martes, 11 de abril de 2017

La Carta


POV Autora
En el año 2016 – Época actual (En el tren)
El recorrido hacía Hogwarts fue muy largo para los hermanos Potter y los Weasley, y sobre todo sabiendo que los hermanos Malfoy serían los nuevos estudiantes, lo cual solo tenía un solo significado: Problemas.
—¿Creen que los Malfoy queden en Gryffindor? —preguntó Roxanne a sus primos cuando se dirigían a los carruajes—. Creo que no lo soportaría.
Todos hicieron una mueca de molestia, menos Rose —que era una Ravenclaw, como lo había sido su madre en su tiempo escolar— Por otra parte Albus se encontraba muy serio desde su discusión con el mayor de los Malfoy.
—No se preocupen —dijo la réplica de Harry—, que esos Malfoy no estarán ni en Gryffindor —su hermana y sus primos que pertenecían a esa casa suspiraron aliviados—, ni en Ravenclaw —Rose también suspiro—, y mucho menos a Hufflepuff, desgraciadamente ellos quedaran en Slytherin, o sea que el que se los tendrá que soportar de día y noche seré yo.
—Oh, lo siento, Al —le dijo Lily con preocupación a su hermano tomándolo de la mano.
Albus suspiró.
—No te preocupes, Lily, no voy a permitir que esos me vuelvan a sacar de mis casillas —la calmo Albus, pero en el fondo el pelinegro sabía que si los Malfoy seguían con sus aptitudes arrogantes no los soportaría por mucho tiempo.
Ya en el castillo todos estaban sentados en sus respectivas mesas, solo los alumnos de primero y los Malfoy —los cueles miraban todo como si fuera muy poca cosa para ellos— esperaban ser seleccionados.
Y como siempre Albus notaba el nerviosismo y la ansiedad en los chicos de primero, solo a los Malfoy conservaban la serenidad como si ya supieran a que casa los iba a mandar el sombrero seleccionador, eso le molesto mucho al menor de los varones Potter, podía detectar la arrogancia en esos hermanos.
El sombrero seleccionador empezó a cantar como siempre hacia a comienzos de cursos. Pero no muchos le prestaban atención, solo los chicos que entrarían a primero.
—¿Estás bien, Albus? —le preguntó Logan Leduc, con su acento francés. Logan había llegado a Londres hace dos años y había sido seleccionado para la casa de las serpientes, y apenas se sentó a la mesa, hizo amistad primero con Albus y luego con la hermana de este, Cygnus. Él era muy amable, pero cuando se enojaba era mejor salir huyendo.
—Sí, estoy bien —respondió Albus, sin mirar a su amigo. En realidad Albus se sentía incompleto, estar en la mesa de Slytherin y no tener a una rubia sentada junto a él susurrándole cosas o haciendo apuestas sobre cuantos chicos serían las próximas serpientes o planeando quien sería su próxima víctima de sus bromas lo hacían sentir en verdad incompleto.
—Lo siento —se disculpó Logan, y Albus giró su cabeza para mirarlo con curiosidad—, creo que fui inoportuno, seguro tú y toda tu familia la debe estar pasando muy mal por la desaparición de tu hermana Cygnus —Albus seguía sin decir ni una sola palabra, así que Logan continuó—, quiero que sepas que si tu familia necesita ayuda, mi familia y yo estamos dispuestos ayudarlos en lo que necesiten.
Albus sonrió quedamente.
—Gracias, Logan —agradeció el pelinegro, iba a agregar algo más, pero la voz de la profesora McGonagall llamando a un chico de primero lo distrajo.
Ambos chicos no volvieron a hablar, y prestaron atención a la selección, o por lo menos eso hacían los demás, menos Albus y Lily que eran los más afectados.
Los minutos pasaban y la fila de los de primero disminuía, y los Potter y los Weasley tenían en la cabeza a una rubia de ojos grises —que llevaba semanas desaparecida— y los Gryffindor y una Ravenclaw no podían dejar de ver la mesa de las serpientes creyendo que en cualquier momento la chica apareciera riendo.
“No permitiremos que esos Malfoy vengan a acabar con la tranquilidad de Hogwarts, Albi”, me hubiera dicho Cygnus antes de mirar a esos hermanos de pies a cabeza, pensaba Albus.
—Malfoy, Orión —llamó McGonagall. Este apellido llamo mucho la atención de Neville Longbottom, puesto que no se sabía nada de un Malfoy desde hace años, pero no solo él se sorprendió también un profesor vestido completamente de negro lo miró fijamente, cada movimiento del chico era seguido por este profesor.
El chico camino hacia la profesora con pasos elegantes, se sentó en el banquito y se puso el sombrero, el cual solo rosarle la cabeza grito: Slytherin.
La mesa de las serpientes aplaudió a su nuevo integrante, claro menos Albus.
