POV Autora
Una castaña abría los ojos lentamente, parpadeo un par de
veces mirando toda la estancia, esa no era su habitación que compartía con
Ginny.
¿Entonces
dónde estoy?, pensaba la castaña
confundida.
Pero en ese instante se dio cuenta que estaba en la Sala
de los Menesteres, había pasado toda la noche ahí, y no especialmente
durmiendo, sino que fue una noche muy agitada y excitante. Tan solo recordar lo
que se había pasado haciendo toda la noche con el rubio, la hacía sonrojar.
La castaña nunca imagino algún día comportarse de esa
manera, nunca pensó ser tan apasionada, hasta ella misma se sorprendía de su
comportamiento, pero es que cada vez que el rubio y ella se encontraban en esa
Sala, era como si una gata en celo suplantara a la Hermione Granger estudiosa,
pasiva y tolerante.
¿Qué hora es?, se preguntó mentalmente.
Pero luego de escuchar los latidos acompasados del
corazón de Draco, no le importo la hora. Levanto una mano y le acaricio el
rostro, el rubio sonrió ligeramente al sentir esa caricia.
Parecía que el rubio reconoció aun dormido la suavidad de
las manos de su novia y por eso sonrió.
La castaña también sonrió al ver ese gesto en su novio.
Ahora su mano fue bajando con dulces caricias hasta el pecho musculoso —gracias al Quidditch— del rubio. En
ese momento una mano atrapo la mano de Hermione.
—Eres una chica mala
—le dijo el rubio aun con los ojos cerrados.
—Creí que estabas dormido —le contestó Hermione.
—Lo estaba, pero las caricias de tus traviesas manos me despertó
—Draco sonrió al momento que abría sus ojos grises.
Hermione se sonrojo. Iba hablar, pero unos labios se lo impidieron.
Sí, el rubio no pudo evitar la tentación de verla tan sonrojada solo
por lo que le había dicho, lo enloquecía que Hermione fuera tan tímida, y eso
que ya llevaban varios meses juntos.
—Te amo, Draco —le dijo Hermione al rubio, cuando este empezó a
besarle el cuello.
—Y yo te amo a ti —susurró Draco.
Draco volvió a capturar sus labios y Hermione le respondió el beso con
la misma intensidad que la del rubio.
Pero algo la hizo romper el beso. Y es que se acordó que era día lunes
que tenían clases a las 8 de mañana en punto.
—¿Qué paso? —le preguntó el rubio al ver a la castaña pensativa.
—Draco, creo que debemos parar.
—¿Por qué?
—Porque debemos ir a clases —le contestó la castaña—, y me imagino que
serán como las 7, así que tenemos una hora para alistarnos.
—¿En serio quieres que pare? —le preguntó el rubio, y Hermione pareció
dudarlo unos segundos, pero luego volvió a decidir lo correcto, según ella.
—Yo creo que… si —dijo dudosa—, además nos hemos pasado toda la noche…
hay... ya sabes… haciéndolo —susurró la última palabra a la vez que sonrojaba.
Draco sonrió por la manera de hablar de Hermione, todavía no podía
creer que le costara tanto decir que se habían pasado toda la noche haciendo el
amor.
—Sí, pero yo aún te deseo —le susurró Draco en el oído de Hermione.
Hermione se sonrojo aún más al escucharlo.
—Me doy cuenta que eres incansable —le dijo Hermione.
—Cuando se trata de hacerte el amor, sí, soy incansable —el rubio
volvió a besarla.
—Um… Draco —Hermione hablo sobre los labios del rubio.
—¿Qué?
—En verdad debemos parar… no tenemos tiempo.
—Para amar siempre hay tiempo, Hermione. Siempre hay tiempo —repitió
Entonces se volvieron a besar con pasión, y Hermione dejándose llevar
por la pasión paso sus brazos por el cuello del rubio para atraerlo más a ella,
mientras que Draco lentamente fue retirando las sabanas del cuerpo de Hermione,
se puso sobre ella y empezó a acariciarla. La castaña gimió de placer cuando
Draco pellizco unos de sus pezones.
—Oh, Draco —volvió a gemir, cuando sintió que Draco ahora capturaba
uno de sus senos con su boca, lamiéndolo y mordiéndolo dulcemente.
