POV Draco
Iba caminando por los pasillos de Hogwarts, muy enojado por el
descubrimiento que había hecho y lo peor de todo era que no pude dormir en toda
la maldita noche pensando en la infidelidad y en la hija bastarda de mi padre.
¿Cómo le pudo hacer eso a mi madre? A ella que siempre lo apoyo hasta en sus
decisiones erróneas.
—Draco —escuché que alguien me llamo.
Ignoré a quien sea que me esté llamando y seguí caminando, hoy día no
estaba de ánimos de hablar con nadie.
—DRACO —gritó esta vez la persona que me llamaba. Pero yo volví a
ignorarlo y seguí caminando.
Escuché pasos apresurados cerca de mí y luego alguien me puso una mano
en el hombro, yo giré para saber quién era.
Era Severus.
—¿Qué quieres? —le dije zafándome de su mano.
—Hablar contigo —dijo.
Yo reventé de cólera.
—Tú siempre lo supiste, Severus, siempre lo supiste y nunca fuiste claro
al decirme quien era Cygnus Potter en realidad —le grité.
—Ya lo descubriste —me dijo.
—Sí. Ya lo sé todo. Pero, ¿por qué maldita sea no me lo dijiste desde
el primer momento en que te enteraste? —le recriminé.
—Yo no lo sabía, recién ayer me enteré de todo.
—MENTIROSO —le grité.
—Baja la voz —susurró—, ¿acaso quieres que todos se enteren? —cierto
no debía permitir que nadie se enteré de la verdad—. Y no miento, me enteré de
todo ayer, cuando Dumbledore me dijo el secreto de Cygnus Potter.
—El viejo de Dumbledore también lo sabe —maldita sea, hasta el viejo
sabía de la infidelidad de mi padre, menos yo.
¿Y mi madre? ¿Mi madre lo sabrá?
—Sí, Dumbledore lo sabe, lo supo todo desde el primer momento en que
la vio. Pero no entiendo porque te pones así, deberías de estar feliz de
tenerla a tu lado, después de todo ella es tu…
—¿Feliz? ¿Yo debería estar feliz? Crees que podría estar feliz viendo
a la hija bastarda de mi padre todos los días rondando por ahí, y para cerrar
con broche de oro, todavía pertenece a mi casa. Claro es que los Malfoy siempre
han pertenecido a Slytherin. Ojala y nunca hubiera aparecido —siseé.
Vi que Severus estaba desconcertado.
—Lo único cierto que has dicho es que ella es en realidad una Malfoy
no una Potter. Pero todo lo otro no es verdad.
—Por favor, Severus, tú mismo me insinuaste que ella era mi hermana y
ahora has dicho que Dumbledore te lo confirmo. No trates de confundirme.
—Yo no dije eso. Pero déjame decirte una cosa, Draco, abre muy bien
los ojos porque tienes frente a ti la verdad, no dejes que la ira te ciegue.
—Tratas de confundirme, pero no lo vas a lograr —nos quedamos en
silencio unos minutos—. Ya sé lo que voy hacer.
Sonreí.
—Ten mucho cuidado con lo que hagas, Draco. Ella no sabe nada de que
es una Malfoy. No vaya a hacer que luego te arrepientas de lo que le hagas.
Haré que esa mocosa me confiese la verdad, estoy seguro que ella sabe
quién es en realidad. Solo se está haciendo la tonta, pero yo ya se la manera
de que me diga la verdad. Sé que funcionara.
Seguí con mí caminando sin importarme que dejaba a Severus con la
palabra en la boca.
—Draco, Draco —me llamó, pero no le hice caso—. Ten muy presente lo
que te he dicho, Draco.
Eso fue lo último que escuche, porque después me dirigí a la Torre de
Astronomía a planear lo que iba hacer.
POV Cygnus
Pansy seguía dormida, seguramente se quedó hasta tarde despierta
hablando con las Greengrass, sus amigas. A mí no me caía muy bien Astoria
Greengrass, le sentí malas vibras, en cambio su hermana Daphne si me cayó
mejor, ellas dos pueden ser hermanas, pero son muy distintas, Astoria tiene el
cabello castaño oscuro y Daphne es rubia, y no solo son distintas físicamente,
también son distintas en carácter, por lo poco que me pude dar cuenta.
