habitaciones de las chicas, la pequeña Malfoy miraba todo con desdén —demás está decir que ella había heredado el horrible carácter de su madre— abrió la puerta de su habitación y se horrorizo cuando descubrió que tenía que compartir habitación.
—¡No!¡Esto es imposible! —hizo una pataleta.
—¿Qué sucede? —le preguntó su compañera de habitación.
La castaña miró a su compañera como si quisiera arrancarle los ojos, la chica retrocedió un paso.
—¿Qué sucede? —repitió con frialdad—, ¿acaso no te das cuenta? —señaló la estancia—, ¡Yo! La única Malfoy después de más de diez generaciones, tengo que compartir habitación ¡Exijo tener mi propia habitación! —siseó.
La otra chica, de cabellos negros miró a la castaña enojada —Neferet, la pelinegra, se enojó por la actitud de Malfoy—, y sacando su carácter Slytherin la confronto.
—Todas compartimos habitación, solo… —iba a decirle que la única que tenía habitación propia era Cygnus Potter, puesto que ella había sido elegida la princesa de Slytherin desde su selección, pero decidió callar, porque pensó que sería mucho mejor ver a la castaña descubrir por sus propios medios esa tan preciada habitación que ella exigía no la iba a poder usar aunque la rubia no estuviera. La pelinegra sonrió al ver el rostro completamente enojado de su compañera—, y no es a mí a quien tienes que reclamar, porque no vas con el director y le exiges una habitación privada —dijo mordazmente la pelinegra.
Cassiopeia Malfoy la miró de pies a cabeza.
—Eso es lo que voy a hacer, pero mañana —dijo caminado hacia su baúl.
Neferet sonrió cuando la castaña se metió al baño a ponerse la pijama.
—No creo que el director pueda hacer algo por ti, Malfoy —susurró la chica.

Al siguiente día, el primer día de clases, todos se levantaron temprano, se sentaron en sus respectivas mesas y desayunaron. Ya cinco minutos para las ocho, Lily y Hugo —que estaban cursando su quito curso— se dirigían a su primera clase del día, Transformaciones con la profesora McGonagall. Mientras Roxanne —hija menor de George y Angelina Weasley— las gemelas Molly y Lucy —hijas de Percy y Audrey Weasley— y Louis —último hijo de Bill y Fleur— se dirigían a su clase de DCAO —las cuatro chicos cursaban su sexto curso—, mientras que Dominique —segunda hija de Bill y Fleur— iba directo a su clase de Encantamientos con el profesor con el profesor Flitwick —ella cursaba su séptimo y último año—. Por otro lado Albus junto a Logan se dirigían hacia la clase de Pociones con el profesor Snape. Albus compartía clase de pociones con su prima Rose —que también cursaba su último curso—, apenas la rubia-pelirroja entro al aula y vio a su primo le sonrió y este le devolvió la sonrisa, luego Rose vio junto a su primo a Logan y lo saludo ligeramente con la mano, este también la saludo.
—Tu prima es hermosa, Albus —dijo Logan viendo a la rubia-pelirroja.
Albus miró a su amigo y sonrió.
Pasaron dos minutos y un hombre vestido completamente de negro entro al aula ondeando su capa al caminar, tenía el rostro serio, como siempre. Miró a todos sus alumnos, pero se detuvo en un rubio de Slytherin, lo miraba como si quisiera traspasarle el alma, y este rubio se dio cuenta de la mirada del serio y osco profesor, lo que hizo descoloco al profesor. Orión Malfoy uso Legeremancia con Snape, pero este rápidamente impidió la intromisión del rubio en su cabeza y lo miró con seriedad, a lo que Orión le sonrió con descaro.
Las dos horas que duró la clase de Snape fueron tensas. El profesor explico la poción que prepararían, ordeno que abrieran el libro en la página correcta y luego se sentó en su escritorio observando a todos.
Ya casi para terminar la clase Snape paso mesa por mesa revisando las pociones, pero cuando llego a la mesa donde se encontraba Malfoy se dio cuenta que su poción está perfectamente bien preparada.
A todos a quien revisaba la poción murmuraba sus típicas palabras: “desastroso”, “terrible”, “mal”, “a esto llamas poción”, “pasable” —está siempre era la palabra con que definía la poción de Rose, “pasable”— porque cuando revisaba las pociones de Albus o Cygnus su frase favorita era: “aceptable, pero eso no significa que esté bien”.
