| Albus Severus Potter |
POV Autora
En el despacho del director, se encontraban obviamente
Dumbledore, el profesor Snape —el cual tenía en el rostro una mirada de
frialdad que te cala hasta los huesos— Albus Potter y Orión Malfoy, estos dos
últimos estaban sentados frente a Dumbledore, mientras que Snape estaba parado
a un costado del director.
—No sé porque estoy yo aquí, si Potter fue el que me
ataco, y se supone que es un “prefecto” —se quejó Malfoy, y el pelinegro lo
miró con furia—. Además, no sé qué estamos esperando, ya llevamos como diez
minutos y no han dicho nada —habló con altanería.
—Pues por lo pronto podría mostrar un poco más respecto
para con sus superiores —gruñó Snape, y el ojiverde sonrió internamente.
Orión hizo un gesto de molestia.
—Estamos esperando a sus respectivos padres señor Malfoy
y señor Potter —contestó calmadamente el director.
—¿Llamaron a mis padres? —preguntó groseramente Orión.
Albus Potter se sintió un mal hijo, porque sabía que sus
padres ahora estaban volcados en buscar a su hermana y él provocando problemas.
—Señor, tal vez mis padres no puedan venir —dijo Albus,
hablando por primera vez—. Ya sabe, ellos están muy ocupados.
—Lo sé, señor Potter, pero el profesor Snape se encargó
de mandarles una carta a sus padres para que asistan a esta reunión, así que me
temo que ya es tarde para impedir que vengan —dijo Dumbledore, mirando al chico
a través de sus lentes de media luna.
Albus Potter evito mirar a Snape porque sabía que si lo hacía
no podría evitar que su enojo salga a la luz nuevamente.
Orión soltó una risita que trato de disfrazar con una
tos.
El pelinegro apretó los puños. Pero antes de contestar al
rubio, escuchó unos toques en la puerta.
—Adelante —dijo Dumbledore.
La puerta se abrió y una pareja paso a la estancia con
pasos elegantes, pasos que a Albus le hizo recordar a su hermana desaparecida.
La mujer tenía los cabellos castaños oscuros, cara seria
y unos ojos verdes tan fríos como los de sus hijos —ahora veo de quien lo heredaron, pensó el ojiverde—. Mientras que
el hombre era alto, rubio platinado de ojos grises, piel pálida, vestía
completamente de negro.
Albus apenas ver al hombre quedo petrificado.
¿Qué
significa esto? Ese hombre es idéntico a mi hermana, pensaba el pelinegro, sin siquiera parpadear.
—Padre, madre —saludó Orión a sus padres, los cuales lo
miraron con seriedad.
Los esposos Malfoy miraron a su hijo con seriedad, y
luego miraron al chico que estaba sentado al costado de su hijo. Astoria lo
miró con asco al reconocer de quien era hijo el pelinegro; y Draco lo miró con
curiosidad, sobre todo al ver su túnica con la insignia de Slytherin.
—Buenos tardes, señores Malfoy —saludó el director.
—Buenos tardes —respondieron los Malfoy.
—¿De qué acusan a mi hijo? —preguntó prepotentemente
Astoria.
—Yo no hice nada, madre —se defendió el rubio—. En cambio
Potter, sí. Le ordeno a una serpiente atacarme, jactándose de que habla pársel.
Los Malfoy miraron a Albus, Draco con sorpresa de que un Potter
actuara de esa manera, según lo que recordaba él, Harry Potter solo actuaba mal
cuando se sentía amenazado él o a los suyos; y también conocía perfectamente el
actuar de su primogénito, era mucho peor que él en sus primeros años de escuela.
Por otro lado Astoria miraba con odio al menor de los varones Potter, y ya iba
gritarle un par de cosas cuando unos toquidos en la puerta se lo impidieron.
—Adelante —volvió a decir Dumbledore.
Ahora entro en la oficina un hombre de unos 36 años
cabellos negros, de ojos verdes detrás de unos anteojos redondos y con una
cicatriz en forma de rayo en la frente, la mujer era pelirroja, de ojos
castaños solo era un año menor que su pareja, sin duda se trataba de los
esposos Potter, los cueles miraban a su hijo con interrogación. Pero nada se
comparó con la expresión que pusieron al ver ahí a Draco Malfoy, junto a una
mujer de rostro frío.