Draco lentamente fue descendiendo a besos, hasta llegar al plano
abdomen de la castaña, mientras que Hermione lo único que hacía era agarrar con
fuerza las sabanas y soltar gemidos, gemidos que excitaban cada vez más a
Draco.
—Dra-aco —susurró la castaña, mientras que el rubio ahora empezaba a
besar su entrepierna.
El cuerpo de la castaña empezó a temblar ligeramente.
—¡Ah! —gritó Hermione a la vez que arqueaba su espalda, cuando sintió
la lengua húmeda de Draco entrar a su intimidad.
Draco con gran maestría metía y sacaba su lengua del interior de la
castaña, con sus dedos abrió los labios vaginales y pudo ver ahí su perla
rosada, la cual empezó a lamer rápidamente.
La castaña empezó a retorcerse de placer y su cuerpo se podía ver las
pequeñas gotitas de sudor.
El rubio seguía dándole placer a la castaña, y ella gritaba eufórica,
ya no podía más deseaba que Draco la hiciera suya nuevamente.
—Dr-ra-co, por… por fa-vor —la castaña hablo como pudo.
Draco paro lo que estaba haciendo.
—Por favor, ¿qué, Hermione? —dijo el rubio con voz ronca.
—Po… por fa… vor… ya… ya no… me tor… tortures… más —dijo entre gemidos
la castaña.
—Dime que deseas —le dijo el rubio.
—¡Ahh, Drac-co! —Hermione volvió a gemir tan solo al sentir las
caricias de Draco en sus piernas.
—Dímelo… dime que… es lo que… deseas y lo… cumpliré —Draco también
hablaba entre gemidos porque lo excitaba tanto escuchar a la castaña gemir.
—Tóma… me —dijo la castaña, mientras su cuerpo temblaba nuevamente—,
hazme… tuya.
Draco fue subiendo lentamente por su cuerpo, dejando besos por donde
había pasado, acción que torturaba más a Hermione.
El rubio al volver a la zona de los pecho de Hermione, él volvió a
succionar de ellos, y la castaña volvió a gemir, pero esta vez mucho más
fuerte. Tanto que la Sala de los Menesteres no se oía otra cosa que no fuera
los gemidos de Hermione.
Draco siguiendo con la tortura de Hermione, ahora besaba su cuello
hasta llegar al lóbulo de su oreja, para luego besar los labios ligeramente
hinchados de la castaña. Hermione se aferró a él, atrayéndolo más a ella, el
rubio se pegó más a ella, rosando su miembro erecto en el vientre de la
castaña, hasta acomodarlo en su entrada. Hermione soltó un leve gritito sobre
los labios del rubio al sentir el miembro de Draco.
—Oh… por… fav… —no pudo terminar de hablar porque fue interrumpida por
Draco.
—Aun quieres… que pare… aun… piensas que… no tenemos… tiempo —le
susurró el rubio, incitándola.
—No… no… pa-res… tene… mos… tie… empo…
El rubio sonrió con arrogancia y la beso a la vez que separaba las
piernas de la castaña, para acomodarse entre ellas, coloco bien su miembro en
su entrada y muy lentamente fue entrando en la muy estrecha intimidad de
Hermione.
Hermione gimió y araño la espalda del rubio al ser invadida. Draco de
una sola estocada entro por completo en ella, gimiendo de placer, estaba tan
excitado que ni siquiera sintió cuando Hermione clavo sus uñas en su espalda.
—Me vuelves loco, mujer… —dijo empezando suavemente el vaivén.
Sus miradas grises y miel se encontraron, se miraban con amor, con
pasión, mutuamente se deseaban. Draco la besó y Hermione correspondió el beso,
abrió la boca, permitiendo la entrada de la lengua del rubio, empezó una
batalla de lenguas, mientras que las embestidas eran cada vez fuertes y
rápidas.
—¡Ah…! —gemía Hermione.
Draco empezó acariciar una pierna de Hermione y luego la subió hasta
su cintura, la castaña comprendiendo las intenciones del rubio enrosco sus
piernas en la cintura del rubio, para que este pudiera entrar más a fondo en
ella.
El rubio gimió de placer, al entrar más profundamente en la castaña, y
al sentir que las paredes vaginales de Hermione apretaron mucho más su miembro.
—No te… detengas —gimió Hermione.
En ese momento que Draco escucho gemir a su mujer, las embestidas
fueron más profundas y fuertes, tanto que hasta se podía escuchar el sonido de
sus pelvis al chocarse en cada embestida.