—Bien —susurró con enojo Snape sin mirarlo, a lo que el rubio sonrió con arrogancia.
—Por supuesto que está bien, teniéndolo a usted como profesor entonces todo tendría que salir bien —dijo Orión arrastrando las palabras al hablar—, mi padre ya me había dicho lo buen profesor que usted era —lo aduló.
Pero Snape pasó de largo aun sin mirar al rubio, esto no solo sorprendió a Albus, Logan y Rose, sino a todos. Snape nunca se quedaba callado al escuchar que lo adulaban, o por lo menos eso hacía con Fred II cuando lo adulaba para tratar de escapar de un castigo, el profesor de pociones lo miraba y le contestaba sarcásticamente para luego darle un buen castigo. Y eso de no mirar a Malfoy era mucho más raro, porque ni siquiera a James II dejaba de mirarlo —con frialdad, pero lo miraba— cuando hacia una de sus típicas bromas.
Esta actitud del profesor no le gustó nada a Orión, puesto que él suponía que Snape le aumentaría puntos a Slytherin por su buena preparación de la poción y más puntos le subiría cuando lo adulara —eso era lo que le contaba su padre— pero paso todo lo contrario.
Luego de que salieran de clases de pociones, Albus estaba de mejor humor, ver la cara de enojo de Malfoy porque Snape lo ignoro fue realmente maravilloso para Potter.
Las clases de la mañana terminaron y todos fueron a almorzar.
Albus seguía de buen humor, pero Orión aún estaba con un humor de perros cuando se sentó en la mesa y su hermana no estaba de mejor humor que su rubio hermano.
—¿A ti que te pasa? —le preguntó Orión a su hermana, que no dejaba de mirar la mesa de los profesores.
—Ellos —siseó Cassiopeia.
—¿Quién ellos? —preguntó el rubio mirando el mismo lugar que su hermana, pero para su mala suerte se chocó con los negros ojos de Snape.
—El profesor Longbottom, es un estúpido, pretendía que desenterrara unos asquerosos tubérculos color marrón, claro que me negué y me salí de la clase sin importar que me restara puntos, lo último que escuche de ese profesor fue que estaría castigada. Y ese semi gigante que se hace llamar profesor es peor que Longbottom, quería que cuidemos de unos bichos que botaban fuego, que no se suponía que Hogwarts era el mejor colegio, y yo lo único que veo es que está lleno de escorias —se siguió quejando la castaña, su hermano solo asentí con el ceño fruncido—. Y no te he dicho lo peor —Orión la miró—, tengo que compartir habitación con una niña idiota, como pueden hacer que compartamos habitación.
—Yo también tengo que compartir habitación con un tal Hunter, pero simplemente me dedique a ignorarlo.
—Y lo dices tan tranquilo —le recriminó Cassiopeia.
—Todos comparten habitación, Cassie —dijo con simpleza—, lo único que puedes hacer es ignorar a tu compañera.
La niña frunció el ceño, pero ya no dijo nada más. No le importaba lo que dijera su hermano, ella hablaría con Dumbledore y le exigiría una habitación para ella sola.
Y así lo hizo, luego del almuerzo la pequeña Malfoy encontró al viejo director caminar tranquilamente por uno de los pasillos. Cassiepeia lo alcanzo y le dijo que tenía que hablar con él. Claro que todo eso lo dijo de mala manera, pero el director asintió y la dirigió a su oficina.
Ya dentro de la oficina de Dumbledore, Cassiopeia miraba todo a su alrededor con sorpresa —los objetos raros de Dumbledore le llamaban la atención— pero lo escondía tras una máscara de frialdad. Cuando el director la invito a tomar asiento, la chica comenzó a hablar, no, a hablar no, prácticamente le exigió una habitación propia para ella y para su hermano, le dijo que ellos siendo unos Malfoy, era lo menos que se merecían. Dumbledore la miró a través de sus anteojos de medialuna y le dijo que no era posible cumplir su petición, que todos compartían habitación, y que debería estar conforme porque los Slytherin solo comparten habitación con una persona, no como las otras casas que eran cinco por habitación. Esto horrorizo a la castaña, y no pudiendo hacer nada al respecto en ese asunto, entonces se dedicó a quejarse de los profesores, diciendo que eran unos ineptos, incompetentes y todavía se dio el lujo de aconsejar a Dumbledore, le dijo que si ella fuera él, lo mejor que podía hacer era despedir a todos los profesores y contratar a otros mucho más jóvenes que tuvieran ganas de trabajar.