Me acerque a la cama donde dormía Pansy.
—Pansy, Pansy —la moví levente para despertarla.
—¿Qué pasa? —preguntó adormilada.
—Ya es tarde. Levántate o no te dará tiempo ni de desayunar antes de
ir a clases.
—¿Qué hora es? —me preguntó y luego bostezo.
—Las 7 de mañana.
—Pero tú ya estas con el uniforme puesto —dijo.
—Es que yo me levante a las 6. Vamos, anda, levante o se te hará
tarde.
Se estiro en la cama y luego se levantó perezosamente.
—Tengo sueño —se quejó—. Me quede hasta las 3 de la mañana platicando
con Tori y Daph.
—Con razón tienes sueño —susurré.
—Cuando vine a la habitación, tú ya estabas dormida, tan dormida que
ni cuenta te diste cuando entré.
—Tenía mucho sueño —le contesté.
—Oye, Cygnus, ayer en la noche cuando te fuiste a dormir, Draco
también se fue supuestamente a dormir, pero yo creo que se fue detrás de ti.
No le contesté, solo la miré.
—Tu mirada me da a entender que si estoy en lo correcto —asentí—. ¿Qué
quería? —preguntó curiosa.
—Nada.
—¿Cómo que nada? —preguntó a la vez que se metía al baño.
—Bueno, quería hacerme unas preguntas —reí nerviosamente—, creo que le
afecto lo que nos dijo las Greengrass… eso de que… parecíamos… hermanos. Que
estupidez.
—No es ninguna estupidez. A mí también me lo pareció la primera vez
que los vi —se sinceró Pansy.
—Eso es imposible, Malfoy y yo no tenemos ningún parentesco.
—Bueno, sí, pero…
—Pansy, me voy un momento a la biblioteca —la interrumpí, no quería
escuchar nada más.
—De acuerdo, nos vemos en el Gran Comedor —me contestó y luego sentí
caer el agua de la ducha.
Caminé hasta llegar a la biblioteca, ese lugar era como mi paraíso
personal, todo era tan tranquilo, solo se escuchaba la relajante sonido de la
pluma en el tintero y luego la pluma deslizándose por el pergamino, claro eso
era en las tardes, cuando los chicos hacían sus tareas para el siguiente día.
Porque en las mañanas como en este momento, todo era silencio, solo podía ver a
algunos cuantos chicos leyendo, pero realmente eran muy pocos.
Cogí un libro al azar y me dirigí hacia la mesa más alejada. Pero algo
llamo mi atención, una cabellera pelirroja hasta la cintura. No podría ser
nadie más que mi madre.
Me acerque a ella.
—Buenos días, ma… digo Ginny —la saludé.
Ella volteó y me sonrió.
—Buenos días, Cygnus —me devolvió el saludo.
—¿Qué haces? —le pregunté.
—Vine a devolver esté libro y que cogí ayer.
La vi con intenciones de quererse subir a una silla para
poner el libro en su lugar.
—Un momento —llamé su atención, porque volteó a verme—, y tu varita.
—La olvide en mi habitación, así que tendré que poner este libro a su
lugar en la forma muggle.
—¡No! —exclamé, mi mamá volvió a poner su atención en mí—, ni se te
ocurra subirte a esa silla en tu estado.
Abrió los ojos como plato.
—¿A qué estado te refieres? ¿Acaso tú…?
No termino de formular la pregunta.
—Lo sabes —susurró luego de unos minutos.
—Sí —le contesté.
—¿Quién te lo dijo?
—Nadie. Pude verlo en tus ojos —me miró sorprendida—, no me mires así,
en verdad lo puedo ver en tus ojos, veo luz, felicidad y unas ganas tremendas
de vivir por él, por él fruto del amor. Ese brillo en tus ojos no tiene
comparación, ni siquiera con una bella estrella fugaz.
Era increíble todo lo que podía ver en su mirada, no mentía cuando le
dije todo eso. Creo que si yo no hubiera venido del futuro y sea una chica de
esta época, una chica que ignorara el estado de mi madre, igual lo hubiera
descubierto, por su mirada.