Albus sintió un retorcijón en el estómago, al escuchar que Malfoy ya era oficialmente el nuevo integrante de su casa. Frunció el ceño al verlo caminar con pasos elegantes, y pose arrogante hacia su mesa.
—Parece que Malfoy no te cae nada bien —le susurró Logan al pelinegro.
—Acertaste, no me cae nada bien. Tuve una discusión con él en el tren —contó Potter.
Orión Malfoy sonrió con suficiencia al ver ahí a Albus, luego giró la cabeza y se sentó en una esquina, donde podía perfectamente hacer muecas a Potter.
—Malfoy, Cassiopeia —llamó la profesora y la chica castaña camino hacia ella con arrogancia, se sentó en el banquito y al momento de ponerse el sombreo, este hizo lo mismo que con su hermano, lo mando a la casa de Slytherin.
La mesa de las serpientes nuevamente aplaudió, y otra vez Albus no celebró con los demás.
Cassiopeia caminó hacía su hermano y antes de sentarse junto a él, fulminó con la mirada a Albus.
Dumbledore se levantó de su asiento, miró con felicidad a todos los estudiantes y empezó a hablar:
—¡Bienvenidos a este nuevo año en Hogwarts! ¡Bienvenidos a los nuevos alumnos y a los no tan nuevos! —algunos soltaron unas risitas por lo dicho por el director, mientras que los hermanos Malfoy miraban al director con fastidio—. Ahora sí que comience el banquete —anunció y las mesas se empezaron a llenar de deliciosas comidas.
El banquete de bienvenida duro una eternidad para Albus, que no soportaba estar más en esa mesa, más bien no soportaba ver a los Malfoy ahí.
Clama, Albus, se repetía constantemente para no hacer algo indebido.
Por fin el banquete dio por terminado, y el director como siempre dio sus indicaciones, de no entrar al Bosque Prohibido, porque el mismo nombre lo decía estaba prohibido.
Todos los prefectos de las cuatro casas se levantaron para indicar a los de primero sus respectivas salas comunes —Albus y Cygnus eran los prefectos de Slytherin—, pero antes de que Albus diera la vuelta, miró a su hermana, esta le sonrió y le dedico una mirara que claramente le decía: “Ten paciencia por favor, hermano”, Albus asintió.
—Los de primero por favor, síganme —dijo Albus amablemente a los niños, ý miró a los Malfoy como diciendo “si quieren saber dónde dormir pues entonces muevan sus traseros”.
Todos los niños de primero y los Malfoy —a regañadientes— siguieron al pelinegro, bajaron hacia las mazmorras, cuando llegaron a la entrada Albus dijo al contraseña.
—Sangre pura.
Orión soltó una risita y su hermana lo siguió, el pelinegro giró y lo miró.
—¿Qué les causa tanta risa? —gruñó.
Orión dejo de reír.
—Pues yo veo que algunos —lo miró—, no tienen la sangre tan pura —Cassiopeia volvió a reír también mirándolo.
Albus metió la mano a su túnica dispuesto a sacar su varita y lanzarle un hechizo, pero ahora fue Logan quien se lo impidió.
—No lo hagas, Albus —le dijo Logan poniéndole una mano en el hombro, el pelinegro miró con frialdad al rubio y a su hermana, para luego entrar a la sala común.
Los demás lo siguieron. Los chicos de primero al entrar se quedaron impresionados por la decoración tan ostentosa de su sala común, aunque estos lujos no parecía sorprender a los Malfoy, quienes miraban todo con indiferencia.
—Las habitaciones están en la segunda planta, a la derecha están las habitaciones de la chicas y a la izquierda de los chicos —indicaba Albus—, ahora todos a sus habitaciones, puesto que mañana es su primer día de clases —dijo a los de primero.
Los niños obedecieron a su prefecto y subieron a sus habitaciones. Mientras que Orión miró a Potter de pies a cabeza para luego subir a su habitación, lo mismo hizo su hermana.
—Tengo que tener paciencia —murmuraba Potter.
—Vamos, Albus, necesitas dormir un poco, ya mañana será un mejor día —le dijo Logan, ambos compartían habitación. Pero Albus no se movió—, anímate, puede que no solo mañana sea un buen día, sino que tal vez haya buenas noticas respecto a tu hermana.
Albus le sonrió a su amigo.
—De acuerdo —dijo, para luego dirigirse a su habitación.
Por otro lado, en las habitaciones de las chicas, la pequeña Malfoy miraba todo con desdén —demás está decir que ella había heredado el horrible carácter de su madre— abrió la puerta de su habitación y se horrorizo cuando descubrió que tenía que compartir habitación.
—¡No!¡Esto es imposible! —hizo una pataleta.
—¿Qué sucede? —le preguntó su compañera de habitación.
La castaña miró a su compañera como si quisiera arrancarle los ojos, la chica retrocedió un paso.