Dumbledore se quedó anonadado ante tal atrevimiento. A lo que contestó que él tenía al mejor personal dentro de Hogwarts y que confiaba plenamente en ellos y en su trabajo, y luego de eso la invito a retirarse porque tenía muchas cosas que hacer.
Cassiopeia le dedico una mirada de frialdad antes de salir de la oficina del director tirando la puerta. Dumbledore solo negó con la cabeza.

Pasaron dos días desde la conversación de Dumbledore con Cassiopeia, y la castaña aun no descubría la habitación vacía de Cygnus.
Pero no faltaría mucho.
El día miércoles en la tarde Cassiopeia Malfoy empezó a curiosear toda la planta de las habitaciones de las chicas, hasta que llego a una que estaba al fondo, se acercó y pudo leer un nombre en la puerta “Cygnus Potter”.
—Potter —susurró y frunció el ceño, el único Potter que estaba en su casa era un varón y esa habitación estaba en el área de las chicas—, es confuso —musitó, porque sabía que el “prefecto” tenía una hermana, pero esta estaba en Gryffindor. Y suponiendo de qué se trataba de otra hermana de Potter, porque nunca la había visto, era cierto que llevaba en Hogwarts solo unos días, pero aun así ella ya se conocía a todas las chicas de Slytherin, y ninguna respondía al nombre que estaba grabado en la puerta.
No aguanto más su curiosidad y abrió la puerta de la habitación y entro, lo que vio la enfureció. La habitación estaba completamente vacía, nadie dormía ahí. Esa era la habitación que tanto había exigido y se la habían negado.
—Maldito viejo —dijo refiriéndose a Dumbledore.
Salió de la habitación para entrar a la que compartía con la pelinegra, estaba dispuesta a encarar primero a su compañera por haberle mentido, pero no la encontró, así que lo pensó mejor y decidió bajar para preguntarle directamente a Potter sobre esa tal “Cygnus Potter”.
Al momento de bajar a la sala común, le preguntó a un chico de quinto si no había visto a Potter y este le contestó que estaba con Logan Leduc haciendo la tarea de Transformaciones en la biblioteca. Cassiopeia se sentó irritada en el sofá que estaba frente a la chimenea a esperar a Albus.
A los minutos entro a la sala común Neferet Britt —la chica pelinegra con quien Cassiopeia compartía habitación— y muy sonriente se sentó junto a su compañera.
—Hola, Malfoy —saludó Britt.
Cassiopeia no le respondió el saludo, sino que le hizo una pregunta.
—¿Quién es Cygnus Potter?
Neferet parpadeó varias veces y luego respondió.
—Es la hermana de Albus. ¿Por qué?
Cassiopeia frunció el ceño.
—La hermana de Potter, por favor, su única hermana es esa tonta pelirroja que está en Gryffindor, y la habitación que yo descubrí pertenece aquí, a Slytherin —dijo fríamente.
Neferet sonrió, ya había llegado el momento de que Malfoy hiciera una rabieta.
—Lily no es la única hermana de Albus —respondió la pelinegra mirando sus uñas.
—¿Ah, sí? —dijo Cassiopeia con burla—, pues yo no he visto a la “supuesta” otra hermana de Potter por ningún lado.
Neferet no contestó inmediatamente porque sabía que no podía estar contando los problemas familiares de sus compañeros de casa.
—Es que esa tal Cygnus Potter está desaparecida, hermanita —contestó Orión con una sonrisita petulante, él estaba detrás de ellas y había escuchado la última parte de la conversación de su hermana.
—¡Oye! No es gracioso que una persona haya desaparecido —le reclamó Neferet al rubio al verlo sonreír.
Orión la ignoró olímpicamente.
—¿Cómo te enteraste de eso? —le preguntó su hermana, quién también ignoró a la pelinegra.