—Buenas tardes —saludó Harry, al ver que su esposa no
reaccionaba.
Pero Ginny al escuchar la voz de Harry, negó con la
cabeza y salió de su aturdimiento, y también saludo.
—Buenas tardes —saludó el director.
—¿Qué sucede? —preguntó Ginny Potter.
—Sucede que tu hijo ataco a mi hijo, Potter —respondió
mordazmente Astoria.
Ginny y Harry volvieron a centrar su vista en su hijo.
—¿Hiciste eso, Albus? —preguntó Harry con sorpresa y un
poco de enojo, a la vez que se acomodaba los anteojos.
—Sí —respondió Albus sintiéndose avergonzado por su
actuar.
Astoria y Orión sonrieron ligeramente.
—¿Qué le hiciste? —cuestionó ahora Ginny a su hijo.
—Pues me imagino que ya sabrán que su hijo habla pársel —dijo Astoria de mal modo. La
pareja Potter tuvo que asentir—. Ya tienen su respuesta entonces, su hijo le
ordeno a una serpiente que atacara a mi hijo. Su hijo es un criminal —agregó la
castaña.
—Astoria —advirtió Draco, arrastro el nombre al hablar.
Los Potter miraron al rubio, a la pareja con amargura y
su hijo con curiosidad.
—Exijo un castigo para Potter —casi ordeno Astoria a
Dumbledore, ignorando la advertencia de su esposo.
—Sí, yo también creo que merezco un castigo —dijo la
réplica de Harry sorprendiendo a todos. Astoria sonrió victoriosa—. Pero con
todo respeto, señora Malfoy, su hijo merece también un castigo, y uno mucho
mayor que él mío, porque él provoco todo esto.
—Yo no tuve nada que ver —saltó Orión.
—Espero que eso sea cierto, Orión, porque si eres
culpable de algo le pedirás disculpas a Potter —dijo Draco a su hijo sin
objeción de quejarse.
Vaya, eso sí que dejo mucho más sorprendidos a los
Potter. Pero Astoria taladraba con la mirada a su esposo.
—Explique los que sucedió, señor Potter —dijo
Dumbledore—, porque lo que dijo el profesor Snape fue que los encontró con la
varita en la mano y parecía que le había ordenado a la serpiente atacar al
señor Malfoy, pero que este tenía la varita levantada hacia usted. Aunque nada
es siempre lo que parece —agregó Dumbledore.
—Está bien, reconozco que le ordene a la serpiente atacar
a Malfoy —ahora el que sonrió fue Orión, pero al darse cuenta de que Snape lo
observaba borró su sonrisa—, más antes nos habíamos estado lanzando hechizos,
hasta que Malfoy como último recurso lanzó un serpensortia —Orión frunció el ceño—, y yo lleno de irá aproveche
que hablaba pársel para atacarlo.
—¿Y por qué sentía ira, señor Potter? —preguntó Snape, con
un tono de astucia.
Albus Potter apretó los puños dentro de los bolsillos de
su túnica. Y Orión frunció más el ceño.
—Porque… porque Malfoy ofendió a mi hermana y a mamá
—contestó el pelinegro.
—¿Qué fue lo que dijiste, Orión? —preguntó Draco con
enojo, sin dar oportunidad de negar la acusación del chico Potter.
—¿Estás desconfiando de tu hijo, Draco? —saltó Astoria—,
¡no puedo creerlo! ¡Es tu hijo!
—¡Por eso mismo lo digo, Astoria! —siseó el rubio mayor—.
Ahora responde, Orión —le exigió a su hijo.
Me pagaras,
esto, Potter, juro que me las pagaras,
pensaba Orión.
—Yo solo dije que su hermana desaparecida… en realidad no
estaba desaparecida sino que andaba con algún novio por ahí —la pareja Potter
miró con severidad al menor de los Malfoy, ¿cómo se atrevía ese chico a hablar
de su hija?, si él ni siquiera la conocía.