—¿Qué sucede? —repitió con frialdad—, ¿acaso no te das cuenta? —señaló la estancia—, ¡Yo! La única Malfoy después de más de diez generaciones, tengo que compartir habitación ¡Exijo tener mi propia habitación! —siseó.
La otra chica, de cabellos negros miró a la castaña enojada —Neferet, la pelinegra, se enojó por la actitud de Malfoy—, y sacando su carácter Slytherin la confronto.
—Todas compartimos habitación, solo… —iba a decirle que la única que tenía habitación propia era Cygnus Potter, puesto que ella había sido elegida la princesa de Slytherin desde su selección, pero decidió callar, porque pensó que sería mucho mejor ver a la castaña descubrir por sus propios medios esa tan preciada habitación que ella exigía no la iba a poder usar aunque la rubia no estuviera. La pelinegra sonrió al ver el rostro completamente enojado de su compañera—, y no es a mí a quien tienes que reclamar, porque no vas con el director y le exiges una habitación privada —dijo mordazmente la pelinegra.
Cassiopeia Malfoy la miró de pies a cabeza.
—Eso es lo que voy a hacer, pero mañana —dijo caminado hacia su baúl.
Neferet sonrió cuando la castaña se metió al baño a ponerse la pijama.
—No creo que el director pueda hacer algo por ti, Malfoy —susurró la chica.

Al siguiente día, el primer día de clases, todos se levantaron temprano, se sentaron en sus respectivas mesas y desayunaron. Ya cinco minutos para las ocho, Lily y Hugo —que estaban cursando su quito curso— se dirigían a su primera clase del día, Transformaciones con la profesora McGonagall. Mientras Roxanne —hija menor de George y Angelina Weasley— las gemelas Molly y Lucy —hijas de Percy y Audrey Weasley— y Louis —último hijo de Bill y Fleur— se dirigían a su clase de DCAO —las cuatro chicos cursaban su sexto curso—, mientras que Dominique —segunda hija de Bill y Fleur— iba directo a su clase de Encantamientos con el profesor con el profesor Flitwick —ella cursaba su séptimo y último año—. Por otro lado Albus junto a Logan se dirigían hacia la clase de Pociones con el profesor Snape. Albus compartía clase de pociones con su prima Rose —que también cursaba su último curso—, apenas la rubia-pelirroja entro al aula y vio a su primo le sonrió y este le devolvió la sonrisa, luego Rose vio junto a su primo a Logan y lo saludo ligeramente con la mano, este también la saludo.
—Tu prima es hermosa, Albus —dijo Logan viendo a la rubia-pelirroja.
Albus miró a su amigo y sonrió.
Pasaron dos minutos y un hombre vestido completamente de negro entro al aula ondeando su capa al caminar, tenía el rostro serio, como siempre. Miró a todos sus alumnos, pero se detuvo en un rubio de Slytherin, lo miraba como si quisiera traspasarle el alma, y este rubio se dio cuenta de la mirada del serio y osco profesor, lo que hizo descoloco al profesor. Orión Malfoy uso Legeremancia con Snape, pero este rápidamente impidió la intromisión del rubio en su cabeza y lo miró con seriedad, a lo que Orión le sonrió con descaro.
Las dos horas que duró la clase de Snape fueron tensas. El profesor explico la poción que prepararían, ordeno que abrieran el libro en la página correcta y luego se sentó en su escritorio observando a todos.
Ya casi para terminar la clase Snape paso mesa por mesa revisando las pociones, pero cuando llego a la mesa donde se encontraba Malfoy se dio cuenta que su poción está perfectamente bien preparada.
A todos a quien revisaba la poción murmuraba sus típicas palabras: “desastroso”, “terrible”, “mal”, “a esto llamas poción”, “pasable” —está siempre era la palabra con que definía la poción de Rose, “pasable”— porque cuando revisaba las pociones de Albus o Cygnus su frase favorita era: “aceptable, pero eso no significa que esté bien”.
—Bien —susurró con enojo Snape sin mirarlo, a lo que el rubio sonrió con arrogancia.
—Por supuesto que está bien, teniéndolo a usted como profesor entonces todo tendría que salir bien —dijo Orión arrastrando las palabras al hablar—, mi padre ya me había dicho lo buen profesor que usted era —lo aduló.
Pero Snape pasó de largo aun sin mirar al rubio, esto no solo sorprendió a Albus, Logan y Rose, sino a todos. Snape nunca se quedaba callado al escuchar que lo adulaban, o por lo menos eso hacía con Fred II cuando lo adulaba para tratar de escapar de un castigo, el profesor de pociones lo miraba y le contestaba sarcásticamente para luego darle un buen castigo. Y eso de no mirar a Malfoy era mucho más raro, porque ni siquiera a James II dejaba de mirarlo —con frialdad, pero lo miraba— cuando hacia una de sus típicas bromas.