Vi que a mi madre se le llenaron los ojos de lágrimas, era cierto eso
de que las embarazadas tienen las hormonas revueltas.
—Lo siento —dijo cuándo resbalaron las lágrimas por sus mejillas—.
Esas palabras que has dicho son tan hermosas, nadie me había dicho nada igual.
Aparecí un pañuelo y se lo di.
—Gracias —susurró y yo asentí.
—Yo pondré el libro en su lugar —le dije.
Levité el libro hasta colocarlo en su lugar.
—Eres tan linda, y no lo digo solo por lo físico, eres una linda
chica, y también son lindos tus sentimientos. Seguramente tus padres tienen
mucho que ver en eso —asentí y le sonreí—, ellos hicieron un buen trabajo
contigo.
—Sí, sí que lo hicieron y lo seguirán haciendo.
Si supieras que Harry y tú son mis padres, no los bilógicos, pero los
quiero como si lo fueran.
—Te digo algo y no te enojas.
—Claro.
—No pareces una Slytherin.
Sonreí por lo que dijo.
—Sí. No eres la primera que me dice eso.
Sonrió.
—Me imagino que mi pa… —me corregí—, que Harry debe de estar muy feliz
con la noticia de que será padre, ¿verdad?
—Sí, está muy feliz.
—Será un buen padre y tú serás una buena madre, estoy segura de eso.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —me preguntó curiosa.
Me encogí de hombros.
—Tan solo lo sé —le respondí—. Y ahora a desayunar, me imagino que te
mueres hambre —dije a la vez que le tocaba el ligero vientre abultado.
Si era cierto cuando mi mamá me dijo que ella siempre hacia su vientre
pequeño cada vez que se embarazaba.
—Oh —dije cuando sentí que el pequeño James se movió cuando puse mi
mano en el vientre de mi madre.
—Se movió —dijo mi madre.
Nos quedamos unos minutos en silencio y yo lentamente quite mi mano de
su vientre.
—Bueno a desayunar —le dije.
—Pero no ibas a leer —me dijo cuando vio que yo la acompañaba.
—Sí, pero para leer tengo toda la tarde —le contesté.
Las dos entre pequeñas bromas —eso me hizo acordar a mi época—, nos
dirigimos al Gran Comedor. La acompañe hasta su mesa.
—Buenos días —saludé a todos en general.
—Buenos días, Cygnus —dijeron mi papá y mi tío Ron a la vez.
—Buen día —dijo mi mamá Hermione y yo le sonreí.
—Buenos días —me saludo alguien, era una voz soñadora y cuando fije mi
mirada, pude darme cuenta de una cabellera rubia sentada junto al tío Ron, era
mi tía Luna.
—Buenos días, Luna —le dije.
Vi en la entrada del Gran Comedor acercarse muy rápidamente al
profesor Neville.
—Me quede dormido —dijo cuándo se sentó.
—Sí, ya todos nos dimos cuenta —le dijo el tío Ron.
Todos sonrieron por su comentario.
—Sí, creo que ya me estoy contagiando de ti y de Harry —le contestó el
profesor Neville.
—Oye, yo no te dije nada —se defendió papá.
—Sí, pero… oh, hola Cygnus —dijo cuándo recién se percató de mi
presencia.
—Hola, Neville —le sonreí y él me devolvió la sonrisa.
Sentí la mirada de mi padre sobre mí. Me parece o le molesto que me
hablara con el profesor Neville. Estará celoso —en mi época era igual de
celoso, y no solo conmigo también era celoso con Lily— pero ahora eso sería
ilógico, el profesor Neville podría ser mi padre.
—Eh, bueno, me voy a mi mesa. Nos vemos luego —me despide de ellos, al
sentirme un poco incomoda con la mirada de mi padre.
Caminé hasta llegar a mi mesa y senté junto a Theo.
—Hola, Theo —lo saludé.
—Buenos días, Cygnus —me respondió.
—¿Y Malfoy? —pregunté cuando no lo vi sentado junto a Pansy, como
siempre.