En verdad está mujer
me está volviendo loco, pensaba el rubio.
—Te amo —le susurró la castaña.
Él la beso como respuesta.
Draco siguió entrando y saliendo de ella, hasta que de un momento a
otro el rubio cambio de posición con ella, ahora Hermione se encontraba encima
del rubio y él abajo. La castaña se sorprendió al principio, pero luego empezó
a moverse, mientras que Draco le acariciaba el cuerpo, pero se detuvo para
darle especial atención a los pechos de la castaña.
Hermione seguía moviéndose encima de Draco, con sus manos sobre el
pecho del rubio. Draco puso sus manos en las caderas de Hermione para ayudarla
a que aumente la velocidad.
La castaña arqueaba la espalda al sentir las caricias del rubio, lo
cual la hacía aumentar más el ritmo. Draco puso las manos en las nalgas de la
chica y se sentó y la abrazo a la vez que la besaba, Hermione seguía moviéndose
hacia delante y hacia atrás, mientras se seguían besando, el rubio volvió a
cambiar de posición, nuevamente la castaña quedo acostada en la cama y él sobre
ella.
Las embestidas se hicieron más rápidas. Ambos gritaron de placer al
alcanzar el clímax.
—¡DRACO! —gritó la chica al sentir como el rubio se derramaba en ella.
***
Mientras que una leona y una serpiente se amaban como dos dementes en
la Sala de los Menesteres. En la habitación de las dos princesas de Slytherin
—del pasado y del futuro— una rubia ya se encontraba perfectamente vestida con
el uniforme de Slytherin, miró a su compañera de habitación, la cual todavía
dormía.
—Pansy, despierta —le dijo la rubia. Pero esta ni siquiera se movió.
—Pansy —le dijo más cerca de su oído, pero nada.
La rubia resoplo.
—Vamos, Parkinson, despierta o me obligaras a tirarte agua —gritó,
pero su compañera solo se movió incomoda en su cama.
—Bien, tú lo quisiste así —sonrió, a la vez que la apuntaba con su
varita—, Aguamenti —un chorro de agua
cayó de la punta de la varita de la rubia a la cara de la pelinegra, la cual
despertó con grito, para luego sentarse de golpe y mirar confundida todo.
—¿Qué rayos paso? —preguntó la pelinegra, pero luego sus dudas fueron
aclaradas al ver a Cygnus con su varita en la mano apuntándola—. ¿Cómo te
atreves a despertarme de esa forma? —dijo indignada.
—Lo siento —dijo inocentemente la rubia—, pero es que no despertabas,
así que tuve que hacerlo —sonrió al ver a la pelinegra con el cabello y rostro
húmedo.
—¿Ah, sí? —dijo la pelinegra, mientras se pasaba las manos por el
rostro para secarlo—, pues yo también haré lo mismo contigo cuando no
despiertes.
—No creo que puedas, porque yo siempre despierto antes que tú —la
rubia sonrió con suficiencia.
Una sonrisa que confundió a Pansy, ya que esa sonrisa la había visto
en el rostro de Draco Malfoy, se froto los ojos porque pensaba que estaba
viendo visiones, pero cuando la volvió a mirar, se dio cuenta que esa sonrisa
si era igual a la de Draco, no estaba alucinando.
La rubia la ver el rostro de confusión de la pelinegra, borro su
sonrisa.
—¿Qué pasa? —le preguntó.
—Nada —le respondió Parkinson, pero su respuesta no sonó muy segura.
—Ya —susurró Cygnus.
—Me vengaré —le dijo la pelinegra cambiando la conversación.
—Sí, claro —respondió la rubia—. Bueno, me voy —dijo, y empezó a
caminar hacia la puerta.
—No lo dudes —escuchó que la pelinegra hablo antes de que ella cerrara
la puerta.
¡Oh, Dios!, se me olvido que era con una serpiente con la que me
estaba metiendo, de seguro que Pansy se despertara si es posible a las 5 de la
mañana con tal de tirarme agua. ¡No! yo tengo que ser más lista que ella, se
dijo.
La rubia salió de su sala común y empezó a caminar directo a la
oficina de Dumbledore, tenía que agradecerle que le haya dejado ese regalo y
dinero el día anterior, y además le quería preguntar si sabía cómo regresarla a
su época.