—Pues hace como una hora estaba en la biblioteca y de casualidad escuche a Potter y a Leduc hablar de ello —respondió.
—¿Sabes hace cuanto lleva desaparecida? Tal vez ya no regrese y yo me pueda quedar con esa habitación —dijo la castaña.
—Según dijeron lleva como cuatro semanas desaparecida y seguramente ya no aparezca —el rubio camino y sentó en un sofá cerca a su hermana.
—Como pueden hablar así de una pobre chica, no saben lo que puede estar pasando, lo que puede estar sufriendo por no estar con su familia —dijo completamente impactada Neferet—, y sobre todo tú —señaló a Cassiopeia—, no querrás que aparezca solo por quedarte con una maldita habitación y…
—¡Ya cállate, Britt! —gritó Cassiopeia.
La chica se calló, pero luego volvió a hablar.
—Deberían pensar en el sufrimiento de los demás, no te das cuenta que podría ser tu hermana la desaparecida —le recriminó a Orión quien nuevamente sonreía.
Y al momento de escuchar lo que dijo la pelinegra, ambos hermanos soltaron a reírse.
—¿Sabes lo que pienso? —dijo el rubio, y Neferet lo miró—, que esa chica, la hermana de Potter, no está desaparecida, sino que debe estar pasándola de lo lindo con algún noviecillo por ahí —rió—, sí, eso debe ser, porque según mi madre la esposa de Harry Potter antes de estar con él tuvo muchos novios, y la hija salió igual de zorra que la madre —rió más fuerte, sus risas fueron acompañadas con las risas de su hermana.
—¡REPITE ESO, MALFOY! —se escuchó el gritó de Albus y los hermanos dejaron de reír—, ¡ATRÉVETE A REPETIRLO! ¡VAMOS! —siguió gritando Albus Potter, apuntando con su varita al rubio.
Orión se levantó del sofá, caminó hacia Albus y también lo apunto con su varita.
—¿Qué pasa, Potter? —preguntó Malfoy con una sonrisa arrogante—, si todo lo que dije es verdad, tu hermana debe ser igual de zorra que tu mad…
—¡Expelliarmus! —gritó Albus.
—¡Protego! —dijo Orión evitando el ataque.
—¡Expulso! —gritó Albus y esta vez Orión no pudo protegerse y cayó fuertemente contra el suelo, el pelinegro rió—, vamos, Malfoy no me digas que eres tan débil y estúpido.
Varios chicos y chicas aparecieron cuando notaron la pelea del prefecto Potter y el chico nuevo.
El rubio cogió su varita que había caído a un costado y se levantó adolorido.
—¡Locomotor Mortis! —le lanzó Orión, pero Albus lo evito con un “Protego”—. ¡Serpensortia! —gritó el rubio y una serpiente cayó de la varita y se fue directo al pelinegro.
Albus miró al rubio y luego a la serpiente, y se rió.
—Error, Malfoy, has cometido un gran error —dijo calmadamente Albus.
—No lo creo —respondió Orión—. Podría indicarle a la serpiente que te atacase.
Albus volvió a reír, y miró a la serpiente directamente a los ojos.
—«¡Hola!, no me atacaras, ¿cierto?» —los hermanos Malfoy y los alumnos de primero vieron sorprendidos la escena, y no solo por el siseo de Albus, sino porque la serpiente de lo dispuesta que estaba a atacarlo, se detuvo y miraba al pelinegro con fijeza—, «¡A él!» —siseó Albus en arranque de ira por lo dicho anteriormente por el rubio.
Y justo cuando la serpiente se giró hacia Orión dispuesto a atacarlo, el profesor Snape apareció en la sala común con un chico de segundo curso tras él —el cual parecía haberlo ido a buscar para que diera por terminada la pelea—. Vio a la serpiente, a Orión todavía con la varita levantada y a Albus con una sonrisa en el rostro. Snape hizo un movimiento de varita y la serpiente desapareció en un humo negro.
—¿Qué sucedió? —preguntó Snape de muy mal talante.
Nadie contesto.
—Pregunté, ¿qué sucedió? —repitió.
—Potter habla pársel —acusó Cassiopeia—, y ordeno a  la serpiente que atacara a mi hermano.
Snape miró a Albus con seriedad.