Esta actitud del profesor no le gustó nada a Orión, puesto que él suponía que Snape le aumentaría puntos a Slytherin por su buena preparación de la poción y más puntos le subiría cuando lo adulara —eso era lo que le contaba su padre— pero paso todo lo contrario.
Luego de que salieran de clases de pociones, Albus estaba de mejor humor, ver la cara de enojo de Malfoy porque Snape lo ignoro fue realmente maravilloso para Potter.
Las clases de la mañana terminaron y todos fueron a almorzar.
Albus seguía de buen humor, pero Orión aún estaba con un humor de perros cuando se sentó en la mesa y su hermana no estaba de mejor humor que su rubio hermano.
—¿A ti que te pasa? —le preguntó Orión a su hermana, que no dejaba de mirar la mesa de los profesores.
—Ellos —siseó Cassiopeia.
—¿Quién ellos? —preguntó el rubio mirando el mismo lugar que su hermana, pero para su mala suerte se chocó con los negros ojos de Snape.
—El profesor Longbottom, es un estúpido, pretendía que desenterrara unos asquerosos tubérculos color marrón, claro que me negué y me salí de la clase sin importar que me restara puntos, lo último que escuche de ese profesor fue que estaría castigada. Y ese semi gigante que se hace llamar profesor es peor que Longbottom, quería que cuidemos de unos bichos que botaban fuego, que no se suponía que Hogwarts era el mejor colegio, y yo lo único que veo es que está lleno de escorias —se siguió quejando la castaña, su hermano solo asentí con el ceño fruncido—. Y no te he dicho lo peor —Orión la miró—, tengo que compartir habitación con una niña idiota, como pueden hacer que compartamos habitación.
—Yo también tengo que compartir habitación con un tal Hunter, pero simplemente me dedique a ignorarlo.
—Y lo dices tan tranquilo —le recriminó Cassiopeia.
—Todos comparten habitación, Cassie —dijo con simpleza—, lo único que puedes hacer es ignorar a tu compañera.
La niña frunció el ceño, pero ya no dijo nada más. No le importaba lo que dijera su hermano, ella hablaría con Dumbledore y le exigiría una habitación para ella sola.
Y así lo hizo, luego del almuerzo la pequeña Malfoy encontró al viejo director caminar tranquilamente por uno de los pasillos. Cassiepeia lo alcanzo y le dijo que tenía que hablar con él. Claro que todo eso lo dijo de mala manera, pero el director asintió y la dirigió a su oficina.
Ya dentro de la oficina de Dumbledore, Cassiopeia miraba todo a su alrededor con sorpresa —los objetos raros de Dumbledore le llamaban la atención— pero lo escondía tras una máscara de frialdad. Cuando el director la invito a tomar asiento, la chica comenzó a hablar, no, a hablar no, prácticamente le exigió una habitación propia para ella y para su hermano, le dijo que ellos siendo unos Malfoy, era lo menos que se merecían. Dumbledore la miró a través de sus anteojos de medialuna y le dijo que no era posible cumplir su petición, que todos compartían habitación, y que debería estar conforme porque los Slytherin solo comparten habitación con una persona, no como las otras casas que eran cinco por habitación. Esto horrorizo a la castaña, y no pudiendo hacer nada al respecto en ese asunto, entonces se dedicó a quejarse de los profesores, diciendo que eran unos ineptos, incompetentes y todavía se dio el lujo de aconsejar a Dumbledore, le dijo que si ella fuera él, lo mejor que podía hacer era despedir a todos los profesores y contratar a otros mucho más jóvenes que tuvieran ganas de trabajar.
Dumbledore se quedó anonadado ante tal atrevimiento. A lo que contestó que él tenía al mejor personal dentro de Hogwarts y que confiaba plenamente en ellos y en su trabajo, y luego de eso la invito a retirarse porque tenía muchas cosas que hacer.
Cassiopeia le dedico una mirada de frialdad antes de salir de la oficina del director tirando la puerta. Dumbledore solo negó con la cabeza.

Pasaron dos días desde la conversación de Dumbledore con Cassiopeia, y la castaña aun no descubría la habitación vacía de Cygnus.
Pero no faltaría mucho.
El día miércoles en la tarde Cassiopeia Malfoy empezó a curiosear toda la planta de las habitaciones de las chicas, hasta que llego a una que estaba al fondo, se acercó y pudo leer un nombre en la puerta “Cygnus Potter”.
—Potter —susurró y frunció el ceño, el único Potter que estaba en su casa era un varón y esa habitación estaba en el área de las chicas—, es confuso —musitó, porque sabía que el “prefecto” tenía una hermana, pero esta estaba en Gryffindor. Y suponiendo de qué se trataba de otra hermana de Potter, porque nunca la había visto, era cierto que llevaba en Hogwarts solo unos días, pero aun así ella ya se conocía a todas las chicas de Slytherin, y ninguna respondía al nombre que estaba grabado en la puerta.
