lunes, 10 de abril de 2017

Pacto entre Serpientes


POV Cygnus
Así como llegue temprano a clase, también llegue temprano al castigo, aunque en realidad no fue un castigo, yo lo llamo clases extras con el profesor Snape —antiguo blanco de mis bromas, en el futuro—. Antes el profesor Snape me parecía que era muy inteligente, pero ahora me parece que es un sabio, no, él tiene un don con todo esto de las pociones.
Me quede anonadada con todas sus investigaciones, y eso que no era ni la cuarta parte de lo que ya ha investigado. Snape tiene pociones realmente interesantes, y si no me gustara tanto las leyes mágicas, estoy segura que mi otra opción para estudiar seria pociones.
Luego del castigo o clases extras, me fui directo a mi sala común, pero en camino me encontré con Malfoy.
—¿Saliendo del castigo con Snape? —me preguntó.
—Sí. ¿Y tú, de dónde vienes? ¿De estar con alguna conquista? —pregunté sin mucho interés.
Lo vi fruncir el ceño, pero luego sonrió con arrogancia.
—¿Por qué? ¿Acaso estás celosa? —me preguntó, pero note en su tono de voz la malicia.
Reí con ganas por su pregunta.
—Sí, claro, muy celosa —dije con sarcasmo—. La que si debería estar celosa es tu prometida, Astoria Greengrass.
Volvió a fruncir el ceño. Pero esta vez no sonrió.
—Entre ella y yo no hay nada.
—Está bien. Solo no te sulfures —le dije en son de paz.
Seguí caminando, pero Malfoy me detuvo poniendo una mano en mi brazo.
—Espera —dijo—. Porque no vamos a dar una vuelta, aún es temprano para estar metidos en la sala común —me propuso, pero yo seguía mirando su mano encima de mi brazo.
—Eh, primero suéltame —dije zafándome de su mano—, y segundo, no puedo, porque yo voy a ir a la biblioteca, necesito un libro para hacer los deberes de Transformaciones —mentí.
La sola idea de dar una vuelta con Malfoy no me agradaba. No era que desconfiara de él —como podría hacerlo si él me salvo de estúpido de Zabini—, es solo que no sé cómo explicarlo, pero parece que Malfoy intenta que yo me fije en él. Y eso no me gusta nada, digo, no es que sea feo, al contrario es muy guapo, pero me siento extraña cuando Malfoy intenta acercarse a mí con intenciones de querer tener otra relación más que la amical.
—¿En serio prefieres ir a la biblioteca antes que dar una vuelta conmigo? —me preguntó arrogantemente.
—Sí —respondí sin titubear.
Él me miró fijamente como si intentara descubrir algo raro en mí, para luego rió ligeramente.
¿Qué le pasa?, me pregunté.
—Bien, entonces vamos, te acompaño a la biblioteca, aunque la idea no me agrade mucho —no me dio tiempo a contestar, porque me tomo de la mano y me arrastro por el pasillo.
—Yo puedo caminar sola —dije luego de unos minutos de estar tratando de zafarme de su agarre.
—Bien —dijo soltándome la mano.
El resto del camino hacia la biblioteca lo hicimos en silencio, él no me hablaba y yo tampoco lo hacía. Lo miré de reojo, y me di cuenta de que estaba metido en sus pensamientos porque tenía una expresión seria en su pálido rostro.
Tenía curiosidad de saber en lo que pensaba. Como me gustaría usar legeremancia, pero no puedo porque se daría cuenta, aparte de que no es nada educado hacer eso.
Llegamos a la biblioteca y Madame Pince nos miró severamente.
—En cinco minutos cierro la biblioteca —anunció, con un tono de voz serio.
—Es más que suficiente —contestó Malfoy.
Caminé hacia las estanterías con Malfoy detrás de mí. Tome los libros que me hacía falta, y también tome otro libro para leerlo como entretenimiento.
Salimos justo a tiempo, para nuestro bien, porque Madame Pince no tiene un buen carácter.