—¡Merlín! que el profesor Dumbledore, me diga que ya sabe hacer que
regrese a mi época —susurraba la rubia.
—Pie de limón —dije la contraseña cuando llegue donde estaba la
gárgola.
La gárgola se movió dejándome pasar, subí las escaleras y toque la
puerta.
—Pase —escuché la voz amable del profesor.
—Buenos días, profesor Dumbledore —lo saludé cuando entré a su
despacho.
—Buenos días, Cygnus —contestó el director.
Dumbledore le indico con la mano a Cygnus para que tomara asiento.
Ella así lo hizo.
—Un caramelo de limón —le ofreció Dumbledore.
—No, muchas gracias —contestó la rubia—. Antes que nada profesor,
muchas gracias por su regalo, y lamento no haber venido ayer mismo a
agradecerle, pero es que estaba un poco cansada —dijo la rubia un poco
avergonzada.
—No te preocupes por eso. ¿Te divertiste en Hogsmeade? —preguntó el
director con una sonrisa en su rostro.
—Sí, mucho. Definitivamente fue el mejor paseo en Hogsmeade, porque la
pase con mi mamá biológica, nunca voy a olvidar ese día, mi mamá es encantadora
—suspiró.
—La señorita Granger es así, y me alegra que te hayas divertido.
La asintió con una sonrisa.
—Um… profesor —dijo después de unos segundos—, le quería preguntar si
ya sabe cómo hacer para que regrese a mi época.
—Lo siento, Cygnus, aún no he podido encontrar una solución para su
problema.
Ambos se quedaron callados un momento.
—Y si usamos el giratiempo de mi mamá —dijo de repente Cygnus.
—No lo creo.
—¿Por qué?
—Porque la señorita Granger no tiene el giratiempo en su poder.
—¿Cómo? Pero si mi papá me lo dio cuando cumplí 10 años, entonces se
supone que mi mamá lo tiene en este momento.
—No lo tiene, porque una persona todavía no se lo ha devuelto.
—¿Qué persona? —preguntó sorprendida Cygnus.
—Oh, lamentablemente eso no se lo puedo decir —contestó el director.
—Pero porque no me lo puede decir —se quejó la rubia—. A menos que esa
persona sea… el hombre que me… engendro.
—Sí, Cygnus, tu padre lo tiene.
Cygnus frunció el ceño.
—¿Por qué lo tiene él? —preguntó.
—Porque cuando los carroñeros encontraron a Harry, Ron y su madre, se
lo llevaron a la casa de los Malfoy —ahora lo recuerdo, una vez escuche
mencionar a mi padre cuando se lo llevaron a la casa “de los más fieles
mortífagos de Voldemort”, así los llamaba mi tío Ron. O sea que eso quiere
decir que “los más fieles mortífagos de Voldemort” son los Malfoy y eso también
quiere decir que Malfoy tiene tatuada la marca tenebrosa—, ahí fue cuando
Hermione perdió su giratiempo y…
—Y quien lo encontró fue… “ese hombre” —sí, ahora la rubia había
decidido llamarlo así porque decía que no se merecía ser llamado padre.
—Así es —dijo el director.
—¿Y cuándo se lo devolverá? —pensó en voz alta la rubia.
—Eso no lo sé, Harry nunca te dijo cuándo fue que se lo devolvió.
Cygnus negó con la cabeza.
—Bueno, tendremos que encontrar algún hechizo que te haga regresar
—Dumbledore se paró de su silla y empezó a caminar.
—¿Un hechizo? —preguntó sorprendida Cygnus, y el director asintió—,
pero profesor, en todos los libros que he leído, y en verdad han sido muchos,
prácticamente toda la biblioteca —presumió la rubia—, no he encontrado nada
acerca de hacer que una persona viaje al pasado y luego regrese al su época.
—Magia antigua —dijo simplemente el director.
—¿Magia antigua? —preguntó la chica.
—Sí, ha leído libros de magia antigua —le preguntó Dumbledore.
—Solo algunos —confeso la rubia.
—Bien, pues entonces empezare a buscar la solución para tú problema en
esos libros, ya que no sabemos cuándo recuperara su giratiempo tu mamá. Para
que así no cambie tanto el futuro.
—¿Cree el futuro cambiara?
—Ya está cambiando, Cygnus. Ya está cambiando, desde el primer momento
en que llegaste al pasado.