No aguanto más su curiosidad y abrió la puerta de la habitación y entro, lo que vio la enfureció. La habitación estaba completamente vacía, nadie dormía ahí. Esa era la habitación que tanto había exigido y se la habían negado.
—Maldito viejo —dijo refiriéndose a Dumbledore.
Salió de la habitación para entrar a la que compartía con la pelinegra, estaba dispuesta a encarar primero a su compañera por haberle mentido, pero no la encontró, así que lo pensó mejor y decidió bajar para preguntarle directamente a Potter sobre esa tal “Cygnus Potter”.
Al momento de bajar a la sala común, le preguntó a un chico de quinto si no había visto a Potter y este le contestó que estaba con Logan Leduc haciendo la tarea de Transformaciones en la biblioteca. Cassiopeia se sentó irritada en el sofá que estaba frente a la chimenea a esperar a Albus.
A los minutos entro a la sala común Neferet Britt —la chica pelinegra con quien Cassiopeia compartía habitación— y muy sonriente se sentó junto a su compañera.
—Hola, Malfoy —saludó Britt.
Cassiopeia no le respondió el saludo, sino que le hizo una pregunta.
—¿Quién es Cygnus Potter?
Neferet parpadeó varias veces y luego respondió.
—Es la hermana de Albus. ¿Por qué?
Cassiopeia frunció el ceño.
—La hermana de Potter, por favor, su única hermana es esa tonta pelirroja que está en Gryffindor, y la habitación que yo descubrí pertenece aquí, a Slytherin —dijo fríamente.
Neferet sonrió, ya había llegado el momento de que Malfoy hiciera una rabieta.
—Lily no es la única hermana de Albus —respondió la pelinegra mirando sus uñas.
—¿Ah, sí? —dijo Cassiopeia con burla—, pues yo no he visto a la “supuesta” otra hermana de Potter por ningún lado.
Neferet no contestó inmediatamente porque sabía que no podía estar contando los problemas familiares de sus compañeros de casa.
—Es que esa tal Cygnus Potter está desaparecida, hermanita —contestó Orión con una sonrisita petulante, él estaba detrás de ellas y había escuchado la última parte de la conversación de su hermana.
—¡Oye! No es gracioso que una persona haya desaparecido —le reclamó Neferet al rubio al verlo sonreír.
Orión la ignoró olímpicamente.
—¿Cómo te enteraste de eso? —le preguntó su hermana, quién también ignoró a la pelinegra.
—Pues hace como una hora estaba en la biblioteca y de casualidad escuche a Potter y a Leduc hablar de ello —respondió.
—¿Sabes hace cuanto lleva desaparecida? Tal vez ya no regrese y yo me pueda quedar con esa habitación —dijo la castaña.
—Según dijeron lleva como cuatro semanas desaparecida y seguramente ya no aparezca —el rubio camino y sentó en un sofá cerca a su hermana.
—Como pueden hablar así de una pobre chica, no saben lo que puede estar pasando, lo que puede estar sufriendo por no estar con su familia —dijo completamente impactada Neferet—, y sobre todo tú —señaló a Cassiopeia—, no querrás que aparezca solo por quedarte con una maldita habitación y…
—¡Ya cállate, Britt! —gritó Cassiopeia.
La chica se calló, pero luego volvió a hablar.
—Deberían pensar en el sufrimiento de los demás, no te das cuenta que podría ser tu hermana la desaparecida —le recriminó a Orión quien nuevamente sonreía.
Y al momento de escuchar lo que dijo la pelinegra, ambos hermanos soltaron a reírse.
—¿Sabes lo que pienso? —dijo el rubio, y Neferet lo miró—, que esa chica, la hermana de Potter, no está desaparecida, sino que debe estar pasándola de lo lindo con algún noviecillo por ahí —rió—, sí, eso debe ser, porque según mi madre la esposa de Harry Potter antes de estar con él tuvo muchos novios, y la hija salió igual de zorra que la madre —rió más fuerte, sus risas fueron acompañadas con las risas de su hermana.
—¡REPITE ESO, MALFOY! —se escuchó el gritó de Albus y los hermanos dejaron de reír—, ¡ATRÉVETE A REPETIRLO! ¡VAMOS! —siguió gritando Albus Potter, apuntando con su varita al rubio.
Orión se levantó del sofá, caminó hacia Albus y también lo apunto con su varita.
—¿Qué pasa, Potter? —preguntó Malfoy con una sonrisa arrogante—, si todo lo que dije es verdad, tu hermana debe ser igual de zorra que tu mad…
—¡Expelliarmus! —gritó Albus.
—¡Protego! —dijo Orión evitando el ataque.
—¡Expulso! —gritó Albus y esta vez Orión no pudo protegerse y cayó fuertemente contra el suelo, el pelinegro rió—, vamos, Malfoy no me digas que eres tan débil y estúpido.