—No era necesario que me acompañaras, pero gracias —le dije.
—Encantado en acompañarte —su voz sonó seductora y sonrió, eso me incomodo terriblemente. Juro que sentí como si James, Albus o Teddy (que son mis hermanos) me intentaran coquetearme, y eso me asqueo.
Seguimos caminando en silencio, después del comentario tan… incomodo, yo no respondí nada. Y Malfoy no habló tampoco.
—Esta mañana en clase de pociones —Malfoy empezó a hablar, luego de unos minutos a la vez que la miraba de reojo—, te vi muy amiguita de Potter.
Pare de caminar al instante de escuchar tal acusación oculta. Y él hizo lo mismo.
—¿Qué quieres decir con eso, de que me viste muy amiguita de Harry? —lo encaré.
—¡Hey, tranquila! —dijo tranquilamente.
—Nada de tranquila, ¿qué estás insinuando? Esta no es la primera vez que me dices algo parecido.
—Está bien, te lo diré de frente. Yo solo te prevengo —su mirada era seria—, Potter es el novio de Weasley, y seguramente se casaran al acabar el colegio. Así que deja de hacerte ilusiones con él. Nunca podrás tener nada con él, solo una amistad. Así que espero que tomes el consejo que te estoy dando.
Apreté con mucha fuerza los libros que tenía contra el pecho. Me enfureció lo que Malfoy pensaba. ¿Cómo se le ocurría que yo guardo algún sentimiento romántico a Harry? Por Dios y por Merlín, Harry es mi padre.
Pero Malfoy no lo sabe, dijo una voz muy parecida a la de mi mamá Ginny en mi cabeza.
Sí, tienes razón, le contesté mentalmente a la voz.
—Te agradezco el consejo, Malfoy —dije con sinceridad—, pero te aseguro que yo no pretendo nada romántico con Harry. Lo veo como a un… hermano —lo miré a los ojos, tal vez no me creía.
—¿Cómo a un hermano? —asentí. Él no quito su mirada de mí.
—¿Qué pasa? —pregunté al incomodarme con su insistente mirada.
—Nada —su voz había cambiado, ahora lo notaba fría.
Que extraño es, pensé. Primero trata de coquetearme, me acompaña a la biblioteca, hace insinuaciones tontas, me da consejos, y luego se enoja.
Negué con la cabeza.
Lo mejor era seguir hasta la sala común, si eso era lo único que me apetecía en este momento, darme una ducha relajante, ponerme la pijama y dormir hasta el día siguiente.
Cuando empezamos a caminar, uno del lado de otro —claro que Malfoy ahora tenía una mirada de miedo— y yo solo quería que el camino se hiciera más corto. Pero pasaba todo lo contrario. De pronto un chico paso corriendo entre Malfoy y yo, sin darse cuenta de que me había hecho tirar los libros.
—Que niño —murmuré, mientras veía de que casa era el chico. Y cuando me agaché para recoger los libros, unas manos tan pálidas como la mías ya la estaban recogiendo. Pero en ese momento paso algo extraño, Malfoy levanto la mirada y se juntó con la mía, nos miramos como hipnotizados, no sé exactamente cuánto tiempo, pero ver sus orbes grises me confundió de sobremanera, era como si me estuviera viendo en un espejo, sus ojos eran iguales a los míos.
¿Qué está pasando?, me pregunté al sentir un sensación extraña en mi pecho.
Ninguno de los retiraba la mirada, él parecía analizarme y yo solo lo miraba con confusión, hasta que algo me hizo retirar a mi primero la mirada, más bien fue una sensación de que éramos observados, giré hacia atrás para descubrir a esa persona, pero no había nadie, absolutamente nadie. Quizás sería el niño que me hizo que se me cayeran los libros sin querer, pero al ver que ya Malfoy me ayudaba, se fue.
—Toma —la voz de Malfoy me hizo volver a prestarle atención.
—Eh…, gracias —susurré a la vez que tomaba los libros.