No sabía exactamente como me sentía con esa respuesta, pero
definitivamente no me gustaba nada.
***
Una castaña corría muy rápido para llegar a su habitación y tomar una
ducha y poner su uniforme, ya que llevaba la ropa del día anterior.
Respiró profundo cuando paro a la entrada de la Dama Gorda.
—Baratija —dijo la contraseña y la Dama Gorda le permitió entrar.
Subió corriendo hasta llegar a su habitación.
Lo bueno es que Ginny debe estar desayunando o caminando hacia su
primera clase, y así no le tendría que dar explicaciones ahora de porque no llegue
a dormir, pensaba la castaña.
Al momento de entrar como un rayo a su habitación que compartía con la
pelirroja.
—Hermione —escuchó la voz de su amiga.
La castaña se volteó lentamente para encontrarse con la con unos ojos
avellana que la miraban con curiosidad.
—Ginny —susurró la chica—. ¿Qué haces aquí? —preguntó la castaña.
—Aquí duermo —contestó Ginny, como si no fuera obvia su respuesta.
—Creí que ya estabas en clases.
—Vine por mi libro de Transformaciones —la pelirroja le mostro su
libro a Hermione—. Pero ahora la pregunta sería ¿de dónde vienes tú?
—A pues… pues… —la castaña empezó a tartamudear.
—¿De dónde? No te entendí.
—De la torre de astronomía —la castaña dijo lo primero que se le
ocurrió.
—¿Qué hacías ahí?
—Pues quería ver las… estrellas.
—Aja —dijo Ginny pensativa—. ¿Y dónde pasaste la noche? —preguntó
luego de unos minutos.
—Pues… —la castaña empezó a sudar frío y a refregarse las manos por la
pregunta que le hizo su amiga—, pues ahí mismo.
—¿Dormiste en la torre de astronomía? —preguntó confusa.
—Sí.
—¿Por qué?
Que le digo, pensaba la castaña.
—Ah, pues… la cosa es así, ayer en la noche yo fui a la biblioteca por
un libro para leerlo antes de dormir, pero… entonces mejor decidí ir a la torre
de astronomía, para leer ahí el libro, cuando ya estuve en la torre camine
hasta el barandal y levante la cabeza… me quede hipnotizada por la belleza de
las estrellas… ya sabes, ¿no? —Ginny la miraba incrédula—, y pues… luego de ver
las estrellas me senté en el suelo y empecé a leer el libro y sin darme cuenta
me quede dormida.
Espero que Ginny me
crea, pensaba Hermione.
—¿Y no te dio frío?
—No, porque antes puse un hechizo de calefacción.
—Aja —susurró la pelirroja—, y recién te despiertas y viniste para acá
—Hermione asintió—, ¿y el libro?
Oh, Dios mío, Ginny me
va a descubrir, se decía la castaña.
—Lo devolví antes de venir aquí.
Sí, mentira casi
perfecta, pensó Hermione.
—Bien —dijo Ginny y Hermione respiró profundo—. Pero porque vienes tan
sudorosa.
Hermione se sonrojo, para después contestar:
—Pues porque corrí.
—Sí, es muy lógico —susurró la pelirroja, la miró a la cara—, tienes
un brillo especial en tus ojos y los labios ligeramente hinchados —dijo
sorpresivamente Ginny a Hermione.
Hermione se sonrojo más.
—No, no es cierto… estoy igual que siempre…, es solo tu imaginación.
Ginny asintió despacio y sonrió.
—Bueno, Ginny, me voy a bañar lo más rápido que puedo o sino llegare
tarde a clases —le dijo la castaña a su amiga, a la vez que cogía una toalla y
sus accesorios de limpieza para luego meterse al baño.
Ginny la miraba a su amiga con una sonrisa juguetona en los labios.
—Tú le creíste algo de lo que dijo la tía Hermione, bebé —dijo la
pelirroja poniéndose una mano en el vientre, y el bebé se movió como si
estuviera de acuerdo con su madre—, sí, yo tampoco le creí ni una sola palabra
de lo que dijo.
Luego de eso la pelirroja se fue a su primera clase.
Mientras Hermione en el baño, suspiró aliviada de poder escabullirse
del interrogatorio de su amiga, porque la castaña sabía que cuando Ginny Weasley
se ponía en ese plan, siempre conseguía que le confiese la verdad.