Varios chicos y chicas aparecieron cuando notaron la pelea del prefecto Potter y el chico nuevo.
El rubio cogió su varita que había caído a un costado y se levantó adolorido.
—¡Locomotor Mortis! —le lanzó Orión, pero Albus lo evito con un “Protego”—. ¡Serpensortia! —gritó el rubio y una serpiente cayó de la varita y se fue directo al pelinegro.
Albus miró al rubio y luego a la serpiente, y se rió.
—Error, Malfoy, has cometido un gran error —dijo calmadamente Albus.
—No lo creo —respondió Orión—. Podría indicarle a la serpiente que te atacase.
Albus volvió a reír, y miró a la serpiente directamente a los ojos.
—«¡Hola!, no me atacaras, ¿cierto?» —los hermanos Malfoy y los alumnos de primero vieron sorprendidos la escena, y no solo por el siseo de Albus, sino porque la serpiente de lo dispuesta que estaba a atacarlo, se detuvo y miraba al pelinegro con fijeza—, «¡A él!» —siseó Albus en arranque de ira por lo dicho anteriormente por el rubio.
Y justo cuando la serpiente se giró hacia Orión dispuesto a atacarlo, el profesor Snape apareció en la sala común con un chico de segundo curso tras él —el cual parecía haberlo ido a buscar para que diera por terminada la pelea—. Vio a la serpiente, a Orión todavía con la varita levantada y a Albus con una sonrisa en el rostro. Snape hizo un movimiento de varita y la serpiente desapareció en un humo negro.
—¿Qué sucedió? —preguntó Snape de muy mal talante.
Nadie contesto.
—Pregunté, ¿qué sucedió? —repitió.
—Potter habla pársel —acusó Cassiopeia—, y ordeno a  la serpiente que atacara a mi hermano.
Snape miró a Albus con seriedad.

***

En la casa Potter
James Sirius salió de la chimenea sacudiéndose los restos de hollín de su túnica. De inmediato se fue al despacho de su padre y empezó a revolver todo.
—¿Harry? ¿James? —preguntó Ginny al escuchar ruidos en el despacho.
—Soy yo, mamá —contestó James Sirius a su madre.
Ginny entró al despacho y vio a su hijo buscar algo con urgencia.
—¿Qué buscas? —le preguntó.
—Unos documentos, es sobre el caso de ese mortífago Zabini, ¿creo?, papá piensa que podría saber algo de Cygnus…
—¿Estás diciendo que tu hermana pudo ser secuestrada por ese mortífago? —preguntó Ginny con temor, pero no por ella sino por su hija.
—No lo sabemos, mamá, pero podría ser —contestó James sin levantar la vista de los documentos.
—No creo que estén ahí, vi tu padre revisando esos documentos hace dos noches, seguramente lo dejo en la habitación, voy por ellos…
—No, mamá, yo voy —dijo el pelinegro.
Y sin darle tiempo a contestar a su madre, subió con rapidez a la habitación de sus padres y se puso a buscar dicho documentos, pero en ese momento de estar revolvió muchos pergaminos se cayó una carta, la cual parecía muy maltratada, como si la hubieran releído muchas veces y luego la hayan estrujado.
Esto lo sorprendió demasiado. Miró hacia la puerta para asegurarse de que su madre no lo viera.
Sabía que esa carta no le debía de importar porque lo que estaba buscado era los documentos que le encargo su padre, pero su curiosidad pudo más y desdobló el pergamino dispuesto a leerlo.

Querida Hermione
Espero que estés bien. Lamento todo el sufrimiento que te estoy causando, y también lamento la forma en que te enteraste, pero tenía que ser sincero contigo, no te merecías estar más tiempo engañada. No sabes cómo me arrepiento de ese maldito desliz que tuve, y ni si quiera esa mujer te llega a los talones. Pero ahora tengo que cumplir como hombre con ella.
Sé que soy un cobarde por no haber podido decir “No” cuando era necesario, y cometí el error que cometemos todos los hombres por estúpidos.
No te haces una idea de las ganas que tengo de estar a tu lado, de poder ver tus hermosos ojos miel, de volver a besar tus labios, de poder sentir el olor a vainilla que desprendía tu piel, de poder sentir tu piel con la mía nuevamente, pero sé que eso ya no es posible. Lo eche todo a perder, fui un reverendo estúpido.
Perdóname, eso es lo único que te pido, perdón, puesto que ya no puedo pedirte más nada, tú me lo diste todo, llenaste mi triste existencia en amor y felicidad, y yo no lo supe aprovechar.
Te amo, y este pergamino no es lo suficientemente ancho y largo para decirte que te amo, te amo de todas las formas posibles, y porque te amo quiero que encuentres a alguien digno de ti, alguien mucho mejor que yo.