Harry tuvo que detener del brazo de Ginny para que esta
no fuera y abofeteara al chico rubio, pero eso no quería decir que estuviera
contento con las palabras del rubio menor.
—¿Cómo te atreves a burlarte de mi hija desaparecida? —le
increpó Ginny, conteniendo las lágrimas.
Orión no respondió.
Patética, pensó el rubio al ver a Ginny.
Astoria miraba a su hijo con cierto orgullo, por su
crueldad. Pero Draco lo miraba con decepción, él había hecho todo lo posible
para educar a su hijo de una manera distinta a la que fue educado él, pero
parecía que no lo había logrado.
—Pero eso no fue todo lo que dijo, también ofendió a mi
madre. Vamos, si eres realmente hombre repite lo que dijiste de ella también
—lo retó Albus.
Orión miró a sus padres, a los padres de Albus, al
director, a Snape, y por último miró a ojiverde, ya estaba perdido, de todas
maneras recibiría un castigo, castigo del cual pagaría el chico que tenía a su
costado.
—Asegure que la hermana de Potter no estaba desaparecida
y que se había ido con un noviecillo por ahí, porque había salido igual que la
madre, que había tenido muchos novios antes de casarse con Harry Potter —Ginny
taladraba con la mirada a Orión—, así que la chica esa había salido igual de zorra que la madre.
Astoria quiso reír, pero no pudo porque vio a su hijo
girar la cara por la bofetada que había recibido.
Pero esa bofetada no había sido por parte de Ginny, ni
por parte de Harry, ni mucho menos de Albus. La bofetada se la había lanzado
nada más y nada menos que Draco.
El rubio se había sentido indignado por las palabras de
su hijo, y sobre todo por esa chica que ni siquiera conocía y que estaba
desaparecida, no lo sabía explicar, pero se sentía raro cuando la mencionaban y
saber que su hijo la había ofendido lo lleno de ira. Así que se acercó
rápidamente a su hijo y lo abofeteo —nunca lo había hecho— y sabía que eso era
lo que se merecía, tal vez si lo hubiera hecho antes su hijo no sería tan
patán.
—¡Draco! —exclamó Astoria con sorpresa y enojo, antes las
miradas incrédulas de los presentes.
Orión había puesto una mano en la mejilla afectada y
miraba a su progenitor con rabia.
Padre me ha
hecho quedar en ridículo, nunca le perdonaré esta humillación y mucho menos que
haya sido delante de escorias,
se decía Orión.
—Y ahora mismo le pedirás perdón a la señora por lo que
dijiste de ella, y también le pedirás perdón por haber hablado mal de su hija
—exigió Draco, con tono enérgico.
Pero Orión no se movió ni dijo nada, solo frunció el
ceño.
¿Qué le pasa
a padre? ¿Por qué actúa de esa manera? Él nunca me había golpeado y mucho menos
me había exigido pedir perdón a alguien,
pensaba el rubio con enojo.
—¿Qué no escuchaste lo que te dije, Orión? —siseó Draco.
—Draco —dijo Astoria enojada—, no puedes obligarlo hacer
algo que no desea.
Draco miró a su esposa con la mirada más fría de la que
le fue posible.
—No te metas en esto, Astoria —gruñó el rubio mayor.
Todos los presentes no podían creer la forma de actuar de
Draco Malfoy, puesto que el antiguo Draco solo habría escuchado todo lo que
había dicho su hijo y luego habría argumentado que su heredero había sido
provocado por su otro compañero.
—Es mi hijo —argumentó Astoria.
—Y también el mío, y al cual no educamos bien, porque se
ha comportado como cualquier cosa, pero menos como un hombre.
Para que un
hijo actué como un verdadero hombre, primero el padre debe ser uno, pensó Harry recordando el sufrimiento de la que fue su
mejor amiga por el mismo rubio que acababa de decir todo ese discurso.
—Déjalo, Malfoy —dijo Harry, con tono amargo, luego de
unos minutos de que todos estuvieran en silencio en la oficina—, no puedes
obligarlo a hacer algo que no siente. Con lo que escuchamos es más que
suficiente.