***

En la casa Potter
James Sirius salió de la chimenea sacudiéndose los restos de hollín de su túnica. De inmediato se fue al despacho de su padre y empezó a revolver todo.
—¿Harry? ¿James? —preguntó Ginny al escuchar ruidos en el despacho.
—Soy yo, mamá —contestó James Sirius a su madre.
Ginny entró al despacho y vio a su hijo buscar algo con urgencia.
—¿Qué buscas? —le preguntó.
—Unos documentos, es sobre el caso de ese mortífago Zabini, ¿creo?, papá piensa que podría saber algo de Cygnus…
—¿Estás diciendo que tu hermana pudo ser secuestrada por ese mortífago? —preguntó Ginny con temor, pero no por ella sino por su hija.
—No lo sabemos, mamá, pero podría ser —contestó James sin levantar la vista de los documentos.
—No creo que estén ahí, vi tu padre revisando esos documentos hace dos noches, seguramente lo dejo en la habitación, voy por ellos…
—No, mamá, yo voy —dijo el pelinegro.
Y sin darle tiempo a contestar a su madre, subió con rapidez a la habitación de sus padres y se puso a buscar dicho documentos, pero en ese momento de estar revolvió muchos pergaminos se cayó una carta, la cual parecía muy maltratada, como si la hubieran releído muchas veces y luego la hayan estrujado.
Esto lo sorprendió demasiado. Miró hacia la puerta para asegurarse de que su madre no lo viera.
Sabía que esa carta no le debía de importar porque lo que estaba buscado era los documentos que le encargo su padre, pero su curiosidad pudo más y desdobló el pergamino dispuesto a leerlo.

Querida Hermione
Espero que estés bien. Lamento todo el sufrimiento que te estoy causando, y también lamento la forma en que te enteraste, pero tenía que ser sincero contigo, no te merecías estar más tiempo engañada. No sabes cómo me arrepiento de ese maldito desliz que tuve, y ni si quiera esa mujer te llega a los talones. Pero ahora tengo que cumplir como hombre con ella.
Sé que soy un cobarde por no haber podido decir “No” cuando era necesario, y cometí el error que cometemos todos los hombres por estúpidos.
No te haces una idea de las ganas que tengo de estar a tu lado, de poder ver tus hermosos ojos miel, de volver a besar tus labios, de poder sentir el olor a vainilla que desprendía tu piel, de poder sentir tu piel con la mía nuevamente, pero sé que eso ya no es posible. Lo eche todo a perder, fui un reverendo estúpido.
Perdóname, eso es lo único que te pido, perdón, puesto que ya no puedo pedirte más nada, tú me lo diste todo, llenaste mi triste existencia en amor y felicidad, y yo no lo supe aprovechar.
Te amo, y este pergamino no es lo suficientemente ancho y largo para decirte que te amo, te amo de todas las formas posibles, y porque te amo quiero que encuentres a alguien digno de ti, alguien mucho mejor que yo.
Te deseo suerte y toda la felicidad del mundo mi amada Hermione. Y para que esa felicidad que te deseo se haga realidad, te juro que desapareceré de tu vida.
Te amo,
Draco Malfoy

Pd.: Recuerda que siempre te amaré, no voy amar a nadie como te amo a ti.

James no podía creer lo que había leído, esa carta era de su tía Hermione —la verdadera madre de su hermana— pero porque lo tenía sus padres, bueno, eso no importaba mucho, lo que importaba era que ese hombre Draco Malfoy era el verdadero padre de Cygnus, ese hombre fue el que dejo a su tía a su suerte.
Ginny subió a su habitación al no ver bajar a su hijo.
—¿Encontrarte esos documentos? —preguntó, pero se puso pálida al ver la carta que su hijo tenía en sus manos. Intento arrebatárselo de las manos, pero James lo retiró antes—. Devuélveme esa carta, James —exigió la pelirroja—. No te pertenece.
—Y a ti tampoco, mamá. Esta carta es de la tía Hermione. Pero eso no es lo importante, lo importante aquí es que me entere que ese tal Draco Malfoy es el verdadero padre de mi hermana.
Ginny frunció el ceño.
—El único padre de tu hermana es Harry, tu padre, mi esposo —corrigió.