—No lo hemos visto —me contestó Pansy y luego me sonrió pícaramente.
¡Ay, por Merlín! Espero que esa pregunta que he hecho no la haga creer
más que a mí me gusta Malfoy.
—¿Y por qué preguntas por Draco? ¿Cuál es tu interés en él? —siseó
Astoria Greengrass.
Ya le iba a responder, pero el que contesto primero fue el imbécil de
Zabini.
—Ten cuidado, mi querida Tori, pero creo que Potter tiene un interés
especial en tu prometido.
—Cállate —le dije—. Siempre que tú abres la boca es para decir puras
estupideces —hablé la más fríamente posible, y él me miró serio, pero yo no me
deje intimidar—. Y sí pregunte por Malfoy fue porque se me hizo raro no verlo
aquí, desde que llegue Malfoy nunca ha faltado a desayunar. Y no tengo ningún
interés especial en tu prometido, Greengrass —le aclaré.
—Draco ya no es el prometido de Tori —dijo Daphne.
—¡Daphne! —le medio gritó su hermana y luego frunció el ceño.
Ya no le preste más atención a Astoria y a Zabini, me puse a desayunar
a la vez que conversaba un poco con Theo, Pansy y Daphne, confirmado Daphne
Greengrass es mejor que su hermana.
Pero sentía una mirada insistente de la mesa de los leones a la mesa
de los Slytherin —mi mesa—. Levante la vista y me di cuenta que quien miraba
era mi mamá Hermione. Seguramente estaría mirando a su novio. Pero, ¿quién de
todos ellos sería? ¿Quién de todos ellos sería mi padre biológico?
Miré de reojo a todos los chicos, pero ninguno tenía las mismas
facciones que yo tengo. Desistí de mi tarea y seguí desayunando.
Luego de desayunar, nos dirigimos a clases, todo estuvo normal, no
hubo ningún contratiempo, pero lo que si se me hizo raro es no ver a Malfoy, no
vino a desayunar y no entro a clases en toda la mañana. ¿Qué le pasará? ¿Estará
enfermo? Me da ganas de ir a su habitación a ver si se encuentra bien o no,
pero si voy y entro a su habitación podrían pensar mal, puesto que como él es
“El Príncipe de Slytherin” tiene una habitación para él solo, y además Astoria
podría pensar mal —aunque no debería importarme lo que ella piense de mí— pero
no quiero causarle problemas con su prometida a Malfoy.
Las horas pasaron rápidamente y cuando me di cuenta, ya era la hora de
almorzar, pero se me quito el apetito de solo pensar en verles las caras a
Zabini y a Astoria, al parecer eran muy buenos amigos, como dice un viejo dicho
muggle: “Dios los cría y ellos se juntan”.
Decidí ir a la biblioteca y hacer mis deberes, para después de la cena
ir a cumplir el castigo con el profesor Snape.
Estaba tan entretenida que no sentí cuando una persona se acercó a mí.
—Cygnus —dijo alguien y reconocí la voz de mi mamá Hermione.
—Hola, Hermione —le sonreí.
—¿Estás haciendo los deberes? —me preguntó.
—Sí. Necesitas ayuda en algo —le pregunté y ella sonrió—, oh, lo
siento, tú no necesitas me ayuda porque eres muy inteligente.
—Tú también eres muy inteligente —me dijo.
—Sí, mis hermanos y mis primos se aprovechaban de eso para que les
haga sus deberes.
Recordé cuando James, Fred, Hugo y a veces Lily y Albus me pedían
ayuda para hacer sus tareas, pero en realidad lo que querían era que les
hiciera sus tareas, los que más seguido me buscaban para que les haga sus
tareas era James y Fred.
—¿Tienes hermanos? —me preguntó a la vez que se sentaba a mi lado.
—Sí —le contesté—. Tengo tres hermanos, bueno, en realidad cuatro.
Me estaba olvidando de Teddy —sus padres eran Remus Lupin y Nimphadora
Tonks— él es el ahijado de mi padre y es como si fuera otro hijo para mi padre,
y para mamá Ginny. Pero ahora ya no vive con nosotros porque esta de luna de
miel con su esposa, Victoire Weasley, ahora Victoire Lupin.