Malfoy se incorporó y yo hice lo mismo. Y esta vez reanudamos la caminata hasta nuestra sala común.
Cuando ya estábamos en la sala común, sin ni siquiera mirarlo subí corriendo a mi habitación. Tenía muchas cosas que pensar, y más sobre ese extraño suceso.

POV Draco
Luego de que “Ella” se fuera a su habitación, yo también hice lo mismo. Me tire en mi cama, y suspiré.
¿Qué me pasa?, ¿por qué me preocupo por ella?, si ni siquiera debería de importarme. Ella solo es una bastarda. Pero, ¿por qué? ¿Por qué me interesa todo lo que tenga que ver con ella?
¡Maldita sea! No me gusta sentir esto. Y lo peor de todo es que me puse a darle consejos, porque diablos hice eso; que me importa a mí si la bastarda se mete con Potter, y este la hace sufrir.
—Pero es mi hermana, debería importarme —susurré.
Negué con la cabeza al instante que tome conciencia de mis palabras.
—No, esa bastarda no es mi hermana, solo es eso, una bastarda, la cual no debió nacer —me recordé.
Mi madre sabrá de su existencia. No lo creo, mi madre con ese orgullo Black que tiene, no le perdonaría nunca una infidelidad a mi padre. Así que eso de que mi madre sepa la verdad está descartado.
Desaflojé y quite mi corbata, luego cerré los ojos intentando dormir —no me importa hacerlo con el resto del uniforme— pero apenas cerré los ojos, aparecieron unos ojos idénticos a los míos, eran los ojos de Cygnus.
—No, no —grité abriendo los ojos.
Porque tengo que ver esos ojos, esos malditos ojos que me recuerdan a la infidelidad de mi padre. ¿Cómo pudo mantenernos engañados a mi madre y a mí por tantos años? Es un maldito cretino.
Pero esos ojos, esos ojos, me quede como hipnotizados cuando pude apreciarlos con detenimiento.
Pero no, no pienso quedarme con los brazos cruzados, no pienso dejar que mi padre se salga con la suya, seguramente creía que cambiándole el apellido a su bastarda, podría mandarla a estudiar al mismo colegio que yo, y que nadie se daría cuenta, pues no, yo lo descubrí. Y ahora qué sé la verdad, juro que no descansaré hasta que esa bastarda o mi padre me cuenten la verdad, pero por lo pronto no dejaré de ponerlo en aprietos.
Sonreí, ya tenía un plan.
Haría que mi padre y su bastarda se encuentren, y yo estaré ahí para ver su reacción. Ahora solo falta encontrar un motivo para hacer que mi padre venga a Hogwarts.
—Prepárate padre y que también se prepare tu bastarda —murmuré.

POV Astoria
Esa Potter es una maldita, pero de ninguna manera dejaré que me quite a Draco. Él es mío, solo mío. Pero la forma en que se miraban, era como si estuvieran enamorados.
Tengo que estar muy alerta a cada movimiento de esa estúpida, no puedo permitir que ellos vuelvan a estar a solas. Tengo que buscar un aliado, pero ¿quién? Daphne, no. Lástima que no cuente con mi hermana para mantenerlos separados. Ella tiene metida en la cabeza la idea que yo sea feliz con otro hombre. ¿Qué acaso no entiende que Draco es mi vida?
—Ah, maldita —grité, no pudiendo contener mi ira, pero luego miré a los costados asegurándome que no hubiera nadie en los pasillos.
La odio, la odio con toda mi alma y más ahora que no me podía quitar de la cabeza la imagen de esa estúpida y Draco juntos. Los agachados mirándose fijamente a los ojos, no importándoles quien los pudiera ver. Yo ya no quise seguir viendo, pero seguramente que se habían besado. Draco nunca se había comportado de esa manera conmigo. Siempre fue muy reservado, frío, en cambio con esa, es distinto.
—Maldita, me las pagaras, juro que me las pagaras —dije con amargura.
—¿Quién te las pagara? —susurró una voz en mi oído.