—No, aun no es tiempo de contarles sobre mi relación con Draco —dijo
la castaña con una voz de enamorada al mencionar el nombre del rubio.
***
Un hombre de cabellos y ojos negros, y completamente vestido de negro
con su capa ondeando cada vez que caminaba se dirigía a dar su clase al último
curso escolar.
Entró al salón, que estaba vacío, o eso parecía hasta que:
—Buenos días, profesor Snape —saludo una rubia al profesor, el cual se
sobresaltó al escuchar esa voz calmada, pero con ligero toque de arrogancia.
Giró su rostro y ahí la vio.
Cygnus Potter estaba sentada en casi las últimas carpetas, y le
sonreía.
—Señorita Potter —dijo el profesor con su típica voz de aburrimiento—.
Llego temprano.
—Siempre me gusto llegar temprano a mis clases —la rubia volvió a
sonreír al ver al profesor fruncir el ceño.
—Ya veo, espero que a su castigo también vuelva a llegar temprano
—Snape también hablo con arrogancia, como todo un Slytherin.
La rubia se paró de su asiento y camino hacia el escritorio de Snape.
—Para mí no es un castigo —dijo la chica.
—¿Cómo dijo? —preguntó el profesor Snape sorprendido, pero ocultaba su
sorpresa tras ese máscara de aburrimiento.
—Que para mí no es un castigo, si se trata de aprender —Snape la
miraba con el ceño fruncido—, cuando he estado organizando todas sus pociones,
me he dado cuenta que hay pociones de las cuales nunca había escuchado, y de
las cuales pienso averiguar… o tal vez me haría el trabajo más fácil si usted
me dijera para que son útiles y… —ya no pudo seguir hablando porque fue
interrumpida por Snape.
—Así que piensa que le diré sobre las pociones que me han tomado mucho
tiempo prepararlas a una… —la miró de pies a cabeza—, niña a la cual castigue
por insolente.
La chica sonrió y Snape la miró fijamente comprobando que esa sonrisa
era igual a la de Draco.
—Veo que me la pondrá difícil, profesor; mejor, adoro los retos —miró
directamente al profesor—, muy pronto sabré para que son útiles todas esas
pociones, profesor.
Luego de decir eso camino otra vez hacia su carpeta y se sentó muy
tranquilamente, con una sonrisa de suficiencia y una mirada indiferente.
Snape quedo confundido con la manera de actuar de la chica, tenía esas
ganas de saber todo igual que Granger, pero la arrogancia y lo engreída era
igual a Draco. Snape se giró para tomar su libro y sonrió por la actitud de la
chica, que era una perfecta combinación de sus padres.
Y justo en ese momento empezaron a entrar todos los alumnos
apresurados a la clase. Draco Malfoy fue el último en entrar, tuvo suerte aun
Snape no cerraba la puerta.
Hermione no tuvo esa suerte ya que se demoró por la pequeña
conversación que tuvo con su amiga pelirroja.
La castaña maldijo entre dientes cuando llego a la puerta del salón y
estaba cerrada. Respiró profundo y toco. Al instante la puerta se abrió y Snape
se quedó parado mirándola con esos profundos ojos negros.
—Señorita Granger, llega tarde.
—Lo siento, profesor no volverá a suceder —se disculpó la castaña—.
¿Puedo pasar?
Snape le dio pase, pero antes le dijo:
—Cinco puntos menos por su tardanza. Espero que no vuelva a llegar
tarde, Granger o la próxima será el triple.
Hermione asintió y se fue a sentar como siempre con Neville.
Snape pasó su vista por todo el salón mirando a todos sus alumnos, los
Gryffindor sentados a la derecha y los Slytherin a la izquierda.
—Ya no se sentaran así —dijo de repente, y los chicos se quedaron
sorprendidos—, y yo formare en todas las clases las parejas de trabajos. Un
Slytherin y un Gryffindor, siempre será así, de ahora en adelante.
Los Slytherin y los Gryffindor empezaron a cuchichear entre ellos, una
cosa era que ya no se andarán peleando, y otra muy distinta que podrían
trabajar juntos.