—Qué bueno que tengas hermanos, no es muy bonito ser hija única. Te lo
digo por experiencia, yo soy hija única y a veces me sentía sola.
—Sí, la vida me recompenso dándome hermanos.
La vida o el destino me quito a mis padres, bueno, me quito a mi
madre, porque mi padre biológico nos abandonó a mi mamá y a mí. Pero la vida me
recompenso dando a Harry y Ginny Potter como mis padres y a James, Albus, Lily
y Teddy como hermanos.
—Hay algo que no entiendo, primero dijiste que tenías tres hermanos,
pero luego te corregiste y dijiste que tenías cuatro hermanos.
—Ah, es que yo tengo tres hermanos, pero también el ahijado de mi
padre es como si fuera un hermano para nos nosotros, mis padres lo criaron
desde que era un bebé.
—Tus padres deben de ser muy buenas personas, nadie se hace cargo de
un bebé así nada más —me sonrió—, pero que coincidencia mi amigo Harry también
cuida de su ahijado que se quedó huérfano, se llama Edward Remus, pero le
decimos Teddy es un metamorfomago, aunque ahora como está aquí en Hogwarts los
que se hacen cargo del pequeño Teddy son los Weasley.
Yo solo pude asentir, porque no supe que contestar.
—Ah, Cygnus, yo quería hablar contigo sobre tu comportamiento con el
profesor Snape.
—¿Qué hay con eso? —le pregunté.
—No crees que te comportaste mal con él, después de todo es nuestro
profesor y merece respeto, ¿no lo crees?
—Sí —susurré.
—Bueno, y a qué esperas, tienes que disculparte con él —más parecía
una orden que un consejo.
Sonreí por eso, ahora si se estaba comportando como mi madre de
verdad.
—De acuerdo, me disculpare con él cuando vaya a mi castigo.
—Me parece muy bien.
—¿Y cómo va la relación con tu novio? —le pregunté y ella se sonrojo.
—Bien.
—Hoy día a la hora del desayuno te sorprendí mirando mucho hacia mi
mesa —se sonrojo más después de lo que le dije.
—Sí, es que me pareció raro no verlo desayunando, y me preocupe mucho,
creí que estaba enfermo, pero que bueno que está bien. Estuvimos platicando.
—Igual que Malfoy, hoy día tampoco fue a desayunar —le comenté—.
Hermione —ella me miró—, ¿tú piensas que Malfoy yo parecemos hermanos? —le
pregunté.
—Ah… no, ustedes dos no tienen nada en común —susurró—. ¿Por qué me lo
preguntas?
Mi mamá parecía nerviosa, se estrujaba las manos impaciente. No
seguramente no estaba nerviosa y solo eran imaginaciones mías.
—Bueno me tengo que ir a ver si Harry y Ron han terminado de hacer sus
deberes. Adiós —dijo parándose y luego salió de la biblioteca rápidamente.
***
Luego de la cena fui al salón de pociones para cumplir con mi castigo,
pero mientras iba caminando recordé que en la cena Malfoy estuvo muy extraño,
sobre todo conmigo, cada vez que nuestras miradas se encontraban, él me
sonreía, eso hacía que la carne se me ponga de gallina y los vellos de mi
cuello se erizaban. No entiendo porque se comportaba de ese modo, espero que
ese comportamiento solo haya sido por hoy porque no creo poder soportar eso
todos los días.
¿Qué le pasaría hoy día a Malfoy? Ayer su comportamiento para conmigo
fue muy distinto, casi me exigió que le respondiera todas esas preguntas acerca
de mi familia. No pues ahora sí creo que es definitivo, Malfoy es bipolar.
Paré cuando llegue frente a la puerta del salón de pociones y toque la
puerta.
—Pase —escuché la voz del profesor Snape.
—Buenas noches, profesor —le dije apenas entré al salón.
Él solo asintió con la cabeza. Y luego me indico lo que debía hacer.