Giré para ver quién era el que se metía en lo que no le importa. Para mi sorpresa era Blaise.
—Blaise —dije entre dientes.
Él sonrió.
—Mi querida Tori. Aun no me has contestado. ¿Quién te las pagara?
—No lo adivinas —ironicé.
—Creo tener una vaga idea, pero quiero escucharlo de tus propios y hermosos labios, para saber si acerté o no —volvió a sonreír.
—Potter, la maldita de Cygnus Potter —dije con amargura.
—Vaya, entonces si acerté.
—Esa maldita —gruñí.
Como se atrevía a meterse con lo que me pertenece. Draco es solo mío. Y juro por lo que más quiero que esa mosquita muerta no me quitara a Draco.
—¿Qué te hizo? —la voz de Blaise, me saco de mis pensamientos.
—Intenta seducir a Draco, y el muy idiota cada vez le presta más atención y a mí me deja de lado.
—Draco también es un maldito, desde un comienzo él sabía que Cygnus me interesaba, pero no, a él no le importo, y me la quito —miré a Blaise directamente, al escuchar con el odio con el que hablaba, parecía odiar a Draco tanto como yo odio a Potter.
—¿Qué quieres decir con eso de que te la quito? —pregunté con interés.
—Pues eso, cada vez que yo intentaba acercarme a Cygnus venia el idiota de Draco y la alejaba de mí, con sus comentarios estúpidos, y lo peor, fue que una vez casi la hago mía… y otra vez tuvo que aparecer Draco y la alejo de mí lado.
—¿Entonces, la niña esa te correspondía? —eso sí que me interesaba.
Blaise hizo un gesto de molestia.
—Bueno, corresponderme, corresponderme, la verdad no, pero con un poco de fuerza podría haber conseguido que Cygnus fuera mía.
—¿La quisiste violar? —pregunté.
—No la quise violar. Además a ese tipo de chicas le gusta la violencia, las excita y aunque digan que no, en verdad quieren decir sí.
Vaya esta información podría servirme de mucho.
—Así que tú quieres a la insulsa de Potter sea para ti… —él asintió—, y yo quiero a Draco solo para mí —lo miré seriamente—, creo que tú y yo tenemos algo en común, mi querido Blaise.
—Ya lo creo. Que te parece si hacemos un pacto —dijo Blaise.
—¿Qué clase de pacto? —pregunté.
—Separar a Cygnus de mi ex amigo —dijo fríamente Blaise.
Sonreí con maldad.
—Lo separaremos cueste lo que cueste, sin que nos importe lastimar a segundos —continué hablando.
—Entonces es un pacto —concluyó Blaise estirando su mano, y yo tome su mano sellando el pacto.
—Es un pacto —repetí, pero luego Blaise hizo algo que hace mucho tiempo no hacía.
Me besó apasionadamente.

POV Autora
Ya había pasado dos semanas desde el pacto de Astoria y Blaise, dos semanas desde que Draco no se podía quitar esos ojos tan idénticos a los suyos de la cabeza, dos semanas desde que Cygnus ya había cumplido con su castigo con Snape, pero ella aún seguía yendo a su oficina, pero para recibir clases extracurriculares.
Sí, ya habían pasado dos semanas y el ansiado partido de quidditch entre Gryffindor y Ravenclaw, por daría comenzó esa tarde de sábado.
Todos los estudiantes ya estaban sentados en las gradas, esperando que salieran los jugadores. Esta vez Ginny Weasley no jugaría en el equipo de Gryffindor debido a su estado, Harry ya había hablado con el director y la profesora McGonagall sobre su situación, y ellos habían aceptado que Ginny no participaría, claro que lo del embarazo no les cayó muy bien —sobre todo a McGonagall— pero ya no podían hacer nada, lo hecho, hecho estaba.
Hermione, Ginny, Neville y Luna —que había decidido sentarse con los Gryffindor, esta vez no sería comentarista— todos estaban expectantes. Ginny estaba intranquila por ratos se retorcía los dedos, luego se acariciaba el vientre o miraba para los costados impaciente.