—¡Silencio! —gritó Snape—. Empezaré a formar las parejas—: Parkinson –
Weasley —Pansy hizo una mueca al igual que Ron—, Greengrass – Longbottom —ellos
dos estaban tranquilos, no hicieron ningún gesto, lo único que les importaba
era que les salga bien la poción—, Nott – Patil —Theo ya estaba acostumbrado a
trabajar con Cygnus, pero no le importo trabajar con Patil ahora—, Zabini –
Finnigan —Blaise se enojó de que le tocara con Finnigan, según él era con el
peor que le toco, aunque claro luego lo pensó mejor y se dio cuenta de que lo
peor hubiera sido si le hubiera tocado con Longbottom—, Damon – Thomas —Damon
era una nueva integrante de Slytherin, venia de E.E. U.U.—, Potter – Potter
—Harry miró hacia atrás encontrándose con la mirada de la rubia, le sonrió a su
hija y ella le correspondió la sonrisa—, Malfoy – Granger —Slytherin y
Gryffindor miraron a los eludidos, ya que sabían de ese odio mutuo que se
tenían desde que se conocieron, pero al verlos que no hacían ningún comentario
desagradable, ellos tampoco lo hicieron, solo se dedicaron a mirarlos fijamente.
Internamente tanto Hermione como Draco estaban felices que les tocara juntos.
La castaña no podía creer su suerte, pero en realidad no era suerte, sino que
Snape quería ver como se comportaban al estar juntos.
Y así Snape siguió formando las parejas de trabajo.
Aun todos estaban en sus lugares, no se atrevían a acercarse a sus
compañeros.
—¿Qué esperan para cambiarse de lugar? —dijo Snape con voz firme.
Tanto los Gryffindor como los Slytherin no tuvieron otra opción que
cambiarse de lugar, pero los más felices en cambiarse de lugar fueron Cygnus y
Hermione.
—Hola, papi, que suerte que nos haya tocado juntos, ¿verdad? —le
susurró Cygnus a Harry, cuando llego a su mesa, y Harry le sonrió dulcemente.
—Sí, que suerte, seremos uno de los primeros en terminar —bromeó
Harry, a lo cual la rubia lo miró ofendida, para luego sonreír.
Mientras tanto una castaña ya había llegado al lado del rubio.
—Hola de nuevo —le dijo Hermione despacio, para que solo el rubio
pudiera escucharla.
—Llegaste tarde —le dijo Draco, para luego sonreírle ligeramente.
Gesto que no pasó desapercibido para Snape.
La castaña suspiró.
—Es que Ginny empezó con sus preguntas, de porque no llegue a dormir
—Hermione se sonrojo—, y Snape me quito cinco puntos.
El rubio la miró.
—Ya recuperas esos puntos y hasta los duplicarás —le susurró Draco.
La castaña le sonrió.
Mientras tanto en la mesa donde se había cambiado Pansy, ya que ella
se sentaba junto a Draco, un pelirrojo llego y se sentó junto a ella.
—Weasley —le dijo Pansy mirándolo.
—Parkinson —le contestó Ron.
Ya no tuvieron tiempo de hablar más porque Snape llamo la atención de
todos.
—Bien, ahora que ya están sentados como les indique; saquen sus libros
y ábranlo en la página 280 —todos los hicieron—, ahí están las instrucciones de
la poción que tienen que hacer. Ahora empiecen.
Y como Snape les indico, todos empezaron a preparar la poción.
Mientras que Snape los veía trabajar desde su escritorio, y simulaba
leer un libro, también estaba muy pendiente de un rubio y una castaña, no le
quitaba la vista de encima. Los veía hablar y sonreírse por lo bajo.
Así que esos dos ya
están juntos, se decía internamente Snape. Me preguntó cuál sería el motivo por el cual
se separaron.
Luego de un poco más de una hora, los chicos ya estaban terminando con
sus pociones, y los primeros en acabar fueron las parejas conformadas por los
dos Potter y Malfoy y Granger.
Echaron sus pociones en unos frasquitos con una etiqueta con el nombre
de la poción y sus nombres. Los dos rubios fueron a dejar sus pociones en el
escritorio de Snape. Ambos se miraron, Draco le sonrió a Cygnus y ella solo se
limitó a mirarlo, para luego caminar hacia la mesa donde estaba Harry.
Después de unos minutos los demás también empezaron a dejar sus
pociones en el escritorio del profesor, y puesto que había terminado la clase,
empezaron a salir del salón.