Te deseo suerte y toda la felicidad del mundo mi amada Hermione. Y para que esa felicidad que te deseo se haga realidad, te juro que desapareceré de tu vida.
Te amo,
Draco Malfoy

Pd.: Recuerda que siempre te amaré, no voy amar a nadie como te amo a ti.

James no podía creer lo que había leído, esa carta era de su tía Hermione —la verdadera madre de su hermana— pero porque lo tenía sus padres, bueno, eso no importaba mucho, lo que importaba era que ese hombre Draco Malfoy era el verdadero padre de Cygnus, ese hombre fue el que dejo a su tía a su suerte.
Ginny subió a su habitación al no ver bajar a su hijo.
—¿Encontrarte esos documentos? —preguntó, pero se puso pálida al ver la carta que su hijo tenía en sus manos. Intento arrebatárselo de las manos, pero James lo retiró antes—. Devuélveme esa carta, James —exigió la pelirroja—. No te pertenece.
—Y a ti tampoco, mamá. Esta carta es de la tía Hermione. Pero eso no es lo importante, lo importante aquí es que me entere que ese tal Draco Malfoy es el verdadero padre de mi hermana.
Ginny frunció el ceño.
—El único padre de tu hermana es Harry, tu padre, mi esposo —corrigió.
—Pero…
—Malfoy nunca se encargó de Cygnus, él ya tiene otra familia —dijo Ginny interrumpiendo a su hijo—, y te exijo, James, que cuando tu hermana aparezca, porque va a aparecer, no le digas nada de esto.
James miró a su madre, él nunca la había visto tan nerviosa y temerosa, desde que tenía uso de razón siempre vio a una Ginny Potter valiente, fuerte, decidida. Pero ahora parecía que temía que con la sola mención de ese tal Malfoy, este pudiera materializarse ahí mismo y reclamé su paternidad.
El pelinegro asintió, y le entrego la carta a su madre.
—Será mejor que guardes esa carta en un lugar seguro, no vaya hacer que así como yo lo encontré uno de mis hermanos también lo haga.
Ginny cogió la carta y la guardo en un cajón de su velador y para que nadie pueda volver a cogerla le puso un hechizo al cajón.
—Y no te preocupes, mamá, no le diré nada a Cygnus sobre Draco Malfoy —agregó James. Su madre le sonrió y le acarició la cara.
—Gracias —susurró Ginny—. ¿Y encontrarte los documentos que tu padre necesita? —preguntó.
—Eh… sí, aquí están —dijo mostrándole los documentos a su madre.
Ginny asintió.
Y cuando Ginny iba a preguntar si había pistas sobre su hija, unos golpecitos en su ventana la distrajeron.
Ginny fue hacia la ventana y la abrió dejando pasar a la lechuza, esta estiro su pata para que desamarrara el pergamino. Y apenas desamarro el pergamino la lechuza emprendió nuevamente el vuelo.
La pelirroja desenrolló el pergamino y mientras leía su ceño se iba frunciendo más.
—¿Quién la manda? —cuestionó el pelinegro.
—El Profesor Snape —respondió Ginny—, Albus se peleó con un compañero de su casa.
James puso cara de desconcierto, su hermano nunca peleaba, y mucho menos con un compañero de su propia casa.

POV Cygnus
Ya habían pasado tres días desde el partido de Gryffindor y Ravenclaw; papá y el tío Ron me invitaron a su sala común a celebrar su victoria, y yo no me pude negar, al principio algunos leones me miraron raro cuando entre a su sala común —claro, es insólito que una Slytherin pise la sala común de los leones— pero luego se fueron relajando y para qué negarlo, yo también me relaje y me empecé a sentir cómoda. Seamus Finnigan y Dean Thomas se habían encargado de traer comida y bebidas y así la fiesta dio comienzo.
Debo reconocer que la pase bien, platique un poco con Neville —el profesor Longbottom en mi época— con Seamus, Dean —ellos al comienzo estaban un poco recelosos conmigo, pero mientras platicábamos nos fuimos acoplando— pero sobre todo con quien más me agrado platicar es con mi madre. Ella es realmente grandiosa, y como me contaron mis padres en el futuro a ella no le gusta el quidditch, pero iba siempre a animar al equipo, otra cosa que también comprobé es que detesta volar en escoba, solo lo hace cuando es sumamente necesario —en eso somos completamente distintas porque yo adoro volar, me gusta sentir el viento en mi rostro, seguramente eso lo herede de ese hombre que me engendro— Pero fuera de eso,  mamá me conto sobre su novio secreto, y aunque tenía muchas ganas por saber quién era, respete su decisión cuando me dijo que aún no era el momento de que lo supiera, pero si me conto que era muy feliz con él, más que feliz, se sentía dichosa —pobre mamá si supiera que después ese hombre nos abandonara, no estaría tan feliz— yo le sonreí como respuesta.