—¿Qué pasa, Ginny? —le preguntó Hermione, que no había dejado de observarla.
—Nada… —la castaña la miró con más insistencia—, bueno, estoy un poco nerviosa…
—Eso es evidente —apuntó Luna.
—… como decía estoy nerviosa por mi reemplazante —Hermione negó con la cabeza, mientras Neville y Luna sonreían— ¿crees que juegue bien? ¿Habrá practicado lo suficiente? —preguntó.
—Ginny —empezó Neville—, creo que si Harry lo dejo jugar es porque está bien entrenado, sino se hubiera buscado a otro —terminó de manera amable.
—Exacto, Neville tiene razón, Ginny —afirmó Hermione—. No te preocupes, todo saldrá bien —le soba la espalda para que se tranquilizara.
—Sí, no te preocupes, Ginny, todo saldrá bien —dijo Luna y la pelirroja la miró—, yo solo espero que gane el mejor —sonrió.
—Lo siento, Luna, no es que quiera que gane Gryffindor… o bueno sí, pero… ¡ay! Ya no sé qué decir —dijo Ginny.
—No te preocupes, Ginny —repitió la rubia.
Por otro lado, Cygnus estaba sentada entre Theo y Draco, al lado del rubio estaba Astoria y Blaise —cosa que molestaba de sobre manera a Draco, porque no solo tenía a Astoria a su lado, sino que también estaba su ex amigo— al lado de Theo estaba sentada Pansy y Daphne, las cuales estaba un poco aburridas porque no le interesaban el quidditch, solo estaban ahí por acompañar a sus amigos.
—¿Quién creen que gane? —preguntó Theo, parecía emocionado.
—Tal vez los leones —contestó Draco, mirando al frente suyo a una castaña, que conversaba con Ginny.
Pansy y Theo miraron con sorpresa al rubio, en otros tiempos Draco hubiera preferido a Ravenclaw antes que a Gryffindor.
—Bueno, yo en realidad estoy en una disyuntiva —dijo Cygnus llamando la atención de Theo—, me gustaría que ganará Gryffindor, pero tampoco quiero que pierda los Ravenclaw. Así que solo espero que gane el mejor equipo —concluyó la rubia.
—¿El mejor equipo? —se burló Astoria—. Ambos equipos son escoria, son unos perdedores. La mejor casa de todos los tiempos es Slytherin.
—Astoria —la regañó su hermana, al notar el enojo de Cygnus.
Definitivamente Cygnus se enojó con el comentario de la castaña. ¿Cómo se atrevía a llamar escoria a las casas a las que pertenecían sus padres, sus tíos y algunos de sus primos? La escoria era ella. Tal vez aceptaba que defendiera a su casa, pero eso no la justificaba a que desacreditara a las otras casas.
—¡Dios mío, porque eres tan injusto! Porque no eres equitativo, y les das cerebro a todos, no solo a algunos —exclamó dramáticamente la rubia.
Draco y Theo rieron al instante, al igual que Pansy y hasta Daphne rió quedamente.
Astoria la miró con furia.
—¿Qué quieres decir con eso? —la cuestionó.
—¿Me hablas a mí? —dijo inocentemente la rubia, los ojos de Astoria parecían dagas envenenadas—, no sé a qué te refieres, yo solo hice un comentario, y no recuerdo haber mencionado tu nombre, ¿acaso te sentiste ofendida por algo? Porque si es así, lo siento —la disculpa que le dio a Astoria sonó más a burla que en verdad a unas disculpas sinceras.
Draco y Theo volvieron a reír.
Y esta vez Blaise también rió por lo último que dijo Cygnus.
—¿De qué te ríes, idiota? —le gruñó Astoria.
—De nada, de nada, no te sulfures —le susurró.
De pronto se escucharon aplausos y vítores.
—Miren ya salieron los jugadores —anunció Daphne tratando de que su hermana controle su mal humor.