—Potter —llamó Snape, cuando casi todos ya habían salido, pero Harry y
Cygnus estaban esperando a que Ron terminara de guardar sus cosas para salir,
ya que Hermione se había ido a la biblioteca. Y en el momento que escucharon su
apellido, un pelinegro y una rubia pararon—, Potter femenino —recalcó Snape.
Ron ya había terminado de guardar sus cosas y se acercó a Harry y a
Cygnus.
—Adelántense, en momento los alcanzo —les dijo la rubia, y ambos asintieron,
pero antes de salir miraron a la rubia y a Snape.
—Sí, profesor —dijo la chica cuando se quedaron a solas.
—Así que quiere saber para qué sirven las pociones —no era una
pregunta, sino una afirmación.
—Sí —contestó Cygnus.
—Bien —dijo Snape—, pues si quiere saber, tal vez yo podría ayudarla
—la rubia sonrió al conseguir lo que quería—, pero no será nada fácil.
—Me gustan las cosas difíciles, profesor —Snape la miró con un poco de
burla—. Y gracias. Pero ahora me tengo que retirar a mi próxima clase.
Snape asintió y luego la chica salió con una sonrisa en los labios.
***
Mientras tanto en el año 2016, la época actual. Un hombre de unos 36
años de cabellos azabaches, ojos verdes detrás de unos lentes redondos y una
cicatriz en la frente, caminaba de un lado a otro inquieto en la sala de la
Madriguera, mientras que su pelirroja esposa lloraba a mares.
—En verdad no tienes ni siquiera pistas de donde puede estar nuestra
hija —dijo la pelirroja entre lágrimas.
El pelinegro paró de caminar y se acercó a su esposa y la abrazo.
—No, Ginny, no tengo ninguna pista y eso me frustra. Ya lleva una
semana desaparecida y no sabemos nada de ella, absolutamente nada —dijo Harry
Potter.
—No se habrá ido con algún… novio —dijo un pelirrojo.
Ginny levantó la mirada y la enfoco en su hermano.
—Por supuesto que no, Ron, Cygnus nunca ha tenido un novio, a ella lo
único que le preocupa son sus estudios —le dijo Ginny molesta por las
insinuaciones de su hermano.
—Ginny tiene razón, Cygnus no es de esa clase de chicas, Ron —le dijo
Harry, que frunció el ceño al escuchar lo que dijo su cuñado.
—Bueno, solo fue una suposición —se defendió el pelirrojo.
—Y si la secuestraron —dijo una rubia de ojos soñadores.
—No lo creo, cielo, porque se hubiera sido eso, entonces ya nos hubieran
pedido dinero por el rescate —le contestó Ron.
—Ya va aparecer, ya verán, solo no se desesperen —decía una Molly
Weasley, también muy preocupada por la desaparición de su nieta.
—Sí, ya aparecerá, ¿pero dónde, mamá? ¿Dónde? —gritó Ginny.
—Ginny, cariño —le dijo Harry.
—Harry —dijo la pelirroja muy afligida—, Hermione nos la encargo, y
nosotros nos descuidamos.
El azabache no dijo nada, él también se sentía culpable, por no haber
cuidado de la rubia.
—¿Y Lily no sabe nada? —preguntó Ron.
—Ella dice que no —contestó Ginny.
—Y si le vuelven a preguntar, no sé tal vez recuerde algo que se pasó
—dijo Luna.
—Podría ser —dijo Harry, para luego llamarla—: Lily —gritó.
Una pelirroja de 15 años bajo de las escaleras y se acerca a sus
padres, tíos y abuela.
—Sí, papá —dijo la chica triste.
—¿Qué fue exactamente lo que paso cuando dejaste a tu hermana en el
patio? —le preguntó su padre.
—Pues lo que ya te dije —dijo la pelirroja—, Hugo me llamo y Cygnus se
quedó sola en el patio y luego yo ya no sé nada más —la chica empezó a llorar,
porque se sentía culpable de haber dejado sola a su hermana.
—Está bien, cielo, pero si recuerdas algo, cualquier cosa no dudes en
contárnoslo —le dijo Ginny a su hija.
Todos en la Madriguera estaban sumamente preocupados por la desaparición
de Cygnus Potter, ya habían buscado por todas partes, pero no la encontraban,
todo lo que hacían no servía de nada, simplemente la rubia no aparecía.
La encontraré, así
tenga que vender mi alma al diablo, se decía
internamente Harry Potter.


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