—Pero…
—Malfoy nunca se encargó de Cygnus, él ya tiene otra familia —dijo Ginny interrumpiendo a su hijo—, y te exijo, James, que cuando tu hermana aparezca, porque va a aparecer, no le digas nada de esto.
James miró a su madre, él nunca la había visto tan nerviosa y temerosa, desde que tenía uso de razón siempre vio a una Ginny Potter valiente, fuerte, decidida. Pero ahora parecía que temía que con la sola mención de ese tal Malfoy, este pudiera materializarse ahí mismo y reclamé su paternidad.
El pelinegro asintió, y le entrego la carta a su madre.
—Será mejor que guardes esa carta en un lugar seguro, no vaya hacer que así como yo lo encontré uno de mis hermanos también lo haga.
Ginny cogió la carta y la guardo en un cajón de su velador y para que nadie pueda volver a cogerla le puso un hechizo al cajón.
—Y no te preocupes, mamá, no le diré nada a Cygnus sobre Draco Malfoy —agregó James. Su madre le sonrió y le acarició la cara.
—Gracias —susurró Ginny—. ¿Y encontrarte los documentos que tu padre necesita? —preguntó.
—Eh… sí, aquí están —dijo mostrándole los documentos a su madre.
Ginny asintió.
Y cuando Ginny iba a preguntar si había pistas sobre su hija, unos golpecitos en su ventana la distrajeron.
Ginny fue hacia la ventana y la abrió dejando pasar a la lechuza, esta estiro su pata para que desamarrara el pergamino. Y apenas desamarro el pergamino la lechuza emprendió nuevamente el vuelo.
La pelirroja desenrolló el pergamino y mientras leía su ceño se iba frunciendo más.
—¿Quién la manda? —cuestionó el pelinegro.
—El Profesor Snape —respondió Ginny—, Albus se peleó con un compañero de su casa.
James puso cara de desconcierto, su hermano nunca peleaba, y mucho menos con un compañero de su propia casa.

POV Cygnus
Ya habían pasado tres días desde el partido de Gryffindor y Ravenclaw; papá y el tío Ron me invitaron a su sala común a celebrar su victoria, y yo no me pude negar, al principio algunos leones me miraron raro cuando entre a su sala común —claro, es insólito que una Slytherin pise la sala común de los leones— pero luego se fueron relajando y para qué negarlo, yo también me relaje y me empecé a sentir cómoda. Seamus Finnigan y Dean Thomas se habían encargado de traer comida y bebidas y así la fiesta dio comienzo.
Debo reconocer que la pase bien, platique un poco con Neville —el profesor Longbottom en mi época— con Seamus, Dean —ellos al comienzo estaban un poco recelosos conmigo, pero mientras platicábamos nos fuimos acoplando— pero sobre todo con quien más me agrado platicar es con mi madre. Ella es realmente grandiosa, y como me contaron mis padres en el futuro a ella no le gusta el quidditch, pero iba siempre a animar al equipo, otra cosa que también comprobé es que detesta volar en escoba, solo lo hace cuando es sumamente necesario —en eso somos completamente distintas porque yo adoro volar, me gusta sentir el viento en mi rostro, seguramente eso lo herede de ese hombre que me engendro— Pero fuera de eso,  mamá me conto sobre su novio secreto, y aunque tenía muchas ganas por saber quién era, respete su decisión cuando me dijo que aún no era el momento de que lo supiera, pero si me conto que era muy feliz con él, más que feliz, se sentía dichosa —pobre mamá si supiera que después ese hombre nos abandonara, no estaría tan feliz— yo le sonreí como respuesta.
—¿Y a ti no te gusta ningún chico? —me preguntó.
Sinceramente nunca espere una pregunta como esa, así que solo me dedique a mirar al frente donde vi a mi padre sentado el sofá y tenía a mamá Ginny abrazada, también vi a tío Ron este estaba comiendo —como siempre— mientras tía Luna —la cual no me di cuenta de cuando entro a la sala, o tal vez ya estaba ahí— sonreía por un comentario de mamá Ginny. De pronto mi mirada choco con la de mi padre, y me sonrió, yo también hice lo mismo. Hasta que me di cuenta de que tenía que responder a la pregunta que me había hecho mi madre.