Y efectivamente todos los jugadores ya estaban en el campo de juego, la señora Hooch estaba al medio de los dos equipos.
Harry Potter el capitán de Gryffindor y un chico castaño —del cual Cygnus no reconoció— era el capitán de Ravenclaw se dieron la mano.
—Montad en vuestras escobas —pidió la señora Hooch, y eso hicieron los jugadores. Luego se escuchó un pitido y todos los jugadores ya se elevaban.
Cygnus diviso a su padre y sonrió. Theo se percató de esa sonrisa y se sintió extraño, nunca había sentido algo parecido.
Tenía que ser Potter, pensaba Theo, todos lo quieren porque es el salvador del mundo mágico, y Cygnus no es la excepción. Pero que me pasa… acaso este sentimiento es lo que todos definen como ¿celos? Estoy celoso de Potter.
Y así el partido dio comienzo, estaba muy reñido ninguno de los dos equipos se dejaba apuntar goles. Ginny estaba ansiosa —“Como me gustaría estar jugando”, dijo en una ocasión— el juego siguió, hasta que Gryffindor logro meter una quaffle por el aro de Ravenclaw. Los leones celebraron con aplausos y silbidos.
Mientras tanto los dos buscadores están mirando atentamente a todas direcciones, esperando a que aparezca la tan apreciada snitch, pero todavía esta no se dejaba ver. Los minutos pasaron y los marcadores apuntaban 80 a favor de Gryffindor y 60 a favor de Ravenclaw.
Pero el ningún momento la snitch aparecía, hasta Harry dio media vuelta en su escoba y pudo ver algo dorado a la distancia, agarró bien el mango de su escoba y se fue directo hacía ella, sin que el otro buscador se haya percatado de nada.
Harry aún seguía a la snitch que volaba rápidamente. Para cuando el otro buscador se dio cuenta de la snitch, Harry ya había estirado su mano y la tomo, dando como terminado el partido.
Los aplausos no se hicieron esperar, Gryffindor había ganado.
Cuando todos ya estaban en tierra firme nuevamente, los leones bajaron corriendo de las gradas para felicitar a sus compañeros, y no solo los leones, también los Hufflepuff.
—¿Adónde vas? —le preguntó Theo a Cygnus, cuando la vio bajando las gradas.
—Pues a felicitar a Harry y a Ron por su triunfo —contestó la rubia, para luego acercarse a los leones.
Astoria rió.
Todos la miraron.
—Vaya, parece que esa Cygnus no es nada tonta, de cualquier forma quiere tener una acercamiento con Potter, parece que le gusta los hombres con fama, ¿no lo crees, Draco? —preguntó mordazmente.
Draco frunció el ceño.
—Eso no es cierto, Astoria —afirmó Theo, sintiendo nuevamente celos de Harry.
—Siempre supe que esa ‘muñequita’ no tenía nada de santa —dijo Blaise, escupiendo veneno.
—¡Cállate, Zabini! —siseó Draco.
—¿Qué pasa, amigo? —dijo sarcásticamente Blaise—, no me digas que creíste que Cygnus nunca te cambiaria, pero ya vez —señaló a la rubia que abrazaba a Harry—, mírala parece muy feliz con Potter. Igual que era feliz conmigo…
—¡Te dije que te callaras! —Draco se paró y lo cogió del cuello de la camisa del moreno.
—Draco, déjalo —se metió Daphne. Estaba confusa, ella nunca había vista a Draco y a Blaise pelearse y menos por una chica—. Déjalo —repitió la mayor de la Greengrass, mientras que la otra sonreía quedamente.
Draco soltó al moreno, y al pasar por su lado le dio un empujón.
Mientras tanto, Cygnus felicitaba a su padre y a su tío.
—Sabía que ganarían —les dijo.
—Eso también lo sabias porque vienes del futuro, dime ganaremos la copa —preguntó Ron, y la rubia se puso un dedo en la boca en señal de silencio.