Empecé a acomodar las pociones por orden alfabético e igual que el día
anterior sentía la mirada penetrante de Snape sobre mí, me sentí incomoda y a
la vez no me deja de rondar por la cabeza lo que me dijo mi mamá Hermione: «Bueno,
y a qué esperas, tienes que disculparte con él». Así que me di la vuelta y me
puse frente al profesor Snape.
Él levanto la vista del libro del cual fingía estar leyendo y me dijo:
—¿Qué hace parada aquí? ¿Por qué no sigue con lo que le ordene que
haga? —me regañó.
—Profesor… —le dije.
—Siga con lo suyo, señorita Potter.
—Pero profesor, yo quería…
—Siga con lo que le mande hacer o de lo contrario tendrá dos semanas
más de castigo —me amenazó.
Fruncí el ceño, porque no me dejaba hablar.
—Pero profesor porque no me deja hablar —dije a la vez que golpeaba su
escritorio con las palmas de mi mano.
—Su insolencia me molesta mucho, Potter, diez puntos menos para su
casa por su falta de respeto —siseó.
—Está bien puede bajarme todos los puntos que quiera, no le discutiré,
pero yo solo quería disculparme con usted por mi mal comportamiento de ayer.
—¿Cómo dice? —preguntó confuso.
—Pues eso, discúlpeme por mi mal comportamiento de ayer, en verdad lo
siento, profesor.
Él me miró con ojos entrecerrados.
—Sabe que aunque se disculpe no le quitare el castigo, ¿verdad?
—Sí, lo sé, pero como le dije, yo solo quería disculparme.
—Bien, ahora que ya lo hizo, vuelva con lo suyo —me ordenó.
Qué difícil es el carácter del profesor Snape, nada le agrada.
Luego de una hora termine lo que me mando a hacer y me fui directo a
mi dormitorio. Me di una ducha rápida me puse mi pijama y me metí bajo las
cómodas cobijas de mi cama. Dormí plácidamente.
***
Ya habían pasado un par de días y Malfoy seguía comportándose extraño
conmigo, era demasiado amable, ni siquiera se enojaba cuando yo le contestaba
de una manera no muy amable, pero es que me exasperaba tenerlo cerca de mí, por
cualquier lado me lo encontraba, por los pasillos, en la biblioteca, en el
campo de Quidditch, etc.
Lo bueno es que el castigo que me impuso Snape, no interfiere con la
salida a Hogsmeade, mañana podíamos ir a relajarnos después de tantas clases,
yo ya necesitaba algo de relajación urgente, con Astoria Greengrass, Zabini y
ahora Malfoy molestándome —cada uno a su manera, claro— pero molestaban.
—Cygnus —escuché la voz de Malfoy a mis espaldas, yo volteé para
mirarlo, era la primera vez que me llamaba por mi nombre y no por mi apellido—
ya te puedo llamar por tu nombre, ¿verdad?, o prefieres que te llame por tu
apellido —no sé porque sentí un poco de burla cuando dijo lo último.
—Llámame como quieras —le dije para que ya me dejara en paz.
—Bueno, de acuerdo, entonces te llamare por tu nombre.
—¿Necesitabas algo? —le pregunté.
—Sí. Aunque no creo que sea una necesidad, más bien creo que es una
invitación —me dijo y me sonrió.
—¿Una invitación? —pregunté incrédula.
Ahora con que me va a salir.
—Sí, una invitación. Te quería invitar a salir mañana, ya que mañana
podemos ir a Hogsmeade, entonces te propongo que la pasemos juntos.
Me dio una tos repentina. Malfoy me dio unos leves golpecitos en la
espalda para que se me pasará la tos.
No podía creer lo que me había dicho.
—¡¿Qué?! —exclamé, cuando pude hablar.

vaya, Draco no seas tan idiota, y no molestes a Cygnus, es sangre de tu sangre y carne de tu sangre, date cuenta mi querido rubio
ResponderEliminarsi, por fin actualizaste, pense que habias abandonado esta historia, y bueno, me encanto este capitulo, aunque Draco sea un poco tonto y no se dé cuenta de que Cygnus es su hija, digo si es una sepiente astuta deberia darse cuenta de lo obvio ¿no?
ResponderEliminar