Draco miró a su hijo con severidad.
—Él lo hará, Potter —sentenció el rubio mayor, poniendo
una mano en el hombro de su hijo y apretándolo un poco.
Astoria por su parte parecía que lanzaría crucios con sus ojos a su esposo.
Me pagaras
toda esta humillación, Potter,
pensaba Orión.
Levantó la cabeza arrogantemente y miró a la familia
Potter.
—Lamento… lamento lo que dije de usted, señora Potter
—dijo mirando a Ginny con asco—, y también… lamento haberme burlado de su… hija
—a medida que hablaba el rubio menor apretaba más sus puños.
—Muy bien —dijo Draco—, ahora solo falta el castigo que
le impondrá, profesor Snape.
Snape volvió a colocar su rostro impasible.
—Por lo pronto será mi asistente, todas las noches
después de la cena tendrá que ir a mi despacho para ayudarme a corregir los
trabajos de los demás chicos de los primeros años —dijo Snape con voz rasposa.
Maldición, pensó el rubio menor.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Astoria.
—Hasta que el señor Malfoy aprenda a controlar su boca…
—dijo Snape—, o hasta que yo crea conveniente —terminó con una mueca.
Snape aún no se olvidaba de la osadía del primogénito de
Draco.
¿Cómo se
atreve ese mocoso a querer entrar en mi mente?, pensaba Snape con amargura.
Draco asintió, y por más que Astoria quiso reclamar, una
mirada de su esposo la callo.
—¿Cuál será el castigo para Albus? —preguntó Ginny, que
sabía perfectamente que por más que su hijo quiso defender a su hermana y a
ella, y por más que ese chico se lo mereciera, lo que había hecho estaba mal.
Dumbledore respondió en esta ocasión.
—Será el ayudante de Hagrid por el tiempo que él crea
suficiente, ayudara en las clases con los chicos de los primeros cursos.
—Muy bien —dijo Harry.
Ginny y Albus asintieron.
Albus estaba tranquilo, ayudar a Hagrid no lo consideraba
un castigo, es más estaba seguro que se divertiría con su muy grande amigo y
eso la ayudaría a relajarse un rato de los hermanos Malfoy, sobretodo del
mayor.
Mientras Orión evitaba sonreír, puesto que creía que
estar con esa “bestia”, como había apodado a Hagrid, era peor que estar con el
osco profesor.
No sabía lo equivocado que estaba.
Luego de varios minutos ambas pareja de esposos con sus
respectivos hijos salieron de la oficina de Dumbledore. Ambas familias se
encaminaron por pasillos distintos.
Albus miró hacia atrás en el mismo momento que Draco
también giraba la cabeza, ambas miradas se encontraron gris con verde
esmeralda. Draco lo miraba con añoranza, parecía como si él todavía fuera un
estudiante de último curso, y que ese chico que lo miraba era Harry Potter y
que a sus costados estarían Ron Weasley y Hermione Granger, su hermosa y adora
castaña que solía sonreírle con amor y le guiñaba un ojo como dándole a
entender que luego se verían en el lugar de siempre, pero negó con la cabeza y
volvió a la realidad. Por otra parte Albus lo miraba con interrogación. ¿Por qué ese hombre se parecía tanto a su
hermana?, se preguntaba. Aunque la pregunta correcta seria ¿por qué su
hermana se parecía tanto a ese hombre?
Giró la cabeza para mirar nuevamente al frente.
A menos que
Draco Malfoy sea… el verdadero padre de… Cygnus…, pensaba Albus. No puede ser, su hermana era una Malfoy,
y era hermana de verdad de esos desagradables chicos.
Quería preguntarle a sus padres si sus teorías eran
ciertas, pero cuando dirigió la mirada a sus padres, se dio cuenta que ambos
estaban serios, así que decidió preguntar otro día.
—Iré a ver a Hagrid —dijo de pronto Harry Potter, mirando
a su esposa y a su hijo.
—Eh, sí, yo tengo que hacer unos deberes —dijo Albus.
Ginny miró a los dos pelinegros de ojos verdes.