—¡Ron! —advirtió Harry.
—Te podrían escuchar, tío Ron —le susurró.
—Lo siento —se disculpó el pelirrojo.
—¿Qué tanto se están secreteando? —preguntó Ginny. Y la rubia como toda respuesta le sonrió inocentemente a su madre del futuro.
—Nada, solo comentábamos el partido —mintió la chica.
Ginny entrecerró los ojos. Era obvio que no le creía, pero no replicó nada, porque estaba muy contenta de que Gryffindor ganara.
Se acercó a Harry y lo abrazo y beso la mejilla. Lo mismo hizo Luna cuando se acercó a Ron.
—Bueno, creo que nosotros vamos a ducharnos —dijo Harry—, luego nos vemos.
Y así los chicos se fueron a las duchas, mientras que las chicas se quedaron paradas al medio del campo.
—Hay que ir saliendo de aquí —dijo Hermione.
Dos rubias, una castaña y una pelirroja salían del campo. Cygnus iba al medio de sus dos madres.
—¿Y cómo te has sentido? —le preguntó Cygnus a Ginny.
Esta le sonrió.
—En realidad, muy bien —contestó, tocándose el vientre.
—Yo creo que esta semana ha sido de antojos —contó Hermione—, pude darme cuenta de que Harry iba muy seguido a las cocinas a altas horas de la noche.
—¿Y tú como lo sabes? —preguntó Luna.
—Porque me quedaba leyendo hasta muy tarde en la sala común y veía a Harry salir y entrar, pero creo que estaba todavía medio dormido porque ni cuenta se daba de mí presencia.
Las cuatro chicas rieron.
—Pobre de Harry, y esto que es su primer hijo —comentó Cygnus.
—¿Su primer hijo? —preguntó Ginny.
—Eh…, si digo, no creo que tengan solo uno, ¿no? —Cygnus trato de arreglar lo que dijo.
¡Ay, Dios mío! Yo y mi bocota, pensaba Cygnus.
Hermione rió.
—Claro, yo también creo que tendrán más hijos —dijo Hermione apoyando a su futura hija—. Yo creo que Harry es de los que les gustaría tener una familia grande, así que vete preparando, Ginny —bromeó.

***

Mientras tanto en el año 2016 —época actual— ahí también habían pasado dos semanas. Dos de las peores semanas para la familia Potter y Weasley.
Ginny Potter apuraba a sus dos últimos hijos.
—Vamos, Albus, Lily, ya bajen que se hace tarde.
—Ya vamos, mamá —se escuchó las voces desganadas de los chicos Potter.
Ninguno de los dos querían regresar a Hogwarts, no sin su hermana, lo mismo pasaba con Rose y Hugo —hijos de Ron y Luna—. Apenas aparecieron en la sala, su madre les sonrió para tranquilizarlos, pero ellos se dieron cuenta que esa sonrisa que mostraba no lo reflejaban sus ojos.
—¿En verdad tendremos que regresar a Hogwarts? —se atrevió a preguntar Lily.
—Ya hemos hablado de esto, Lily —contestó su padre saliendo de la cocina—, de nada servirá que ustedes dejen de ir al colegio.
—Pero… —empezó Albus, su madre negó con la cabeza.
—Vamos, Al, papá y mamá tienen razón —dijo James bajando las escaleras, sus hermanos lo miraron sorprendidos, esa era la primera vez que veían a James Sirius Potter hablar con seriedad.
La familia Potter salió en silencio de Grimmauld Place. Subieron al coche y siguieron en silencio hasta llegar a la plataforma 9 ¾, donde se encontraron con los Weasley.
—Bueno, ya es hora —dijo Harry a sus hijos—, espero que se comporten bien.
—Sí, papá —contestaron al unisonó.
—Espero este curso no recibir ningún citatorio —dijo Ginny.
Todos se despidieron de sus padres, y tíos, para luego subir al tren escarlata.
Fred se acercó a James.
—No tienen noticias, ¿cierto? —preguntó.