—¿Y a ti no te gusta ningún chico? —me preguntó.
Sinceramente nunca espere una pregunta como esa, así que solo me dedique a mirar al frente donde vi a mi padre sentado el sofá y tenía a mamá Ginny abrazada, también vi a tío Ron este estaba comiendo —como siempre— mientras tía Luna —la cual no me di cuenta de cuando entro a la sala, o tal vez ya estaba ahí— sonreía por un comentario de mamá Ginny. De pronto mi mirada choco con la de mi padre, y me sonrió, yo también hice lo mismo. Hasta que me di cuenta de que tenía que responder a la pregunta que me había hecho mi madre.
—Bueno… en realidad no me gusta nadie —contesté.
—¿No? —preguntó nuevamente mamá.
Pero al escuchar ese “¿No?” sentí como mi cara se empezó a calentar y no era porque había tomado muchas cervezas de mantequilla. Y yo lo sabía muy bien, esto no se lo había dicho absolutamente a nadie, pero a mí me gustaba un poco el profesor de DCAO de mi época, él era un hombre joven, educado, competente en su trabajo y muy guapo.
—Está bien te lo diré, esto no se lo he dicho a nadie —mamá me miró—, a mí me gusta el profesor de DCAO particular que yo tenía —mentí en esa parte.
Mamá parpadeó.
—¿En serio? —preguntó, y yo asentí.
—Pero eso ya no importa, no creo poder verlo durante un tiempo, y quizás cuando lo vuelva a ver él ya esté casado —dije resignada—. Además, no creo que él se fijara en mí en un plan romántico.
Mamá puso una mano en mi brazo tratando de consolarme.
—Ya verás que encontraras al hombre de tu vida, así como yo lo encontré, tú solo ten paciencia —me sonrió.
Luego de esas palabras de consuelo de mi madre me hicieron sentir querida.
—Gracias —le dije.
—¿Por qué?
—Por ser buena conmigo, por aconsejarme —contesté.
Ella me miró fijamente, parecía que se debatía en decirme algo, pero al final no dijo nada, y yo tampoco pregunte.
Luego de una hora más, decidí irme a mi sala común, ya que pronto seria el toque de queda, me despedí de mi padre, mis tíos y mis dos madres. Papá quiso acompañarme a mi sala común, pero yo le dije que mejor se quedara con mamá Ginny, y él acepto.
Camine lentamente hasta mi sala común, y cuando entre me encontré con Malfoy —quién me miraba con curiosidad— Pansy, Theo y las hermana Greengrass, ellos parecían esperarme.
—¿Dónde estabas? —me preguntó Malfoy.
No iba a responder, pero nada más para que no diga que soy una grosera respondí.
—Estaba en la sala común de Gryffindor celebrando su victoria.
Theo parecía molesto. Cosa que me sorprendió.
—¿Te dejaron entrar? —preguntó ahora Daphne.
—Sí, es que Harry y…
—Claro, Potter —me interrumpió su hermana—, él te invito y tú aceptaste… porque te gusta, ¿no es cierto? —pude detectar maldad en sus palabras.
—¡Astoria! —le advirtió su hermana.
—No me gusta Harry, él y yo somos amigos, así como también soy amiga de Ron, Hermione, Ginny, Neville y Luna —le aclaré con enojo—, no sé qué mente tan cochambrosa tienes al pensar que yo podría meterme con Harry, sabiendo que él tiene novia. Si es que no sabes yo respeto mucho las relaciones de pareja y más me respeto yo como para ser la amante. Y como una vez me dijo mi madre, yo no nací para ser la amante de ningún hombre, yo nací para ser la señora, la esposa —sentía la mirada de todos sobre mí, pero una con más intensidad—, aunque claro, el león piensa que todos somos de su misma condición —agregué.
Theo soltó una risita que luego disfrazó como tos cuando Greengrass lo miró con enojo.
—¿Qué quieres decir con eso? —gruñó Greengrass.
Yo la miré y me encogí de hombros.
—Depende de lo que tú quieras creer —le contesté—, buenas noches a todos —les dije antes de subir a mi habitación.
Y desde hace tres días que Astoria Greengrass no me habla, y ni siquiera me mira, lo cual agradezco mucho a Merlín, Morgana, Zeus y a todos los dioses por eso.
Pero olvidándome de Greengrass, debo de decir que mis clases extracurriculares con el profesor Snape van cada vez mejor. También he dedicado mi tiempo a ir a la biblioteca para buscar información sobre como regresar a mi época, pero lamentablemente aún no he encontrado nada.
Paciencia, eso es lo que me repito cada vez que leo un libro y no encuentro nada.
Lo bueno es que estoy aprovechando todo este tiempo acá para conocer mejor a mi madre biológica. Me siento muy feliz porque cada vez me llevo mejor con ella, es como si nos conociéramos de toda la vida. Tal eso sea el llamado de la sangre.


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