—Bueno… en realidad no me gusta nadie —contesté.
—¿No? —preguntó nuevamente mamá.
Pero al escuchar ese “¿No?” sentí como mi cara se empezó a calentar y no era porque había tomado muchas cervezas de mantequilla. Y yo lo sabía muy bien, esto no se lo había dicho absolutamente a nadie, pero a mí me gustaba un poco el profesor de DCAO de mi época, él era un hombre joven, educado, competente en su trabajo y muy guapo.
—Está bien te lo diré, esto no se lo he dicho a nadie —mamá me miró—, a mí me gusta el profesor de DCAO particular que yo tenía —mentí en esa parte.
Mamá parpadeó.
—¿En serio? —preguntó, y yo asentí.
—Pero eso ya no importa, no creo poder verlo durante un tiempo, y quizás cuando lo vuelva a ver él ya esté casado —dije resignada—. Además, no creo que él se fijara en mí en un plan romántico.
Mamá puso una mano en mi brazo tratando de consolarme.
—Ya verás que encontraras al hombre de tu vida, así como yo lo encontré, tú solo ten paciencia —me sonrió.
Luego de esas palabras de consuelo de mi madre me hicieron sentir querida.
—Gracias —le dije.
—¿Por qué?
—Por ser buena conmigo, por aconsejarme —contesté.
Ella me miró fijamente, parecía que se debatía en decirme algo, pero al final no dijo nada, y yo tampoco pregunte.
Luego de una hora más, decidí irme a mi sala común, ya que pronto seria el toque de queda, me despedí de mi padre, mis tíos y mis dos madres. Papá quiso acompañarme a mi sala común, pero yo le dije que mejor se quedara con mamá Ginny, y él acepto.
Camine lentamente hasta mi sala común, y cuando entre me encontré con Malfoy —quién me miraba con curiosidad— Pansy, Theo y las hermana Greengrass, ellos parecían esperarme.
—¿Dónde estabas? —me preguntó Malfoy.
No iba a responder, pero nada más para que no diga que soy una grosera respondí.
—Estaba en la sala común de Gryffindor celebrando su victoria.
Theo parecía molesto. Cosa que me sorprendió.
—¿Te dejaron entrar? —preguntó ahora Daphne.
—Sí, es que Harry y…
—Claro, Potter —me interrumpió su hermana—, él te invito y tú aceptaste… porque te gusta, ¿no es cierto? —pude detectar maldad en sus palabras.
—¡Astoria! —le advirtió su hermana.
—No me gusta Harry, él y yo somos amigos, así como también soy amiga de Ron, Hermione, Ginny, Neville y Luna —le aclaré con enojo—, no sé qué mente tan cochambrosa tienes al pensar que yo podría meterme con Harry, sabiendo que él tiene novia. Si es que no sabes yo respeto mucho las relaciones de pareja y más me respeto yo como para ser la amante. Y como una vez me dijo mi madre, yo no nací para ser la amante de ningún hombre, yo nací para ser la señora, la esposa —sentía la mirada de todos sobre mí, pero una con más intensidad—, aunque claro, el león piensa que todos somos de su misma condición —agregué.
Theo soltó una risita que luego disfrazó como tos cuando Greengrass lo miró con enojo.
—¿Qué quieres decir con eso? —gruñó Greengrass.
Yo la miré y me encogí de hombros.
—Depende de lo que tú quieras creer —le contesté—, buenas noches a todos —les dije antes de subir a mi habitación.
Y desde hace tres días que Astoria Greengrass no me habla, y ni siquiera me mira, lo cual agradezco mucho a Merlín, Morgana, Zeus y a todos los dioses por eso.
Pero olvidándome de Greengrass, debo de decir que mis clases extracurriculares con el profesor Snape van cada vez mejor. También he dedicado mi tiempo a ir a la biblioteca para buscar información sobre como regresar a mi época, pero lamentablemente aún no he encontrado nada.
Paciencia, eso es lo que me repito cada vez que leo un libro y no encuentro nada.
Lo bueno es que estoy aprovechando todo este tiempo acá para conocer mejor a mi madre biológica. Me siento muy feliz porque cada vez me llevo mejor con ella, es como si nos conociéramos de toda la vida. Tal eso sea el llamado de la sangre.