James negó con la cabeza, apesadumbrado.
—Nada, Fred, ni una maldita noticia —contestó frustrado—, mamá y papá, ya no son los mismos —agregó.
—Lo bueno es que nosotros ya terminamos nuestros estudios, así seremos de más utilidad —Fred trato de animar a su primo—. ¿Y Teddy? —preguntó luego.
—Ayer mando una carta a papá, dice que está bien y feliz en su luna de miel, y que dentro de una semana regresan.
—¿Él no sabe nada de lo Cygnus?
—No, ni papá ni mamá quieren que se enteren aun, ellos quieren que esté tranquilo en su luna de miel, además dicen que cuando regresen ya se enteraran —contestó el pelinegro.
—Pero se va enojar mucho cuando se entere, y peor que no le avisaron. Teddy quiere mucho a Cygnus y a Lily, recuerda que las ve como las hermanitas que nunca tuvo.
—Lo sé —susurró James.
—James —lo llamó Harry, él chico se acercó a su padre—, lleva a casa a tu madre, yo me tengo que ir al Ministerio.
—Está bien —contestó el chico—, ¿luego puedo ir al Ministerio? —preguntó.
—No lo creo nec…
—Vamos, papá, yo también podría ser de ayuda, además Cygnus no solo es tu hija, ella también es mi hermana —alegó.
Harry sonrió.
—Está bien, James —le palmeó la espalda y luego desapareció.

Dentro del tren…

Albus, Lily, y sus primos y primas, Rose, Hugo, las gemelas Molly y Lucy, Roxanne, Dominique y Louis caminaban por los pasadizos buscando dos compartimientos vacíos. Y sin querer Albus —que iba distraído— choco con alguien.
—Lo siento —murmuró.
—¿Lo siento? —repitió una voz siseante—, crees que empujar a mi hermana se resuelve con un patético “lo siento”.
Albus levanto la mirara y se encontró con dos chicos con poses de reyes. El chico tenía el cabello rubio oscuro, piel clara y con ojos verdes —pero esos ojos reflejaban petulancia y arrogancia, todo lo contrario con los ojos verdes de Albus, que reflejaban paz y tranquilidad— era ligeramente más alto que él, y la chica tenía el cabello castaño oscuro, piel clara, y tenía unos ojos verdes iguales a los de su hermano, en ambos par de ojos se veía reflejado lo mismo.
—Vaya, pero sí parece que me choque con un Potter —sonrió con burla mirándolo de pies a cabeza—, sí, mi madre me ha hablado mucho de los Potter.
—Oye, ¿qué te pasa? —le reclamó Roxanne—, no tienes ningún derecho a tratarlo así.
—Tú no te metas —siseó la chica castaña.
—Y por la pinta de todos los demás diría que son Weasley —siguió el rubio, y su hermana rió.
—Sí, somos Wesley, ¿y qué? —lo encaró Louis.
—Vaya, Potter, no sabía que fueras tan cobarde como para esperar que te defiendan otros —dijo despectivamente.
—Yo no necesito que nadie me defienda —contestó Albus, el cual tenía metida una mano en su bolsillo apunto de sacar su varita.
—Albus, no —dijo su hermana, sabiendo lo que haría su hermano—, no merece la pena. Vamos —lo instó.
Los hermanos rieron.
—Esto no se quedara así —siseó Albus. Esta actitud sorprendió a los hermanos, pues no esperaban escucharlo que los amenazará.
En cambio Lily y sus primos, ya estaban acostumbrados a esos cambios de humor de Albus, porque sabían que él solo actuaba de esa manera cuando estaba verdaderamente enojado.
—No te tengo miedo, Potter —dijo el chico rubio.
—Yo tampoco… —siseó Albus, esperando a que le dijeran su apellido.
—Malfoy, Orión Malfoy —dijo orgullosamente.
—Pues esto no se quedara así, Malfoy —después de esto dio media vuelta para salir por el otro lado, seguido de su hermana y sus primos.


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