—De acuerdo, yo buscaré a Lily —dijo esta, para darle
privacidad a padre e hijo, y giró por una curva para dirigirse a la sala común
de Gryffindor.
—Estuvo mal lo que hiciste, Albus —dijo Harry.
—Lo sé, pero es que él hablo mal de mamá y de Cygnus y yo
no lo iba a permitir —dijo Albus con el ceño levemente fruncido.
—Te entiendo, pero ordenarle a una serpiente atacar a
Malfoy… ni yo lo hubiera hecho en mis épocas de escuela —Harry rió ligeramente,
provocando una sonrisa a su hijo—. La próxima vez en lugar de lanzar hechizos,
solo podrías usar unos de los productos de tu tío George.
Albus rió. ¿Acaso su padre le estaba dando permiso para
hacer bromas? Pues si era así, lo aprovecharía.
Luego de unos minutos paro de reír.
—Papá —dijo Albus y Harry le prestó atención—, ¿saben
algo de Cygnus?
Harry se puso serio.
—No —respondió—. Pero no te preocupes, Albus —dijo
poniendo una mano cariñosamente en el hombro de su hijo—, así sea lo último que
haga la encontraré.
Albus asintió distraídamente.
—No te preocupes, Al, todos tus tíos también están
ayudando a buscarla…
—Me gustaría ayudar —dijo el chico.
—Cuidar de Lily y no meterte en más problemas ayudaría.
Albus nuevamente se sintió culpable por su actuar.
—Lo siento —murmuró.
—Ya no importa, Al. Solo no tomes muy en serio las
palabras de Malfoy, recuerda que todo lo que haga será para molestarte y
provocarte —aconsejó.
—De acuerdo —asintió el menor de los varones Potter.
—Bien, iré a ver a Hagrid —dijo el señor Potter dando un
abrazo a su hijo como despedida.
Harry caminaba fuera del castillo, ya casi se acercaba al
bosque. Sonrió cuando vio a lo lejos la cabaña de Hagrid, pero borró la sonrisa
cuando vio a unos pasos a Draco Malfoy.
Parecía que lo estaba esperando.
—Potter, hace años que no nos vemos —dijo el rubio como
saludo.
—Y hubiera querido que siguiera así —contestó el
pelinegro.
Draco soltó una risita arrogante, como las que le
dedicaba cuando ambos eran estudiantes.
—¿Qué haces aquí? —interrogó el auror.
—Te esperaba —confesó el rubio.
Harry levantó una ceja.
—Lamento las palabras de Orión —dijo Draco seriamente.
—Sí, no me hizo gracia lo que dijo de mi esposa y de mi hija —Draco se dio cuenta que Harry había
recalcado la palabra “hija”, y no entendió porque lo hizo—, pero creo que ya
tiene su merecido.
Draco asintió.
Pasaron varios minutos donde ninguno de los dos hombres
hablaron. Harry empezaba a caminar de nuevo cuando la voz del rubio lo detuvo.
—Así que tu hijo está en Slytherin —dijo Draco al
pelinegro—, sí que me lleve una gran sorpresa.
Harry giró y lo miró con incredulidad.
—No creo que me hayas esperado solo para “disculparte” y
para decirme que te sorprende que mi hijo sea un Slytherin, Malfoy.
Draco suspiró.
Ese comentario solo era una excusa para preguntarle a
Harry por ella.
—Tienes razón —admitió—, en realidad te quería preguntar
por… ella.
Harry rió sin sentir gracia.
—¿Por “ella”? —repitió—, ¿Quién ella? ¿Acaso con “ella”
te refieres a Hermione?
El rubio asintió.
—Yo no tengo porque decirte nada acerca de Hermione —dijo
con seriedad—, mejor ve con tu esposa, Malfoy, de seguro que debe estar
buscándote.
Harry luego de decir esto al rubio siguió con su camino.
—Potter… —dijo Draco con tono de súplica, haciendo que
Harry parada, pero no volteo a mirarlo—. ¿Solo quería saber cómo está?
—Hermione está mejor sin ti —fue lo único que dijo y
siguió caminando.
***
En el año 1998 – Época Pasada (Hogwarts)
Ya había pasado unos días del día que Draco planeo su
malicioso plan. Y ya había llevado acabo la primera parte de su plan. Le había
enviado una carta a su padre pidiéndole que venga al colegio, y aunque su padre
aun no le había contestado la carta, estaba seguro que lo haría al siguiente
día.
—Veamos, padre, veamos que tan bien puedes fingir
teniendo a tu bastarda frente a frente… y yo de espectador —decía el rubio.
Y rió al imaginar la incomodidad de su padre y de la
rubia.
—El que solo se ríe de sus maldades se acuerda, dicen el
en mundo muggle —una voz detrás de él hizo que dejara de reír.
Se giró y se encontró con una castaña que le sonreía.
—Y el que ríe último, ríe mejor, ese también es un dicho
muggle —dijo Draco sonriendo de lado.
La castaña levantó una ceja con curiosidad.
—Vaya, no creí que supieras sobre dichos muggles.
—Aun no sabes muchas cosas sobre mí, Hermione —dijo Draco
acortado la distancia con la chica. La tomo de la cintura y junto sus labios
con los de ella haciendo una danza de lo más perfecta con sus labios.
Lo bueno era que estaban dentro de la Sala de los
Menesteres, su lugar predilecto para amarse sin reservas.
—Me dirás de que reías —dijo Hermione al rubio cuando
dejaron de besarse.
—No es importante —alegó Draco y beso nuevamente a la
chica sin darle oportunidad a hablar—. Además, debes recompensarme, porque
llegas tarde a nuestra cita.
—Lo siento, pero me fue muy difícil zafarme de Harry y de
Ron.
—Deberíamos hacerlo público para dejar de escondernos,
pero debo reconocer que tener una relación secreta lo hace excitante —susurró
Draco en el oído de la castaña.
Hermione soltó unas risitas, que se convirtió en un
gemido cuando el rubio beso su cuello y le empezó a acariciar su muslo.
***
Y mientras los amantes dejaban volar su pasión en la Sala
de los Menesteres, una rubia de ojos grises caminaba sonriente por los lindes
del bosque, cuando un perro negro se acercó a ella.
—Fan —la rubia
se agacho a hacerle cariño al perro, y aunque el animal no la conocía se dejó
acariciar por la rubia porque no percibió maldad en ella—. ¿Cómo estas, Fan? Veo que mucho más joven que en mi
época —dijo con una tonta voz de niña.
El perro movía la cola feliz de la atención recibida a la
vez que le llenaba de baba las puntas de la túnica de la chica.
Un semi gigante veía la escena con curiosidad. Primero,
porque esa chica era de Slytherin; segundo, porque desde el primer momento que
la vio se le hizo muy parecida a Draco Malfoy; y tercero, porque su apellido
era Potter.
Dando cinco pasos quedo a un metro de distancia de la
rubia.
Cygnus levantó la mirada al escuchar los pasos, y ella
reconocía perfectamente esos pasos. Se trataba de su buen amigo Hagrid. Así que
sin pensarlo se levantó y prácticamente corrió el metro de distancia que lo
separa de Hagrid, y lo abrazo.
—Hagrid —dijo con voz tierna y alegre—, ¿cómo has estado?
¿Cómo ha estado Grawp? —preguntó.
Hagrid sorprendido, solo atino a poner su enorme mano en
la espalda de la rubia.
—¿Bien? —respondió Hagrid, pero más sonó como una
pregunta, cosa que hizo a Cygnus alejarse de su amigo. Puesto que en otra
ocasión Hagrid la habría abrazado y le hubiera preguntado qué nueva broma
estaba planeando, pero ahora los ojos negros del semi gigante la miraban con
interrogación.
La rubia se separó de Hagrid, y mordió su labio superior
con nerviosismo. Gesto que a Hagrid le hizo recordar a cierta castaña, amiga
suya.
—¿Cómo sabes de Grawp? —preguntó Hagrid con el ceño
ligeramente fruncido.
—Ah…, pues… Harry me hablo de ti y de tu hermano… y
bueno… yo quise venir a conocerlo, claro que ya te conocía a ti, siempre te veo
a la hora de las comidas —respondió Cygnus, pero haciendo pausas.
La rubia rogo para que Hagrid le creyera.
Hagrid sonrió.
—¿Harry te hablo de mí y de mi hermano? —preguntó.
—Sí —dijo Cygnus, asintiendo con la cabeza—, me dijo que
te gustaba mucho los animales y me conto que hasta una vez tenías un dragón de
mascota y también me conto que en su quinto curso Ron, Hermione y él conocieron
a tu hermano.
—Sí —dijo Hagrid, sonriendo—, ¿quieres conocerlo? —le
preguntó.
—Me encantaría —respondió la rubia. Ella no le temía a
Grawp, aun recordaba que su época ella lo conoció cuando iba su primer curso, y
la primera vez que Grawp la vio no la lastimo y en realidad nunca lo hecho. Es
más Grawp solía llamarla “bonita”—, pero ahora no puedo tengo que ir a clases,
pero mañana si, lo prometo. ¿Puedo ir a buscarte a tu cabaña? —preguntó.
—Claro —respondió Hagrid, parecía muy feliz de que le
hicieran compañía a su hermano—. ¿Sabes una cosa? —preguntó y la chica lo
miró—, para ser una Slytherin eres muy amable.
Cygnus rió con ganas.
—No eres el primero que me lo dice, algunos Gryffindor ya
me lo han dicho antes.
Hagrid pareció avergonzado.
—No te preocupes, no me molesta —le aclaró—, por cierto
mi nombre es Cygnus…
—Potter, sí lo sé —dijo el semi gigante—, y yo soy
Hagrid, pero creo que eso ya lo sabes.
La rubia volvió a reír.
—Bien, Hagrid, debo irme o sino el profesor Flitwick me
regañara y me bajara puntos. Nos vemos mañana —se despidió con la mano.
—Adiós, Cygnus —el semi gigante también se despidió con
la mano.
Cygnus suspiró con alivio, casi comete un error.
Siguió su camino hasta llegar por unos de los pasillos,
donde se encontró con su padre.
—Hola, papá —lo saludó dándole un beso en la mejilla.
Harry le sonrió.
—Hola, ¿dónde estabas? —le preguntó.
—Estaba con Hagrid y con Fang, ambos están mucho más jóvenes —comentó la chica, Harry volvió
a sonreír—. Aunque casi cometo un error.
—¿Por qué? ¿Qué hiciste? —preguntó el ojiverde.
—Se me olvido que estaba en el pasado —la rubia señaló
toda la estancia—, y lo trate con mucha confianza a Hagrid y hasta le pregunté
por Grawp.
Harry se acomodó los lentes.
—¿Y cómo saliste de ese error? —le preguntó con
curiosidad.
La rubia sonrió.
—Le dije que tú me habías contado sobre él y sobre su hermano,
hasta le hable sobre el dragón que tenía, y eso pareció convencerlo.
—Corriste con suerte esta vez —dijo Harry—. Tienes que
tener más cuidado.
—Sí, ya lo sé y lo siento —dijo avergonzada.
Harry le acarició paternalmente la mejilla sonrojada y
ella sonrió quedamente, y en un impulso por parte de ella, de un leve salto lo
abrazo, pero Harry perdió el equilibrio y cayó al suelo con la rubia sobre él.
Ambos se miraron a los ojos, para luego soltar carcajadas.
Pero ninguno de los dos se dio cuenta de las miradas
curiosas de las hermanas Patil, que justamente pasaban por el pasillo del al
frente y miraban la escena con sorpresa.
—¿Ese es Harry Potter? —preguntó Padma y su melliza
asintió—. ¿Y se estaba abrazando con esa chica de Slytherin?
—Sí —respondió Parvati.
—¿Y crees que le esté siendo infiel a Ginny por estar con
esa? —preguntó Padma.
—No lo creo de parte de Harry, pero de las serpientes se
espera de todo, hasta de engatusar a Harry para que rompa su relación con la
pobre de Ginny —contestó su melliza.
—Pobre Ginny. ¿Ella lo sabrá? —volvió a preguntar Padma.
—No lo creó.

